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sobre Contamina
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Contamina aparece en el mapa casi pegada a Calatayud, en la actual Comunidad de Calatayud, dentro del valle medio del Jalón. Hoy viven aquí poco más de treinta personas, pero el lugar forma parte de una red de pequeños núcleos agrícolas que llevan siglos ocupando esta franja de terreno fértil entre sierras bajas y campos de cereal. El turismo en Contamina, si se puede llamar así, empieza entendiendo esa escala: un asentamiento mínimo que ha sobrevivido a despoblaciones, cambios agrícolas y a la cercanía de una ciudad histórica como Calatayud.
La zona estuvo habitada ya en época andalusí, cuando el valle del Jalón era una vía estratégica entre Zaragoza y el interior peninsular. Tras la conquista cristiana de Calatayud en el siglo XII, el territorio se reorganizó en pequeñas aldeas agrícolas vinculadas a la ciudad. Contamina debió de consolidarse entonces como núcleo de explotación agrícola. Durante siglos funcionó como un lugar de cultivo y paso, dependiente del mercado y de las instituciones de Calatayud.
El caserío actual responde a esa lógica rural. Calles cortas, trazado compacto y viviendas levantadas con mampostería, ladrillo y teja. No hay grandes edificios civiles ni restos monumentales. El pueblo creció poco y apenas cambió su estructura.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, ocupa el centro del núcleo. El edificio que se ve hoy parece resultado de reformas sucesivas, algo habitual en pueblos pequeños. Muchas parroquias de la zona fueron ampliadas o modificadas entre los siglos XVII y XVIII, cuando algunas comunidades rurales alcanzaron cierta estabilidad económica ligada al cereal y a la vid. Más que por su arquitectura, la iglesia importa por su función: durante generaciones fue el lugar donde se organizaba la vida colectiva.
Alrededor del pueblo se extiende un paisaje agrícola muy abierto. Predomina el cereal, con algunas parcelas de viñedo y zonas de monte bajo. Es el tipo de paisaje que caracteriza buena parte de la comarca: campos amplios, pocas masas de arbolado y caminos agrícolas que conectan unas explotaciones con otras.
Caminar por Contamina lleva poco tiempo. El interés está en fijarse en los detalles de la arquitectura rural que aún se conserva. Algunos portones de madera, corrales adosados a las casas y muros de piedra hablan de una economía doméstica basada en la agricultura y en pequeños animales de corral. Muchos pueblos de la zona han perdido ya esos elementos al reformar las viviendas.
La despoblación ha marcado el último siglo. Como en tantas aldeas de la Comunidad de Calatayud, gran parte de la población se marchó a partir de mediados del siglo XX hacia ciudades más grandes. El pueblo nunca desapareció del todo, pero quedó reducido a un núcleo muy pequeño que hoy se mantiene entre residentes permanentes y casas utilizadas en verano.
Las celebraciones patronales suelen concentrarse precisamente en esa época, cuando regresan familias vinculadas al pueblo. Son fiestas sencillas, muy ligadas a la parroquia y a la convivencia vecinal. En invierno el ritmo es otro: calles casi vacías y una vida cotidiana tranquila.
Desde el punto de vista práctico, Contamina se alcanza fácilmente desde la autovía A‑2 tomando el desvío hacia Calatayud y continuando por carreteras locales. Conviene llegar en coche. El pueblo se recorre en poco tiempo y suele visitarse como una parada breve dentro de una ruta por la comarca.
Si te interesa la historia rural del valle del Jalón, merece la pena observar cómo lugares tan pequeños siguen ocupando el territorio. Contamina ayuda a entender esa red de aldeas agrícolas que durante siglos sostuvo la economía de Calatayud y de toda la comarca. No hay monumentos grandes, pero sí una escala humana que explica bien cómo se ha vivido aquí.