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sobre Cretas
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Hay pueblos que te los imaginas antes de llegar. Calles de piedra, olivos alrededor, silencio de ese que solo se rompe cuando pasa un coche cada mucho rato. Turismo en Cretas va un poco por ahí, pero con una diferencia: no parece un decorado preparado para el fin de semana. Aquí la vida sigue su ritmo, y tú simplemente te cuelas un rato.
Cretas está en la comarca del Matarraña, una zona de Teruel que a veces comparan con la Toscana. La comparación tiene su gracia, pero en realidad esto es más seco, más sobrio y bastante menos maquillado. El pueblo ronda los quinientos y pico habitantes y se nota: todo es manejable, cercano y sin demasiado ruido.
El casco antiguo mantiene bastante bien la estructura de siglos pasados. Calles estrechas, casas de piedra y portales que parecen llevar ahí toda la vida. Pasear por aquí no tiene misterio: caminas un rato cuesta arriba, giras por un arco, sales a una plaza pequeña y vuelves a empezar. Ese tipo de paseo en el que no miras el reloj.
Por la tarde, cuando baja un poco el sol, las fachadas toman ese color dorado típico de muchos pueblos del Matarraña. No es nada espectacular ni teatral, pero tiene algo agradable, como cuando una foto te sale bien sin haberlo buscado.
Rincón por rincón en el centro histórico
El corazón de Cretas se recorre rápido, pero conviene hacerlo despacio.
La Iglesia Parroquial de la Asunción es el edificio que más se hace notar. Tiene origen medieval, aunque con reformas posteriores que han ido cambiando su aspecto. La torre se ve desde varios puntos del pueblo y sirve un poco como referencia mientras te mueves por las calles.
La Plaza Mayor es el lugar donde el pueblo respira. Casas con balcones de hierro, fachadas claras y ese ambiente tranquilo de las plazas donde siempre parece que está pasando lo mismo: alguien charlando, alguien cruzándola con prisa, alguien sentado simplemente mirando.
En la parte más alta quedan restos de lo que fue un antiguo recinto fortificado. No esperes murallas intactas ni grandes estructuras, pero el lugar ayuda a entender la posición del pueblo y las vistas se abren hacia los campos de olivos que rodean toda la zona.
A las afueras está la ermita de Santa Bárbara. El paseo es corto y suele hacerse sin mucha planificación: sales del casco urbano, caminas un rato entre vegetación mediterránea y ya estás allí. Es uno de esos sitios donde la gente del pueblo sube a estirar las piernas.
Olivos y caminos alrededor del pueblo
Una de las cosas más fáciles de hacer en Cretas es salir a caminar por los alrededores. No hace falta ser muy montañero: hay caminos rurales y senderos que atraviesan campos de olivos y pequeñas zonas de monte bajo.
Por aquí se habla mucho de los olivos milenarios. Algunos ejemplares tienen tamaños que llaman bastante la atención, con troncos retorcidos y huecos que parecen esculturas naturales. No todos están señalizados de forma clara, pero paseando por los caminos ya te vas encontrando varios.
También es buen sitio para ir con la cámara sin demasiadas expectativas: portales antiguos, muros de piedra seca, alguna puerta de madera que ha visto más inviernos de los que podemos contar.
Lo que sigue marcando el calendario del pueblo
Las fiestas patronales se celebran en agosto en honor a la Virgen de la Asunción. Durante esos días el pueblo cambia bastante: música en la plaza, actos populares y bastante movimiento en comparación con la calma habitual.
En enero suele celebrarse San Antonio Abad, con la tradición de bendecir animales. Es una escena muy de pueblo, sencilla pero con bastante significado para quienes viven aquí.
La Semana Santa también tiene presencia en el calendario local, con procesiones por las calles del casco antiguo.
Cuándo acercarse a Cretas
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para venir. El calor en verano aprieta en esta parte de Teruel y en invierno el ambiente puede ser bastante tranquilo, por decirlo suavemente.
Mayo, junio u octubre funcionan bien si te gusta caminar un poco y pasear por el pueblo sin demasiado calor. Además, los campos de alrededor cambian bastante según la época del año, así que el paisaje nunca es exactamente el mismo.
Si vienes al Matarraña varios días, Cretas encaja bien como parada de unas horas: un paseo por el casco antiguo, una vuelta por los caminos de olivos y listo. Es ese tipo de pueblo que no necesita mucho más para dejar buen recuerdo.