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sobre Perdiguera
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En Perdiguera el coche se deja donde se puede. No hay parking señalizado ni zonas de pago: aparcas en una calle ancha y sigues a pie. A media mañana el sol ya pega fuerte en la plaza y el movimiento es mínimo. Esto es Los Monegros. Aquí el día va despacio y nadie parece tener prisa.
Un pueblo pequeño con historia larga
La iglesia de San Bartolomé es lo primero que llama la atención al llegar al centro. Torre visible desde lejos y una nave sencilla, de las de pueblo: piedra, bancos de madera y olor a cera. Dentro suele mencionarse un retablo dedicado a la Virgen del Pilar, de época barroca. Si la iglesia está abierta, se ve rápido. Si está cerrada —que pasa a menudo— te quedas en la puerta y sigues.
En el ayuntamiento guardan un documento medieval relacionado con los montes del término. Se suele citar como uno de los papeles más antiguos de la zona y habla de derechos de caza y pastos. No siempre lo enseñan; depende de que haya alguien y de que avises. La historia que cuentan aquí es que el pueblo ha gestionado parte de su monte desde hace siglos, algo poco habitual en esta comarca.
Fiestas que siguen el calendario de siempre
San Roque se celebra a mediados de agosto y es la fiesta principal. Hay procesión y bastante gente que vuelve al pueblo esos días. También se mantiene la romería a la ermita de Nuestra Señora de Magallón, normalmente después de Pascua. Son celebraciones de las de siempre: vecinos caminando, misa, comida en cuadrilla.
El Jueves Santo aquí tiene peso propio y tradicionalmente se ha considerado día señalado en el calendario local.
Campos abiertos alrededor del pueblo
Fuera del casco urbano empiezan los caminos agrícolas. No están pensados como rutas señalizadas: son pistas de trabajo entre cereal y alguna zona de monte bajo. Sirven para caminar un rato y ver el paisaje típico de Los Monegros, bastante abierto y silencioso.
En primavera y otoño se ven aves con facilidad. Grullas en paso migratorio, rapaces pequeñas sobre los campos y bastante movimiento si llevas prismáticos o teleobjetivo. Por la noche el cielo se ve limpio; hay poca luz artificial en los alrededores.
Comer: lo básico
Perdiguera es pequeño. Hay algún bar donde suelen preparar bocadillos y cosas sencillas. A veces hacen migas cuando toca, algo bastante común en los pueblos de la zona. Si buscas más variedad, lo normal es salir a alguno de los pueblos cercanos o acercarse hacia Zaragoza.
Consejo de pueblo
Perdiguera se recorre rápido. Iglesia, plaza y una vuelta por las calles tranquilas. En una hora larga lo tienes visto.
Mejor venir por la mañana o al final de la tarde, sobre todo cuando aprieta el calor. Y trae agua: en verano el sol de Monegros no perdona y aquí casi todo se hace caminando.