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sobre Cabra de Mora
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En lo alto de la Sierra de Gúdar, a más de mil metros de altitud, se esconde uno de los pueblos más auténticos de la comarca turolense de Gúdar-Javalambre. Cabra de Mora, con apenas 69 habitantes, es un testimonio vivo de la España rural más genuina, donde el tiempo parece haberse detenido entre casas de piedra y tejados de teja árabe que se funden con el paisaje montañoso.
Esta pequeña aldea aragonesa ofrece al viajero una experiencia única de inmersión en la tranquilidad de la montaña mediterránea. Sus calles empedradas, sus fuentes centenarias y la hospitalidad de sus gentes convierten cada visita en un reencuentro con las raíces de un territorio moldeado por siglos de tradición ganadera y forestal. Desde sus 1.085 metros de altitud, Cabra de Mora regala vistas espectaculares de los picos circundantes y valles tapizados de pinos, sabinas y robles.
Qué ver en Cabra de Mora
El patrimonio de Cabra de Mora refleja la sobriedad y funcionalidad de la arquitectura popular aragonesa. La iglesia parroquial, dedicada a San Roque, corona el núcleo urbano con su sencilla pero elegante estructura que data de épocas pasadas. Su campanario se alza como referente visual del pueblo, visible desde los caminos de acceso entre la vegetación mediterránea.
El casco urbano conserva ejemplos notables de arquitectura tradicional turolense, con casas de mampostería de piedra caliza local, balcones de forja y aleros de madera que protegen las fachadas de las inclemencias climatológicas propias de la altitud. Destaca especialmente la armonía del conjunto, donde cada construcción respeta las tipologías ancestrales sin estridencias.
Los miradores naturales que rodean el pueblo ofrecen panorámicas excepcionales de la Sierra de Gúdar. Desde estos puntos elevados se aprecia la extensión de los bosques de pino laricio y pino silvestre, así como las formaciones rocosas características del Sistema Ibérico turolense.
La fuente pública del pueblo, punto de encuentro social desde tiempos remotos, mantiene su función original proporcionando agua fresca de manantial, especialmente apreciada durante los calurosos veranos de la montaña mediterránea.
Qué hacer
Cabra de Mora es un paraíso para los amantes del senderismo y las rutas de montaña. Los senderos que parten del pueblo conectan con la red de caminos tradicionales que comunicaban las aldeas de la sierra, ofreciendo recorridos de diferentes niveles por bosques de coníferas y claros donde pastan rebaños de ovejas.
La observación de la fauna encuentra aquí condiciones ideales. La zona alberga poblaciones de jabalíes, corzos y una rica avifauna donde destacan las rapaces como el águila real y el buitre leonado, que aprovechan las corrientes térmicas de los barrancos.
Los productos gastronómicos locales merecen atención especial. La tradición ganadera se refleja en quesos artesanales, embutidos caseros y la miel de los colmenares que aprovechan la floración del tomillo, romero y lavanda silvestre. Las setas de temporada, especialmente rovellones y níscalos, complementan una despensa natural que cambia con las estaciones.
La fotografía de paisaje encuentra en Cabra de Mora escenarios únicos, especialmente durante los amaneceres y atardeceres, cuando la luz dorada baña las cumbres circundantes y crea juegos de sombras en los valles.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Roque se celebran en agosto, manteniendo tradiciones centenarias adaptadas a la realidad demográfica actual. Durante estos días, el pueblo recupera la animación de antaño con la llegada de antiguos residentes y visitantes que participan en los actos religiosos y las celebraciones populares.
La matanza tradicional, aunque ya no se practica como antaño, permanece en la memoria colectiva como símbolo de la autosuficiencia de estas comunidades rurales. Algunos vecinos mantienen costumbres gastronómicas relacionadas con la conservación de alimentos para el invierno.
En Semana Santa, las celebraciones religiosas adquieren un carácter especialmente recogido, acorde con la espiritualidad que emana del entorno natural y la pequeña dimensión de la comunidad.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Teruel capital, se accede por la A-23 hasta Cella y después por la carretera autonómica A-1513 que atraviesa la Sierra de Gúdar. El trayecto completo son aproximadamente 65 kilómetros por carreteras de montaña que requieren conducción prudente, especialmente en condiciones meteorológicas adversas.
Mejor época para visitar: Los meses de mayo a octubre ofrecen las condiciones más favorables, con temperaturas agradables y caminos despejados. El otoño aporta los colores dorados de los bosques caducifolios, mientras que el invierno puede presentar nieve y temperaturas bajo cero.
Alojamiento: La oferta se complementa con opciones en pueblos cercanos de mayor tamaño como Mora de Rubielos o Rubielos de Mora, que cuentan con casas rurales y pequeños hoteles familiares.
Recomendaciones: Llevar ropa de abrigo incluso en verano por las noches frescas típicas de la altitud, calzado adecuado para caminar por terreno irregular y agua suficiente para las excursiones.