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sobre Godojos
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A las once de la mañana, el sol ya calienta la piedra clara de las casas en Godojos. El aire huele a tomillo seco y a tierra. En la entrada, un tractor viejo está aparcado junto a un muro de mampostería, como si alguén hubiera interrumpido su trabajo hace media hora y fuera a volver en cualquier momento.
Situado en la Comunidad de Calatayud, a algo más de setecientos metros de altitud, Godojos reúne poco más de medio centenar de vecinos. El caserío se adapta a la pendiente con naturalidad: calles cortas, algunas con ligera cuesta, y casas de piedra o mampostería con tejados de teja curva. No hay monumentos que marquen una ruta concreta. El paseo consiste más bien en caminar despacio y fijarse en lo cotidiano: una puerta de madera gastada, un pequeño corral, un tractor aparcado junto a una fachada que ha visto muchos inviernos.
La iglesia y las calles del núcleo
La iglesia de San Miguel Arcángel se levanta en el centro del pueblo. Sus muros son robustos y la torre sobresale por encima de las casas, de modo que sirve casi de referencia cuando llegas por carretera. El edificio tiene origen antiguo y ha pasado por varias reformas, algo habitual en iglesias de pueblos pequeños que se han ido adaptando con el tiempo.
Alrededor, las calles dibujan un pequeño entramado que se recorre en poco tiempo. Algunas viviendas conservan portones anchos, pensados para carros o aperos, y no es raro ver patios interiores donde aún se guardan herramientas del campo. Conviene llevar calzado cómodo: hay tramos con pendiente y el pavimento cambia entre asfalto, hormigón y zonas más irregulares.
En los bordes del pueblo el paisaje se abre enseguida. Las parcelas de cereal y los viñedos ocupan buena parte del terreno cercano. Esta zona forma parte de la Denominación de Origen Calatayud, y las viñas trepan por laderas pedregosas donde el suelo claro contrasta con el verde oscuro de las cepas.
Caminos entre cereal y viña
Desde Godojos salen varios caminos agrícolas que permiten recorrer el entorno sin demasiada dificultad. Son pistas de tierra utilizadas por agricultores, así que conviene apartarse cuando pasa algún vehículo. A pie o con bicicleta de montaña se llega a pequeñas lomas desde las que el paisaje se despliega con bastante amplitud: campos rectangulares, manchas de encina dispersa y, a lo lejos, otros pueblos de la comarca.
En primavera el campo cambia mucho respecto al final del verano. Aparecen flores silvestres en los márgenes de los caminos y el verde dura unas semanas antes de que el calor vuelva todo más pardo. En los meses más calurosos el sol aprieta con fuerza a partir del mediodía; para caminar es mejor salir al amanecer o al atardecer.
Cuando cae la noche el cielo suele verse muy limpio. La iluminación del pueblo es mínima y, si te alejas unos metros por cualquier camino, aparecen muchas más estrellas de las que uno suele ver en ciudad.
Ritmo de pueblo pequeño
Con poco más de cincuenta habitantes, la vida aquí sigue un ritmo tranquilo. Durante el año hay días en los que apenas se ve movimiento por la calle y otros —sobre todo en verano o en fiestas— en los que el pueblo recupera más actividad con la llegada de familias que mantienen casa aquí.
Las celebraciones de San Miguel, hacia finales de septiembre, suelen ser el momento de reunión más importante del calendario local. Coinciden con la época de vendimia en la zona, cuando las conversaciones giran inevitablemente alrededor del estado de las uvas y del trabajo en el campo.
Llegar a Godojos
Desde Zaragoza se suele tomar la A‑2 hasta Calatayud y, desde allí, continuar por carreteras comarcales durante unos quince kilómetros. El último tramo discurre entre viñas y campos abiertos, con curvas suaves y poco tráfico.
Si se visita por primera vez, lo más cómodo es aparcar en la entrada del pueblo y recorrer el casco a pie. En menos de una hora se camina todo el núcleo urbano. En primavera y en otoño el paisaje tiene más contraste; en pleno verano las horas centrales del día son duras para pasear.