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sobre San Agustín
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A primera hora de la mañana, en una de las calles de tierra que conectan las pocas casas del núcleo, el silencio todavía pesa un poco. La luz cae de lado sobre las paredes de piedra clara y en el aire queda ese olor a leña apagada que suele quedarse en los pueblos de sierra. San Agustín, en la comarca de Gúdar-Javalambre, vive lejos del ruido de las rutas más transitadas. Con unos 132 habitantes, aquí el día sigue marcado por el campo, el frío del invierno y los veranos cortos.
El pueblo se asienta cerca de los mil metros de altitud, rodeado por lomas suaves y terreno calizo que a ratos aparece desnudo entre el pinar. Hacia el norte se intuye la Sierra de Gúdar, y cuando el cielo está limpio la vista se abre bastante más de lo que uno espera en un municipio tan pequeño. Las casas se agrupan alrededor de la iglesia parroquial, una construcción sencilla con su torre de campanas, y de una plaza donde aún se juntan los vecinos a charlar cuando cae la tarde.
Las viviendas mantienen la arquitectura que se repite en muchos pueblos de esta parte de Teruel: muros gruesos de piedra, tejados inclinados con teja árabe y balcones de madera que en verano suelen llenarse de macetas. Algunas puertas son bajas, pensadas para guardar el calor dentro en invierno. En pocos minutos se recorren las calles principales, pero conviene hacerlo despacio; en las fachadas aparecen marcas del tiempo, reparaciones hechas con calma y portones antiguos que todavía se usan a diario.
Caminar por el entorno de la Sierra de Gúdar
El mayor interés de San Agustín está en lo que lo rodea. Desde el propio pueblo salen caminos que se internan en pinares y zonas donde aparecen robles dispersos. En otoño el monte cambia de color durante unas pocas semanas: ocres, marrones húmedos y el verde oscuro de los pinos.
El terreno calizo también forma pequeñas cuevas y simas en algunos puntos de la sierra. Algunas han sido exploradas por gente de la zona interesada en la espeleología. Si se quiere acercar a alguna, conviene informarse antes en la comarca o en el propio pueblo sobre el estado del acceso.
Al caminar por estos montes no es raro ver rastros de fauna —huellas en el barro, excrementos recientes— aunque los animales casi siempre se mantienen lejos. Con algo de paciencia se pueden ver buitres leonados aprovechando las corrientes o, más raramente, alguna rapaz grande planeando sobre las laderas. El sonido más constante suele ser el de los carboneros y otros pájaros pequeños moviéndose entre los pinos.
Comida de sierra y temporada de setas
La cocina de la zona sigue siendo la de siempre: platos contundentes pensados para el frío. El cordero asado aparece con frecuencia en reuniones familiares y celebraciones, junto con embutidos y quesos elaborados con leche de oveja o cabra.
Cuando llega el otoño, los montes cercanos se llenan de gente buscando setas. Los níscalos son habituales en los pinares, y también aparecen otras variedades que aquí se conocen bien desde hace generaciones. Si no se tiene experiencia, es mejor ir con alguien que sepa distinguirlas; cada año hay advertencias por confusiones.
Invierno en el altiplano
En invierno el frío se nota de verdad. Las heladas son habituales y algunas nevadas cubren los montes cercanos. San Agustín funciona entonces más como punto tranquilo donde pasar la noche antes de subir hacia cotas más altas de la sierra, donde algunas personas practican esquí de fondo o salen con raquetas cuando la nieve lo permite.
Si vienes en esa época, conviene revisar el estado de las carreteras y llevar el coche preparado para frío y hielo.
Fiestas que reúnen a los que vuelven
La fiesta mayor suele celebrarse a finales de agosto, cuando el pueblo se llena de gente que mantiene aquí la casa familiar aunque viva el resto del año fuera. Durante esos días hay procesiones, música tradicional y comidas largas en la plaza o en las peñas.
El resto del año la vida es mucho más tranquila. En diciembre, por ejemplo, la Navidad se celebra sobre todo en casas particulares, con dulces caseros y sobremesas largas. A veces la Nochevieja termina en una pequeña verbena organizada por los propios vecinos.
Cómo llegar a San Agustín
Desde Teruel capital hay alrededor de 75 kilómetros. El acceso se hace por carreteras secundarias que atraviesan campos y pinares antes de subir hacia esta parte de la sierra. El último tramo requiere conducir con calma, sobre todo si ha llovido o nevado.
No hay grandes paneles turísticos ni infraestructuras pensadas para visitantes. Lo que hay son caminos, monte y un pueblo pequeño que sigue funcionando a su ritmo. Quien llegue hasta San Agustín suele hacerlo por eso mismo.