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sobre Benabarre
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El turismo en Benabarre tiene bastante que ver con su posición en el mapa. La villa se sitúa en el extremo oriental de la comarca de La Ribagorza, en un punto donde el relieve prepirenaico empieza a abrirse hacia las tierras más suaves que miran al valle del Ebro. Ese lugar de transición explica muchas cosas: los caminos que pasan por aquí, la mezcla de influencias aragonesas y catalanas y también el papel histórico que tuvo la localidad dentro de la comarca.
Con algo más de mil habitantes y a unos 780 metros de altitud, Benabarre se organiza alrededor de una loma coronada por su antiguo recinto fortificado. El casco antiguo no aparece como un conjunto perfectamente conservado, sino como un núcleo que ha ido transformándose con el tiempo. Las casas más antiguas se concentran en torno a la parte alta, mientras que el crecimiento más reciente se extiende junto a la carretera que atraviesa la localidad.
Durante siglos, Benabarre actuó como cabeza administrativa de la Ribagorza. Ese papel explica la presencia de edificios religiosos y civiles de cierta entidad en un pueblo que, visto hoy, tiene dimensiones bastante contenidas.
El castillo y los edificios históricos
La silueta que domina el pueblo es la del castillo de los Condes de Ribagorza. El origen de la fortificación es medieval, aunque lo que se observa hoy corresponde en buena parte a reformas posteriores. Desde esta posición elevada se controlaba el paso por el territorio, algo clave en una zona donde las rutas entre Aragón y Cataluña han tenido siempre importancia.
A media ladera se encuentra la iglesia de Santa María la Mayor. Su origen se remonta al periodo románico, aunque el edificio actual refleja ampliaciones y reformas posteriores. En el interior se conservan retablos barrocos y otros elementos añadidos a lo largo de los siglos, testimonio de una parroquia que fue ganando relevancia a medida que la villa crecía.
Otro edificio ligado a la historia religiosa del municipio es el antiguo convento de los dominicos, fundado en la Edad Media. La comunidad tuvo presencia aquí durante siglos y su establecimiento ayuda a entender el peso que llegó a tener Benabarre como centro comarcal.
Al recorrer las calles próximas a la parte alta aparecen varias casas señoriales de los siglos XVI y XVII. Muchas han sido reformadas, pero todavía se reconocen portadas de piedra y escudos familiares. La Plaza Mayor, porticada, mantiene la estructura de las plazas comerciales aragonesas donde se celebraban mercados y ferias.
El paisaje de la Ribagorza baja
El entorno de Benabarre muestra bien la transición entre montaña y llanura. Los relieves son suaves si se comparan con los valles pirenaicos más al norte, y el paisaje agrícola ocupa buena parte del territorio.
Los campos de cereal se combinan con almendros, olivos y pequeñas zonas de huerta. En días despejados, mirando hacia el norte, todavía se distinguen las sierras que anuncian el Pirineo.
Por los alrededores parten caminos tradicionales que conectaban masías y pequeñas explotaciones agrícolas. Algunas de esas rutas se utilizan hoy como senderos sencillos para recorrer el paisaje cercano sin alejarse demasiado del pueblo.
Vida local y tradiciones
Las fiestas principales se celebran en agosto, en torno a la Asunción. Son días en los que el pueblo cambia de ritmo: regresan vecinos que viven fuera y las calles del centro recuperan algo del ambiente que debieron de tener cuando Benabarre ejercía de capital comarcal.
La Semana Santa mantiene procesiones sobrias por el casco antiguo, acordes con el tamaño de la localidad. A lo largo del año también se organizan ferias relacionadas con los productos agroalimentarios de la zona, donde suelen aparecer quesos, embutidos y otros alimentos vinculados a la ganadería y al secano ribagorzano.
Cómo llegar y moverse
Benabarre se encuentra en el este de la provincia de Huesca, en la carretera que conecta el eje de la A‑22 con las comarcas prepirenaicas. La mayor parte de los desplazamientos se hacen en coche.
El casco antiguo se recorre andando sin dificultad. La subida hacia el castillo concentra las calles más antiguas y también las mejores vistas sobre el paisaje que rodea la villa. Desde allí se entiende bastante bien por qué este lugar tuvo importancia en la organización histórica de la Ribagorza.