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sobre Ródenas
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Hay pueblos a los que llegas casi por casualidad, como cuando te desvías de la carretera para estirar las piernas y acabas encontrando algo que no esperabas. Ródenas, en la Sierra de Albarracín, tiene un poco de eso. Está a más de 1300 metros de altura y, cuando aparcas y bajas del coche, lo primero que notas es el silencio. No el silencio de biblioteca, sino ese de los pueblos pequeños donde apenas pasa nadie.
Con alrededor de medio centenar de vecinos, Ródenas vive a su ritmo. Casas de piedra, calles cortas y el rojo de la arenisca apareciendo por todas partes: en muros, en rocas, en el paisaje que rodea el pueblo. La primera impresión es que aquí el tiempo va más despacio. Y no es una frase hecha: basta con sentarse un rato en la plaza para entenderlo.
Un caserío de piedra roja
El pueblo gira en torno a la iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora. El edificio actual suele situarse en el siglo XVI, aunque ha tenido reformas posteriores. Por fuera es bastante sobrio: piedra, volumen compacto y una torre que parece más pensada para aguantar inviernos duros que para presumir.
Las casas siguen la misma lógica. Piedra local, madera y soluciones prácticas. Aquí no hay grandes alardes arquitectónicos; más bien esa manera de construir que tenía sentido en un sitio donde los inviernos aprietan y los materiales venían de lo que había alrededor. En algunas fachadas todavía se ven poyos de piedra para sentarse o portales robustos que han visto pasar muchas décadas.
Al caminar por el casco urbano aparece otro protagonista: la arenisca roja. Es la misma que forma los roquedos del entorno, así que el pueblo parece salir literalmente del terreno.
Las rocas alrededor de Ródenas
Si algo llama la atención al llegar es el paisaje. La zona está llena de formaciones de arenisca rojiza que sobresalen entre pinares. Algunas parecen muros naturales, otras tienen formas raras, como si alguien hubiese jugado a apilar bloques gigantes.
Desde los alrededores del pueblo hay varios caminos que se acercan a estas formaciones. No hace falta hacer grandes rutas: a veces basta con caminar un rato por los senderos que salen del propio casco urbano para ver esos crestones de roca que sobresalen entre los árboles.
En días despejados el contraste es bastante llamativo: pino verde, roca roja y cielo limpio. Es de esos paisajes que no te esperas en Teruel si solo conoces la zona de Albarracín capital.
Pasear sin prisa por la Sierra de Albarracín
Ródenas funciona bien como punto de partida para caminar por la zona. Hay senderos señalizados y caminos forestales que conectan con otros pueblos de la sierra, como Terriente o Tramacastilla, aunque muchas rutas son simplemente pistas entre pinares donde puedes pasar horas sin cruzarte con casi nadie.
En otoño mucha gente se acerca por el tema de las setas. Suelen aparecer níscalos, setas de cardo y otros tipos habituales en los pinares de la zona. Como en casi toda la sierra, conviene informarse antes sobre las normas de recolección.
Otra cosa que suele atraer a quien lleva cámara es la luz. Al amanecer y al atardecer las rocas rojas cambian bastante de color, tirando a tonos más anaranjados o dorados. No es raro ver a fotógrafos esperando ese momento en los miradores naturales que hay cerca del pueblo.
Fiestas de pueblo, de las de siempre
Las celebraciones principales giran en torno al 8 de septiembre, con actos religiosos dedicados a la Natividad. En esas fechas el pueblo cambia bastante porque vuelven familias que tienen aquí sus raíces.
En verano también suelen organizarse encuentros vecinales y actividades sencillas en la plaza. Es el típico momento del año en que los pueblos pequeños recuperan algo de movimiento.
Otra tradición que se mantiene es la de San Antón, con hogueras en invierno. De esas que juntan a los vecinos alrededor del fuego cuando cae la noche y el frío aprieta.
Cómo llegar a Ródenas
Desde Teruel lo habitual es subir hacia Albarracín por la A‑1512 y, desde la zona de la sierra, tomar el desvío hacia Ródenas por carreteras secundarias. Son tramos tranquilos, aunque en invierno conviene mirar el estado de la carretera porque la nieve o el hielo aparecen con facilidad a esta altitud.
El viaje ya forma parte de la visita: pinares, curvas suaves y, de vez en cuando, esas paredes de roca rojiza que anuncian que estás cerca.
Ródenas no es un sitio para llenar un fin de semana con mil planes. Más bien es ese tipo de lugar al que llegas, das un paseo, te sientas un rato a mirar el paisaje y te vas con la sensación de haber visto una parte muy tranquila de la Sierra de Albarracín. A veces, con eso basta.