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sobre Biel
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En el corazón de las Cinco Villas aragonesas, entre suaves ondulaciones cerealistas y bajo la mirada protectora de los Pirineos, se encuentra Biel, una pequeña joya rural que parece haberse detenido en el tiempo. Con apenas 170 habitantes, esta aldea zaragozana situada a 760 metros de altitud conserva intacto el encanto de la Aragón más auténtica, donde cada piedra cuenta una historia y cada rincón invita a la contemplación.
Biel es uno de esos destinos que no aparecen en las grandes guías turísticas, pero que precisamente por eso se convierten en un refugio perfecto para quienes buscan desconectar del ruido urbano y sumergirse en la esencia del mundo rural aragonés. Aquí, el ritmo lo marcan las estaciones, las campanas de la iglesia y el murmullo del viento entre los campos de trigo que se extienden hasta el horizonte.
Qué ver en Biel
El patrimonio de Biel, aunque modesto en tamaño, resulta notable por su autenticidad. La iglesia parroquial, dedicada a San Martín de Tours, constituye el corazón espiritual y arquitectónico del pueblo. Este templo, que conserva elementos de diferentes épocas, refleja la continuidad histórica de una comunidad que ha sabido mantener vivas sus tradiciones a lo largo de los siglos.
Paseando por sus calles empedradas, el visitante descubre la arquitectura tradicional aragonesa en estado puro: casas de piedra local con balcones de forja, portales adintelados y esa pátina dorada que solo el tiempo y el sol de la meseta pueden otorgar. Los antiguos lavaderos y las fuentes públicas hablan de una vida comunitaria que aún pervive en la memoria colectiva.
Desde los alrededores del pueblo, las vistas se abren hacia un paisaje de gran belleza, donde los campos de cultivo dibujan un mosaico de colores que cambia con las estaciones. Los almendros, que florecen a finales del invierno, transforman temporalmente el entorno en un mar de flores blancas y rosadas que contrasta con la sobriedad del paisaje invernal.
Qué hacer
Biel es un punto de partida ideal para explorar la comarca de las Cinco Villas a pie o en bicicleta. Los caminos rurales que parten del pueblo permiten adentrarse en un territorio donde la naturaleza y la actividad agrícola conviven en armonía. Las rutas de senderismo conectan con pueblos vecinos a través de antiguos caminos rurales que han servido durante siglos para el intercambio comercial y social.
La observación de aves encuentra aquí un escenario privilegiado, especialmente durante los movimientos migratorios. Los campos cerealistas atraen a diversas especies que pueden contemplarse con paciencia y respeto por el entorno natural.
En el ámbito gastronómico, aunque Biel no cuenta con restauración especializada, la proximidad a otros pueblos de la comarca permite degustar la cocina tradicional aragonesa: ternasco, migas, dulces conventuales y los excelentes vinos de la Denominación de Origen Campo de Borja. Los productos de la huerta local, cuando es temporada, ofrecen sabores auténticos que han permanecido inalterados durante generaciones.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Biel mantiene las celebraciones tradicionales que han marcado el ritmo de la vida rural durante siglos. Las fiestas patronales, que se celebran en honor a San Martín durante el mes de noviembre, constituyen el momento del año en que la comunidad se reúne para mantener vivas sus tradiciones.
Durante las fiestas de verano, habitualmente en agosto, el pueblo se llena de vida con la llegada de antiguos vecinos y visitantes. Estas celebraciones, aunque sencillas, conservan elementos tradicionales como las jotas aragonesas y las comidas populares que fortalecen los lazos comunitarios.
La Semana Santa también se vive con especial recogimiento, manteniendo rituales que conectan a los habitantes con sus raíces más profundas. Estas celebraciones religiosas, lejos del bullicio de las grandes ciudades, adquieren una dimensión más íntima y auténtica.
Información práctica
Para llegar a Biel desde Zaragoza, se debe tomar la carretera A-125 en dirección a Gallur y posteriormente la A-127 hacia Tauste. Desde allí, carreteras comarcales conducen hasta el pueblo en un trayecto total de aproximadamente 80 kilómetros que se completa en poco más de una hora.
una de las mejores época para visitar Biel es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra sus colores más variados. El invierno puede resultar frío debido a la altitud, pero ofrece la oportunidad de contemplar el pueblo bajo un manto de silencio que realza su carácter contemplativo.
Es recomendable planificar la visita como parte de una ruta más amplia por las Cinco Villas, ya que la oferta de alojamiento en el propio pueblo es limitada. Los pueblos cercanos como Ejea de los Caballeros o Sádaba ofrecen servicios complementarios que permiten organizar una estancia cómoda en la comarca.