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sobre Mosqueruela
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Mosqueruela es como ese primo que vive en el pueblo y al que solo ves en bodas: sabes que está ahí todo el año, pero solo te acuerdas cuando alguien lo menciona. A casi 1.500 metros de altitud, en plena sierra de Gúdar, este rincón de Teruel lleva siglos exactamente en el mismo sitio, haciendo su vida a su ritmo. Y eso, en tiempos de prisa constante, tiene bastante mérito.
El pueblo que se niega a desaparecer
Llegar a Mosqueruela tiene su pequeña liturgia: curvas, pinares, tramos donde parece que el coche va subiendo hacia ninguna parte… y de pronto aparece el pueblo.
Lo primero que ves es la muralla. No es de esas que te hacen pensar en una superproducción medieval, pero cumple su papel: recuerda que aquí hubo que protegerse en serio. Cuando atraviesas las puertas y entras al casco histórico, la sensación cambia bastante. Calles de piedra, casas pegadas unas a otras como si se estuvieran resguardando del frío y ese silencio que en los pueblos de montaña aparece en cuanto te alejas dos calles de la plaza.
La plaza mayor es pequeña, recogida, muy de vida cotidiana. El ayuntamiento, levantado en el siglo XVII, domina el conjunto con esa fachada de piedra que parece hecha para durar otros cuatrocientos años más. A pocos pasos está la iglesia de la Asunción. Empezó a levantarse en época gótica y con el tiempo se le fueron añadiendo capas renacentistas y barrocas. Como muchas iglesias de la zona, es un pequeño resumen de siglos de historia acumulados.
Historias de caza y viejos palacios
En Mosqueruela todavía se habla del palacio vinculado a Jaime I. La tradición local cuenta que el rey utilizaba esta zona como lugar de caza cuando se movía por el Maestrazgo. Hoy el edificio sigue en pie, aunque con ese aire de caserón antiguo que han ido adaptando los siglos. No es un palacio de cuento, pero tiene ese peso histórico que hace que uno se detenga a mirarlo un rato.
A las afueras está el llamado castillo del Mallo. Hoy quedan restos y el emplazamiento, más que una fortaleza completa. Aun así, subir hasta allí tiene sentido por las vistas: barrancos, pinares y esa sensación de amplitud que tienen estas sierras. Cuando estás arriba te preguntas cómo se organizaban para construir algo en un sitio así hace tantos siglos.
Un archivo que guarda siglos de papeles
Una de las curiosidades de Mosqueruela es su archivo histórico. Conserva documentación medieval bastante bien preservada, algo poco habitual en pueblos pequeños. Investigadores y gente que trabaja con historia local suelen mencionarlo porque reúne pergaminos y registros de muchos siglos.
No es algo que vayas a ver como quien entra a un museo, pero saber que esos papeles siguen aquí —en un pueblo de poco más de quinientos habitantes— tiene su gracia. Es como si el lugar hubiera decidido guardar memoria de todo lo que ha pasado alrededor.
Cuando el pueblo se llena un poco más
Durante buena parte del año Mosqueruela es tranquilo. Muy tranquilo. Pero hay momentos en los que el pueblo cambia de ritmo.
A finales de abril suelen celebrarse las fiestas de San Pedro, cuando regresan muchos de los que tienen familia aquí aunque vivan fuera. En primavera también se organiza la romería a la Virgen de la Estrella, bastante conocida en la zona. Y hacia septiembre la feria ganadera vuelve a reunir a gente de pueblos cercanos.
No es una avalancha de turistas. Más bien un reencuentro de vecinos, familiares y curiosos que se acercan a ver cómo sigue funcionando la vida en estos pueblos de montaña.
Mi consejo: ven en otoño
A mí Mosqueruela me gusta especialmente en otoño. Los pinares huelen más, el aire es limpio de verdad y el pueblo se mueve despacio. Llegas, aparcas sin dramas, das una vuelta por las calles del casco antiguo y acabas sentado en la plaza viendo pasar la tarde.
En un par de horas puedes recorrer el núcleo histórico con calma. Si te apetece alargar la visita, el paseo hasta el castillo del Mallo está señalizado y no es complicado. Conviene llevar agua o algo de comer, porque aquí los horarios son los del pueblo, no los de ciudad.
Desde Mosqueruela también salen carreteras que enlazan con otros pueblos de la sierra: Nogueruelas, Puertomingalvo o Valdelinares quedan relativamente cerca. Es el típico plan de ir enlazando paradas sin prisa.
Mosqueruela no intenta impresionar a nadie. Es un pueblo de montaña que sigue funcionando como tal: inviernos largos, vecinos que se conocen todos y una vida bastante tranquila. Y quizá ahí esté su gracia. Pasas unas horas, te marchas, y durante el camino de vuelta te preguntas cómo será vivir aquí cuando llegue enero y la sierra se quede en silencio otra vez.