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sobre Monton
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Salir de Zaragoza y llegar a Montón en coche es tan sencillo como seguir la A-2 hacia Calatayud y desviarse después por una carretera secundaria. En unos 80 kilómetros el paisaje cambia bastante: del tráfico y las naves industriales pasas a un mosaico de campos de cereal, algo de olivo y lomas suaves. Cuando entras en Montón, da la sensación de que el pueblo se ha quedado donde siempre estuvo, viviendo sobre todo de lo mismo de toda la vida: la tierra. El núcleo es pequeño, bastante compacto, con casas de piedra, corrales y construcciones agrícolas desperdigadas por la ladera.
Un pueblo pequeño que sigue a su ritmo
Montón no es ese tipo de sitio que se haya preparado para recibir visitantes. De hecho, lo primero que llama la atención es lo normal que es todo. Casas reformadas al lado de otras que llevan décadas igual, puertas de madera ya algo torcidas y calles estrechas que suben y bajan sin mucho orden.
En el centro aparece la iglesia parroquial dedicada a la Virgen del Carmen. Es sencilla, de fachada clara, y funciona un poco como punto de referencia cuando te orientas por el pueblo. Desde allí salen varias callejuelas donde todavía se ven portones grandes que antes daban paso a corrales o almacenes agrícolas.
Si te gusta fijarte en los detalles, hay bastantes: alguna bodega excavada en la roca, muros de piedra seca y construcciones pequeñas que recuerdan que aquí casi todo ha girado siempre alrededor del campo.
Caminar por los alrededores sin complicarse
Pasear por Montón tiene algo de paseo sin plan. No hay rutas señalizadas ni carteles explicando nada. Sales por cualquiera de los caminos que parten del pueblo y, en pocos minutos, ya estás entre campos.
Lo normal es encontrar pistas agrícolas que usan los vecinos para trabajar las parcelas. No hace falta hacer grandes caminatas: con alejarte un poco del casco ya se ve bien cómo se organizan las lomas de alrededor, casi siempre cubiertas de cereal.
Si dudas con algún camino, lo más práctico suele ser preguntar a alguien del pueblo. En sitios tan pequeños la gente sabe perfectamente qué sendero lleva a tal campo o a tal loma.
El paisaje de la Comunidad de Calatayud alrededor
El paisaje aquí cambia mucho según la época del año. En primavera el cereal está verde y cubre las lomas como una alfombra irregular. A finales de verano y en otoño el color se vuelve más ocre y el terreno parece más seco.
No hay miradores construidos ni nada parecido. Los “miradores”, por llamarlos de alguna manera, son los propios caminos que salen del pueblo hacia las colinas cercanas. Subes un poco y ya tienes delante ese paisaje abierto tan típico de la Comunidad de Calatayud, con parcelas grandes y caminos de tierra dibujando líneas rectas.
Al atardecer, cuando baja el sol, el campo suele coger unos tonos bastante bonitos. Es uno de esos momentos tranquilos que en un pueblo tan pequeño se notan más.
Comer aquí: más de casa que de restaurante
En Montón la comida sigue siendo muy de casa. Platos contundentes, pensados para jornadas de trabajo largas: migas, guisos con cordero, verduras de temporada y embutidos que muchas familias todavía preparan como se ha hecho siempre.
No es un pueblo al que venir pensando en restaurantes o bares con carta larga. Lo habitual, si pasas tiempo aquí, es comer en casa o arreglarse con lo que haya en pequeños comercios de la zona.
Las fiestas del pueblo
La fecha más señalada suele ser el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen. Se organizan actos religiosos y algo de fiesta en el pueblo, normalmente con participación de vecinos y gente que vuelve esos días aunque viva fuera.
Al final del verano también suelen celebrarse las fiestas patronales, con actividades sencillas, música y reuniones en la plaza. En pueblos de este tamaño, más que grandes eventos, lo que se nota es el ambiente: familias que regresan unos días y el pueblo con más movimiento de lo habitual.
Cuándo acercarse a Montón
Montón está a menos de una hora en coche desde Zaragoza. Lo práctico es venir en coche propio, porque el transporte público por esta zona es bastante limitado y los accesos finales son carreteras locales.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para acercarse: el campo está más vivo y las temperaturas acompañan para caminar un rato. En verano el calor aprieta bastante y en invierno el viento y el frío de esta parte de Aragón se hacen notar.
Montón, al final, es uno de esos pueblos pequeños de la comarca donde no pasa gran cosa… y precisamente por eso mantiene su forma de vida bastante intacta. Vienes, das una vuelta, te asomas a los campos de alrededor y entiendes rápido de qué va el lugar. A veces con eso basta.