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sobre Cedrillas
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Hace unos años, conduciendo por la carretera que sube desde Teruel hacia las sierras del norte, apareció el desvío a Cedrillas. Ya sabes ese tipo de sitio que ves desde el coche y piensas: “aquí arriba tiene que pegar un frío serio en invierno”. Pues algo de eso hay. Está alto, bastante expuesto al viento, y el paisaje alrededor deja claro que la montaña manda.
Con unos 650 habitantes y a más de 1.300 metros de altitud, Cedrillas forma parte de esa red de pueblos de la Comunidad de Teruel donde la vida sigue muy ligada al campo. Ganadería, algo de agricultura y muchas casas que miran a la sierra. No es un lugar con grandes reclamos ni con un casco monumental de los que llenan guías, pero sirve bien para entender cómo es esta parte de Aragón: pueblos pequeños, clima duro y bastante espacio entre uno y otro.
El casco urbano es compacto, con calles que suben y bajan sin demasiada ceremonia. Mucha piedra, tejados inclinados y fachadas que se han ido adaptando con los años. No es un decorado histórico congelado; es un pueblo donde la gente sigue viviendo todo el año.
Qué ver al pasear por el pueblo
La referencia más clara es la iglesia parroquial de Santa María, que sobresale entre las casas. El edificio actual tiene origen medieval, aunque con reformas posteriores bastante visibles. Por fuera es sobrio, como suele pasar en muchos pueblos de la sierra. Si coincide que está abierta, dentro hay algunos retablos y piezas de madera que merecen un vistazo rápido.
Luego lo mejor es simplemente caminar. Calle Mayor, algunas travesías que suben hacia la parte alta y pequeñas plazas donde suele haber bancos y sombra. En las fachadas todavía se ven portones grandes —pensados para corrales o almacenes— y balcones de hierro que miran a la calle estrecha. Son detalles que cuentan bastante del pasado ganadero del pueblo.
Lo bueno es que Cedrillas se recorre sin prisa en poco tiempo. Una vuelta tranquila, un par de desvíos por calles secundarias y ya te haces una idea clara de cómo funciona el sitio.
La sierra alrededor de Cedrillas
Donde el pueblo gana interés es en el entorno. Cedrillas está cerca de varias sierras que forman parte del sistema Ibérico turolense, con pinares, sabinas y bastante terreno abierto.
Uno de los nombres que aparecen en los mapas de la zona es la sierra de San Ginés. No esperes rutas señalizadas cada pocos metros ni infraestructuras de parque natural. Aquí lo habitual son pistas forestales, caminos de ganado y sendas que usan los vecinos. Con un mapa o un GPS sencillo se pueden hacer caminatas tranquilas entre pinos, con bastante silencio alrededor.
En días claros, desde las partes altas se ven bien las lomas de la comarca y esa sensación de espacio típico de Teruel: montes redondeados, barrancos y mucho cielo.
Setas, frío y monte
Si te gusta salir al monte en otoño, la zona suele atraer a bastante gente cuando llegan las lluvias. Los pinares de la comarca son conocidos por la presencia de níscalos y otros hongos, aunque conviene ir con conocimiento o acompañado de alguien que sepa distinguir especies.
El invierno aquí es otra historia. La altitud se nota y la nieve no es rara algunos años. Cuando eso pasa, el pueblo cambia bastante: calles tranquilas, humo saliendo de chimeneas y poca gente fuera más allá de lo necesario.
Fiestas y vida del pueblo
Las fiestas patronales de agosto, alrededor de Santa María, son el momento en que Cedrillas se llena más. Vuelve gente que vive fuera y se organizan actos tradicionales, música y actividades en la plaza y el frontón. Como en muchos pueblos de Teruel, esas fechas mezclan celebraciones religiosas con encuentros bastante informales entre vecinos y familias.
El resto del año el ritmo es mucho más calmado, marcado por el trabajo del campo y por el invierno largo de la sierra.
Cómo llegar a Cedrillas
Desde Teruel capital hay unos 30 kilómetros. Lo habitual es subir por la carretera que atraviesa pueblos pequeños de la sierra y va ganando altura poco a poco. Es una ruta cómoda en coche, aunque en invierno conviene mirar el tiempo porque el hielo o la nieve pueden aparecer.
Llegas a Cedrillas casi sin darte cuenta: una curva, unas cuantas casas en alto y el paisaje abierto alrededor.
Al final, visitar Cedrillas se parece un poco a parar en mitad de una ruta de montaña para estirar las piernas. No es un lugar lleno de atracciones ni de monumentos llamativos. Pero si te gustan los pueblos de sierra tal y como son —con viento, silencio y monte alrededor— tiene su gracia dedicarle una vuelta.