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sobre Villalengua
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A primera hora, cuando el sol todavía llega raso desde el este, la silueta de la iglesia de la Asunción aparece recortada sobre los tejados bajos del pueblo. Algún gallo suena en la distancia y el suelo cruje bajo los pasos porque la tierra aquí suele estar seca casi todo el año. Ese momento temprano explica bastante bien cómo es el turismo en Villalengua: pocas cosas que “hacer” y bastante que observar si uno llega sin prisa.
Villalengua es un municipio pequeño de la Comunidad de Calatayud, en el interior de Aragón, con apenas unos cientos de vecinos. El caserío se recoge en torno a unas cuantas calles rectas y tranquilas, con fachadas de piedra, ladrillo y cal que han ido cambiando con los años pero conservan el aire de los pueblos agrícolas de esta parte de la provincia de Zaragoza. Alrededor, lo que domina son los campos abiertos.
El perfil del pueblo
La torre de la iglesia marca el punto más visible cuando te acercas por carretera. El edificio actual se asocia normalmente a etapas constructivas de la Edad Moderna, aunque como ocurre en muchos pueblos de la zona, lo que vemos hoy es el resultado de reformas y arreglos acumulados durante siglos.
Las calles no tienen grandes pendientes y se recorren en poco tiempo. Aun así, conviene caminar despacio. En algunas puertas quedan aldabas gastadas por el uso, en otras se ven bancos bajos donde los vecinos suelen sentarse cuando el calor de la tarde empieza a bajar. Los muros mezclan piedra irregular con ladrillo y revocos que el sol ha ido apagando.
Campos abiertos alrededor
En cuanto sales del núcleo urbano el paisaje se abre. Predominan los cultivos de cereal, con parcelas amplias donde el viento se nota más que dentro del pueblo. En primavera el verde cubre casi todo; a mediados de verano el color vira hacia los ocres y el aire huele a paja seca.
Hay muchos caminos agrícolas que salen de Villalengua en distintas direcciones. No están pensados como rutas señalizadas, pero se pueden recorrer andando o en bicicleta si se tiene un poco de orientación. A primera hora de la mañana o al atardecer la luz cae muy baja sobre los campos y aparecen bandadas de aves moviéndose entre las parcelas.
Si vienes en pleno verano, mejor evitar las horas centrales del día: apenas hay sombra fuera del casco urbano y el calor aprieta.
Ritmo agrícola
La vida del pueblo sigue bastante ligada al calendario del campo. A finales de verano suele notarse más movimiento por la vendimia en la zona: tractores, remolques y gente entrando y saliendo de los caminos que rodean el municipio. No es un espectáculo preparado, simplemente trabajo diario que se ve pasar.
También es habitual que en otoño el paisaje cambie rápido. Las mañanas empiezan frías, el aire huele a tierra removida y a leña en algunos puntos del pueblo cuando empiezan a encenderse las estufas.
Fiestas y momentos del año
Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera durante el resto del año. El ambiente cambia unos días: más gente por las calles al caer la noche, música en la plaza y encuentros entre familias que se ven poco durante el invierno.
En Semana Santa el tono es más tranquilo. Y en Navidad el pueblo queda casi en silencio, con luces discretas en algunas casas y poco movimiento más allá de las reuniones familiares.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Villalengua está a poca distancia de Calatayud, que funciona como la referencia más cercana para servicios y transporte. Desde Zaragoza capital el trayecto ronda la hora larga por carretera, primero por autovía y después por vías comarcales que atraviesan campos abiertos.
Si te interesa ver el pueblo con algo de vida, el verano suele concentrar más ambiente. Si prefieres caminar por los alrededores con calma y sin calor fuerte, la primavera y el principio del otoño funcionan mejor. En invierno los días son cortos y el viento puede ser duro en campo abierto.