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sobre Canfranc
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A primera hora, cuando el valle todavía está medio en sombra, la estación internacional de Canfranc aparece como una fachada larguísima de ventanales y tejados de pizarra. El turismo en Canfranc suele empezar aquí, en ese edificio desmesurado para un pueblo pequeño, con los andenes todavía tranquilos y el sonido del río Aragón llegando desde abajo. La estación vivió décadas de abandono y ahora se ha ido recuperando poco a poco. Algunas partes pueden visitarse, aunque conviene informarse antes porque el acceso suele depender de horarios concretos o de visitas organizadas.
Dentro, la luz entra muy limpia por las ventanas altas y rebota en las columnas y en los suelos claros. Incluso cuando hay gente, el espacio sigue teniendo algo de eco ferroviario: pasos que resuenan, conversaciones que suben hasta el techo.
Canfranc Pueblo, piedra junto al río
Un par de kilómetros más abajo está Canfranc Pueblo, el núcleo antiguo. Las casas se agrupan alrededor del río y de la carretera que cruza el valle hacia el puerto del Somport. Aquí la escala cambia: calles estrechas, muros de piedra oscura y balcones de madera que en verano suelen llenarse de geranios.
La iglesia de la Asunción se levanta en el centro, sólida y bastante sobria, como muchas del Pirineo aragonés. Muy cerca aparece uno de los elementos más fotografiados del pueblo: el puente medieval sobre el Aragón. El agua pasa rápida, incluso en verano, y en días de deshielo se oye desde bastante lejos.
Desde esta zona sale un sendero que sube hacia el fuerte de Coll de Ladrones. No es una caminata larga, pero la pendiente se nota. Conviene subir con calma, sobre todo en los tramos de piedra suelta. Arriba queda la antigua fortificación que vigilaba el paso del valle, y desde allí se entiende bien la forma cerrada de este tramo del Pirineo: laderas cubiertas de bosque y el río abriéndose paso en el fondo.
Bosques, ibones y rutas de montaña
Alrededor de Canfranc el paisaje es húmedo y denso. Hayas, abetos y pinos cubren buena parte de las laderas, y en otoño el suelo se llena de hojas oscuras que crujen al caminar.
Desde el pueblo salen varias rutas sencillas que se internan en el bosque siguiendo antiguos caminos ganaderos o pistas forestales. También hay itinerarios más largos que suben hacia ibones de origen glaciar repartidos por el valle. En montaña conviene mirar siempre la previsión del tiempo: aquí las nubes pueden cerrarse rápido incluso en días que empiezan despejados.
Quienes buscan ascensiones más exigentes suelen fijarse en cumbres como Collarada, visible desde muchos puntos del valle. No es una subida menor y requiere experiencia en terreno de alta montaña.
Invierno y acceso a Astún
Cuando llega la nieve, el movimiento se desplaza hacia las estaciones de esquí cercanas. Astún está a pocos minutos en coche siguiendo la carretera que sube hacia el puerto del Somport. Entre semana el acceso suele ser tranquilo; los fines de semana de invierno el tráfico aumenta bastante y conviene madrugar para aparcar sin dar demasiadas vueltas.
La cercanía con Francia también se nota en esta parte del Pirineo. En pocos kilómetros se cruza el túnel del Somport y el paisaje cambia de vertiente.
El paso del Camino de Santiago
Por el fondo del valle discurre el Camino de Santiago Aragonés. Los peregrinos llegan desde el puerto del Somport y descienden hasta Canfranc siguiendo el curso del río. En días tranquilos se ven caminar con paso constante, mochila pequeña y bastones, atravesando el pueblo antes de continuar hacia Villanúa y Jaca.
Es un tramo bastante silencioso del Camino, sobre todo fuera del verano. Hay momentos en que lo único que se oye es el agua bajando entre las piedras.
Comida de montaña
La cocina del valle sigue siendo contundente, pensada para el frío y las jornadas largas fuera de casa. El cordero preparado con hierbas y ajo aparece con frecuencia en las cartas, igual que guisos calientes y sopas espesas cuando aprieta el invierno.
En otoño es temporada de setas en los bosques cercanos, aunque conviene ser prudente: la recogida está regulada en muchas zonas y no todo lo que aparece entre la hojarasca es buena idea llevárselo a la cesta.
Fiestas y ritmo del valle
En agosto suelen celebrarse las fiestas patronales, cuando el pueblo se llena más de lo habitual y las calles estrechas recuperan algo de bullicio. También es época de encuentros ligados a la ganadería del valle, una actividad que durante siglos marcó el ritmo de estas montañas.
El resto del año Canfranc se mueve despacio. En invierno la nieve amortigua los sonidos y el valle queda casi en silencio por la noche. En primavera vuelve el agua del deshielo y el río baja más fuerte, recordando que aquí la vida siempre ha estado muy pegada a la montaña.