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sobre Monterde
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Hay pueblos que parecen diseñados para que bajes el ritmo sin darte cuenta. Aparcas el coche, das dos pasos, y ya vas más despacio. El turismo en Monterde tiene bastante de eso. No porque haya grandes cosas que ver, sino porque el sitio te coloca en otro ritmo.
Monterde está en la comarca de Calatayud, en Aragón, con unos 143 vecinos censados. Un núcleo pequeño, de los que todavía viven mirando al campo que lo rodea. A casi 800 metros de altitud y lejos de carreteras grandes, el pueblo mantiene esa sensación de lugar que sigue funcionando a su manera.
Llegar y la primera vuelta por el pueblo
Cuando entras en Monterde no hay un “punto panorámico” ni una calle estrella. Simplemente llegas, aparcas donde puedas y empiezas a caminar.
Las calles son estrechas, con casas de ladrillo, yeso y madera. Algunas tienen portones grandes, de cuando las cuadras y los corrales formaban parte de la vida diaria. Si te fijas, muchos balcones siguen con hierro forjado antiguo y puertas que parecen llevar ahí medio siglo sin cambiar.
Es el típico sitio donde la mejor forma de entenderlo es dar una vuelta sin mapa. En veinte minutos ya te orientas.
La iglesia de San Bartolomé
La iglesia parroquial, dedicada a San Bartolomé, sobresale por encima de las casas. No es un edificio recargado. Más bien lo contrario.
Muros gruesos, líneas sencillas y una torre que se ve desde casi cualquier punto del casco urbano. Dentro todo sigue esa misma lógica: paredes claras, luz entrando por ventanas discretas y una sensación de espacio tranquilo.
No es un templo que impresione por tamaño. Pero encaja con el pueblo como una pieza más del paisaje.
El paisaje alrededor de Monterde
El entorno de Monterde es campo abierto. Cereal, algo de viña y zonas de monte bajo que cambian de color según la época del año.
No esperes grandes cañones ni miradores espectaculares. Es más bien ese paisaje agrícola de la Comunidad de Calatayud que se entiende mejor caminándolo despacio. Desde algunos cerros cercanos se ve bien el valle y la disposición de los cultivos.
Hay caminos agrícolas que salen del propio pueblo. Muchos se usaban para acceder a fincas y todavía se pueden recorrer andando. A veces pasas junto a muros de piedra seca o parcelas abandonadas que cuentan bastante sobre cómo se trabajaba aquí hace décadas.
Conviene mirar el mapa antes de salir. Algunas cuestas parecen suaves desde lejos y luego tienen más pendiente de la que pensabas.
Fiestas y momentos en que el pueblo cambia
Durante buena parte del año Monterde es tranquilo. Muy tranquilo.
Pero hay días en que el ambiente cambia. En invierno suele celebrarse la festividad de San Antonio Abad, con hogueras y actos relacionados con los animales, una tradición bastante extendida en pueblos agrícolas.
En verano llegan las fiestas dedicadas a San Bartolomé. Es cuando regresan vecinos que viven fuera y la plaza se llena más de lo habitual. Misas, música y comidas populares que alargan la actividad hasta la noche.
Si visitas el pueblo en esas fechas lo verás en su versión más animada.
Cuándo ir y qué esperar
Desde Zaragoza el viaje se hace por carreteras secundarias y lleva algo más de una hora larga, dependiendo del camino que tomes.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. En verano el calor aprieta bastante en las horas centrales, así que toca madrugar o salir cuando cae el sol.
Monterde no es un destino de pasar todo el fin de semana haciendo planes. Es más bien una parada tranquila en la zona de Calatayud. Das un paseo, miras el paisaje, te sientas un rato en la plaza y sigues ruta.
A veces eso es justo lo que apetece. Un pueblo pequeño, sin mucho ruido, donde el campo sigue marcando el ritmo.