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sobre Murillo de Gállego
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Murillo de Gállego se sitúa en la parte norte de la Hoya de Huesca, en la transición hacia el Prepirineo. El pueblo se asienta sobre una pequeña elevación que domina el valle del río Gállego y, sobre todo, mira de frente a los Mallos de Riglos, esas paredes rojizas que marcan todo el paisaje de esta zona. Con unos 190 habitantes, el núcleo mantiene una escala muy contenida y una relación bastante directa con el entorno agrícola y el río.
La forma del pueblo responde bastante a esa posición elevada: calles que suben hacia la parte alta y casas de piedra agrupadas alrededor de la iglesia. Durante siglos el valle fue zona de paso entre la llanura de Huesca y los valles pirenaicos, algo que explica la presencia de caminos antiguos y pequeñas infraestructuras ligadas al río. Hoy la agricultura sigue presente en los alrededores, con campos que se extienden hacia el fondo del valle.
El pueblo y las vistas sobre los mallos
La iglesia parroquial ocupa el punto más visible del casco urbano. El edificio actual es fruto de varias etapas constructivas —algo habitual en los pueblos de esta zona— y conserva elementos que apuntan a un origen medieval, aunque muy transformado con el tiempo. Más que por su tamaño, llama la atención su posición: desde el entorno de la iglesia se abre una de las mejores perspectivas sobre el valle del Gállego.
Murillo es también uno de los lugares desde donde se entienden bien los Mallos de Riglos. Estas formaciones de conglomerado, levantadas casi en vertical sobre el paisaje, cambian mucho según la luz del día. A primera hora suelen verse más apagadas; al atardecer, en cambio, el color rojizo de la roca se acentúa bastante.
En los cortados y paredes cercanas es habitual ver grandes aves planeando. Buitres leonados y otras rapaces aprovechan las corrientes térmicas que se forman en torno a los mallos y el valle.
Caminos y actividades en el entorno
Desde el propio pueblo salen varios senderos que conectan con caminos tradicionales del entorno. Algunos descienden hacia el río y otros recorren las laderas que miran al valle. No son rutas largas si se comparan con las del Pirineo, pero el terreno tiene desnivel y conviene ir con calzado adecuado.
El río Gállego ha dado a Murillo otra actividad más reciente. Este tramo del río es conocido por el descenso de aguas bravas, y en temporada es frecuente ver balsas de rafting bajando por el valle. También se practica kayak y, en las paredes cercanas, escalada.
Cocina de la zona
La cocina que se encuentra por aquí responde bastante a lo que se come en buena parte del interior de Aragón: platos contundentes y productos sencillos. Migas, guisos de cuchara y carnes asadas forman parte de ese repertorio que aparece sobre todo en fines de semana o celebraciones. El ternasco y los productos de huerta de la comarca siguen teniendo peso en muchas mesas.
Fiestas y vida del pueblo
Como ocurre en muchos pueblos pequeños, la población aumenta en verano. Es entonces cuando suelen celebrarse las fiestas patronales, momento en el que regresan vecinos que viven fuera y el ambiente cambia bastante durante unos días.
El resto del año Murillo es tranquilo. Se recorre caminando en poco tiempo, y buena parte de su interés está en detenerse en los miradores naturales del propio casco urbano o en bajar hacia el valle para ver el pueblo y los mallos desde abajo. Si se llega en coche, lo más práctico suele ser dejarlo en la entrada y continuar a pie por las calles del núcleo antiguo.