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sobre Maluenda
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A primera hora, cuando aún no pasa ningún coche por la carretera que bordea el pueblo, Maluenda suena a pasos y poco más. Alguna persiana se levanta. Desde la huerta llega olor a tierra mojada. El sol tarda en asomar por completo y la luz se queda un rato pegada a las fachadas de ladrillo.
El turismo en Maluenda ocurre así, despacio. El pueblo ronda los 900 habitantes y se reparte entre pequeñas lomas del valle del Jalón, dentro de la Comunidad de Calatayud. Alrededor hay viñas, parcelas de cereal y huertas que cambian mucho según el mes. En invierno el paisaje parece más seco; en otoño las cepas enrojecen y el valle gana profundidad.
La torre mudéjar de San Miguel
La torre de la iglesia de San Miguel Arcángel se ve desde casi cualquier entrada al pueblo. Es de ladrillo, alta y muy limpia en las líneas. Cuando la luz de la tarde le da de lado aparecen los relieves del trabajo mudéjar, con dibujos geométricos que cambian de tono según la hora.
El templo tiene origen medieval, aunque ha pasado por reformas con los siglos. Dentro suele reinar una penumbra tranquila. Retablos, madera oscura, olor a piedra fría incluso en días de calor.
Calles tranquilas y bodegas bajo la roca
El casco antiguo se recorre sin mapa. Calles estrechas, algunas en ligera cuesta. Puertas de madera gruesa, balcones de hierro que crujen cuando alguien sale a sacudir una alfombra.
En varios puntos del pueblo hay bodegas excavadas en la roca o bajo las casas. No siempre se ven a simple vista. A veces solo delata su presencia una pequeña puerta baja o una rejilla por donde sale aire fresco. La relación con el vino aquí viene de lejos y todavía forma parte del ritmo del campo.
El cerro del castillo
En lo alto de un cerro cercano quedan restos del antiguo castillo. No es un conjunto restaurado ni preparado como monumento grande. Son muros, fragmentos, piedras que resisten el viento.
El camino hasta arriba suele hacerse andando desde el propio pueblo. No es largo, aunque conviene llevar calzado cómodo porque el terreno tiene tramos de tierra suelta. Desde arriba se abre el valle del Jalón: campos largos, líneas de viña y, a lo lejos, las primeras sierras del Sistema Ibérico.
A última hora del día el aire suele moverse más allí arriba.
Viñas y vendimia en el valle
Los alrededores de Maluenda están llenos de parcelas de vid. En primavera brotan de golpe y el paisaje se vuelve muy verde durante unas semanas. Luego llega el verano seco y el polvo de los caminos.
El momento más vivo suele ser la vendimia, hacia comienzos de otoño. Todavía hay familias que recogen la uva con métodos tradicionales. En esos días el pueblo huele a mosto y a cajas de plástico llenas de racimos recién cortados.
La garnacha es una de las variedades más habituales en esta zona del valle.
Caminar entre pueblos
Desde Maluenda salen caminos agrícolas que enlazan con otros pueblos cercanos de la comarca. No son rutas señalizadas en todos los casos, pero muchos vecinos los usan para pasear o moverse entre parcelas.
El terreno es amable, con desniveles suaves. En otoño el suelo se cubre de hojas secas de las viñas y el paseo suena a crujido constante bajo las botas.
Conviene evitar las horas centrales en pleno verano. El sol cae fuerte y hay pocos tramos con sombra.
Cómo llegar y cuándo ir
Maluenda está cerca de Calatayud y a menos de 90 kilómetros de Zaragoza. Lo más habitual es llegar en coche por carretera comarcal tras pasar por Calatayud. El acceso es sencillo y se puede aparcar sin demasiada complicación en las calles exteriores.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. En verano el calor aprieta a mediodía. Si vienes en vendimia, a finales de septiembre o principios de octubre, el valle cambia de color y el pueblo tiene más movimiento del habitual.