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sobre Beceite
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El agua corre baja y clara entre las pasarelas de madera del Parrizal cuando todavía no hay casi nadie. A esa hora temprana, el sonido que domina es el del río Matarraña rozando la roca. Beceite queda unos minutos más abajo, aún medio en silencio, con las fachadas de piedra tomando el primer sol del día.
Beceite se sitúa en el extremo oriental de Aragón, muy cerca de los límites con Cataluña y la Comunitat Valenciana. El pueblo se abre entre montañas calizas y bancales de olivos que descienden hacia el valle. Desde lejos se distingue la torre de la iglesia de San Bartolomé, levantándose sobre un conjunto de casas compactas, construidas con la misma piedra clara que aparece en los barrancos cercanos.
El casco antiguo y el sonido del agua
Las calles del centro son estrechas y algo irregulares. La piedra del suelo está pulida por años de paso. A media mañana la luz entra de lado entre las fachadas y deja franjas de sombra fresca en las paredes.
La iglesia de San Bartolomé marca el perfil del casco urbano. Su torre barroca se ve desde casi cualquier punto del pueblo. Cerca aparecen pequeños puentes de piedra sobre acequias y canales antiguos que todavía conducen agua hacia huertas próximas.
Si se camina sin rumbo fijo, es fácil acabar junto al río. Allí están los antiguos lavaderos públicos, restaurados. El agua sigue circulando por las pilas de piedra y mantiene ese olor húmedo que recuerda para qué servían.
El Parrizal y el curso del Matarraña
A pocos kilómetros del pueblo comienza el acceso al Parrizal de Beceite, uno de los recorridos más conocidos de la zona. El sendero sigue el curso del río entre paredes de roca que, en algunos tramos, se cierran bastante. Las pasarelas ayudan a avanzar cuando el cauce ocupa todo el fondo del barranco.
Conviene ir temprano en épocas de mucha afluencia. A media mañana el camino puede llenarse y el silencio desaparece. En días calurosos la sombra de las paredes hace que la temperatura sea más llevadera que en el valle.
El agua suele mantenerse fría incluso en verano. En algunos remansos el color cambia a un verde intenso, sobre todo donde el fondo es más profundo.
Los Puertos de Beceite
Más allá del valle se levantan los Puertos de Beceite, una sierra áspera de barrancos, agujas de roca y laderas cubiertas de pinos, robles y encinas. Desde algunas carreteras secundarias se ven cabras montesas moviéndose por las crestas con bastante naturalidad.
El terreno aquí es irregular y exige algo de atención al caminar. Hay senderos señalizados de distintas longitudes. En verano conviene salir temprano y llevar agua suficiente: en las zonas altas la sombra escasea durante las horas centrales.
Entre los barrancos aparecen manantiales como la Fontaneta, donde el agua brota entre vegetación densa. Son lugares frescos incluso en días de calor fuerte.
Pozas, roca y tardes de verano
Cuando el calor aprieta, mucha gente baja al río. Cerca de Beceite se forman pozas naturales donde el agua corre más despacio. Algunas quedan entre paredes de roca lisa y vegetación baja.
En pleno verano estos puntos se llenan con facilidad, sobre todo los fines de semana. Entre semana, a primera hora o al final de la tarde, el ambiente cambia bastante y se vuelve más tranquilo.
Las paredes calcáreas de la zona también atraen a escaladores. Hay sectores repartidos por los barrancos, aunque muchos quedan algo escondidos y requieren aproximaciones a pie.
Lo que se come y lo que marca el calendario
El aceite de oliva tiene mucha presencia en las cocinas del pueblo. Procede de los olivares que rodean el valle, plantados en terrazas de piedra seca. También aparecen embutidos curados y platos donde el cordero suele ocupar un lugar importante.
En otoño el monte cambia de olor. Tras las primeras lluvias empiezan a salir setas entre las hojas caídas de los pinares. Mucha gente de la zona sale temprano a buscarlas, siempre con cuidado porque no todas son comestibles.
Las fiestas principales suelen celebrarse a finales de agosto en honor a San Bartolomé. Durante esos días las calles del centro se llenan más de lo habitual y regresan vecinos que viven fuera el resto del año.
Un pueblo pequeño entre montañas
Beceite tiene poco más de quinientos habitantes y un ritmo que cambia según la época. En verano y algunos fines de semana el movimiento aumenta bastante. Fuera de esos momentos, el pueblo recupera un silencio que se nota incluso en la plaza.
La relación con el entorno es muy visible. El río, los olivares y las montañas cercanas forman parte de la vida diaria. Basta caminar unos minutos desde las últimas casas para volver a oír únicamente el agua y el viento entre los pinos.