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sobre Villarroya del Campo
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En las tierras altas de la comarca de Campo de Daroca, donde el silencio solo se rompe por el murmullo del viento entre las encinas, se alza Villarroya del Campo como un testimonio vivo de la España más auténtica. Este pequeño núcleo de apenas 82 habitantes, encaramado a 900 metros de altitud, conserva intacto el espíritu de los pueblos aragoneses que han sabido resistir al paso del tiempo sin perder su esencia.
Sus calles empedradas y sus casas de piedra dorada hablan de siglos de historia rural, de generaciones que han trabajado estas tierras áridas pero generosas. Aquí, donde cada vecino conoce la historia de cada piedra, el viajero encuentra algo cada vez más escaso: la autenticidad de un pueblo que vive al ritmo de las estaciones, donde las tradiciones no son folclore turístico sino parte integral de la vida cotidiana.
Qué ver en Villarroya del Campo
La iglesia parroquial constituye el corazón arquitectónico del pueblo, presidiendo la plaza principal con su torre de ladrillo mudéjar que se recorta contra el cielo infinito de la meseta aragonesa. Su interior, sencillo pero cuidado, refleja la religiosidad popular que ha marcado la vida de estas comunidades durante siglos.
Pasear por el casco urbano es descubrir la arquitectura tradicional aragonesa en estado puro: casas de mampostería con grandes portones que antaño daban paso a las cuadras, balcones de forja trabajada y aleros de madera que proyectan sombras geométricas sobre las fachadas ocres. Cada rincón cuenta una historia, desde las antiguas fraguas hasta los palomares que salpican los alrededores del pueblo.
El entorno natural de Villarroya del Campo regala paisajes de una belleza austera y profunda. Los campos de cereal que se extienden hasta el horizonte cambian de color según la estación: verdes tiernos en primavera, dorados en verano, pardos en otoño. Entre ellos, pequeños barrancos y lomas ofrecen perspectivas diferentes de este territorio marcado por la agricultura de secano y la ganadería extensiva.
Qué hacer
Las rutas de senderismo por los alrededores permiten descubrir los secretos de esta tierra alta aragonesa. Los caminos rurales serpentean entre cultivos y montículos, ofreciendo vistas panorámicas de la comarca del Campo de Daroca. Es especialmente recomendable la subida a los cerros cercanos, desde donde se contempla una panorámica extraordinaria de la meseta, con los Pirineos como telón de fondo en los días despejados.
La observación de aves encuentra aquí un escenario perfecto. Cernícalos, águilas calzadas y milanos sobrevuelan estos campos en busca de presas, mientras que en los edificios abandonados anidan lechuzas y mochuelos. Durante las migraciones, no es raro avistar bandos de grullas que hacen escala en estos parajes.
La gastronomía local mantiene viva la tradición culinaria aragonesa más auténtica. Las carnes de cordero y cabrito, criadas en los pastos de la zona, se preparan siguiendo recetas centenarias. Los productos de la huerta, cuando la hay, y los derivados del cerdo completan una despensa tradicional que habla de aprovechamiento y respeto por la tierra.
La fotografía rural encuentra en Villarroya del Campo innumerables motivos: desde los amaneceres dorados sobre los campos de cereal hasta las tormentas de verano que se aproximan por el horizonte infinito. La calidad de la luz, limpia y transparente a esta altitud, realza los colores ocres y dorados del paisaje.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, cuando el calor aprieta y los campos muestran su color más dorado. Durante estos días, el pueblo duplica su población con el regreso de emigrantes y familiares, llenando las calles de vida y recuperando tradiciones que parecían dormidas.
La matanza del cerdo, aunque ya no se practique en todas las casas como antaño, sigue siendo un referente cultural que algunos vecinos mantienen vivo durante los meses fríos. Es una oportunidad única para conocer de primera mano las técnicas tradicionales de conservación de alimentos.
Las romerías a ermitas cercanas marcan el calendario religioso local, especialmente durante la primavera, cuando los campos reverdecen y las temperaturas invitan a caminar por estos parajes.
Información práctica
Para llegar a Villarroya del Campo desde Zaragoza, hay que tomar la A-23 dirección Teruel hasta la salida de Daroca, y desde allí seguir las carreteras comarcales que serpentean por la meseta durante unos 15 kilómetros más. El viaje completo dura aproximadamente una hora y media.
una de las mejores época para visitar el pueblo es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y los colores del paisaje alcanzan su máximo esplendor. Los veranos pueden ser calurosos, aunque las noches refrescan notablemente debido a la altitud.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y ropa de abrigo, especialmente en invierno, cuando las temperaturas pueden descender considerablemente. No olvides la cámara fotográfica: los atardeceres desde este atalaya de la meseta aragonesa son simplemente inolvidables.