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sobre Anon de Moncayo
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A última hora de la tarde, cuando el sol ya baja por detrás del Moncayo, Añón de Moncayo queda medio en sombra. La piedra de las casas cambia de color. Pasa del gris al ocre, según cómo le dé la luz. En ese momento apenas se oye nada: alguna puerta que se cierra, el ruido breve de un coche que cruza la calle principal, el agua del río cerca del fondo del valle.
Añón de Moncayo está en la comarca de Tarazona y el Moncayo, a más de ochocientos metros de altitud. El pueblo se recoge en la ladera, con la montaña muy cerca. Cuando el cielo está despejado, la silueta del Moncayo aparece detrás como una pared oscura que marca todo el paisaje.
El pueblo cuando cae la tarde
Las calles suben y bajan con cierta pendiente. No son largas. En unos minutos se recorre el núcleo antiguo, donde todavía quedan casas de mampostería con balcones de hierro y portones de madera gastada.
Algunas chimeneas sobresalen por encima de los tejados de teja curva. En invierno, al anochecer, el olor a leña suele quedarse un rato en el aire. El pueblo no es grande y se nota rápido cuándo llega más gente de fuera. Entre semana, sobre todo en meses fríos, la sensación es mucho más tranquila.
La iglesia y el centro del pueblo
La iglesia parroquial de San Blas se reconoce enseguida por la torre. Desde varios puntos del valle se ve sobresalir entre los tejados. El edificio mezcla partes de épocas distintas, algo bastante común en pueblos de esta zona.
Alrededor se concentra la parte más abierta del casco urbano. Aquí las calles se ensanchan un poco y es donde suele pasar más vida cotidiana: vecinos que salen a hablar un rato, coches que aparcan y vuelven a marcharse, algún senderista ajustándose la mochila antes de subir hacia el monte.
Los restos del castillo en la ladera
Por encima del pueblo quedan los restos del castillo de Añón. No es una fortaleza completa; más bien fragmentos de muros que recuerdan lo que hubo. Aun así, el lugar tiene sentido cuando uno mira alrededor.
Desde allí el valle del río Añamaza se abre entero. Los campos más bajos, las primeras masas de bosque y, al fondo, la montaña. Se entiende por qué ese punto tenía valor estratégico hace siglos.
La subida es corta pero tiene algo de pendiente. Si ha llovido, el suelo puede estar resbaladizo.
Caminos hacia el Moncayo
Añón de Moncayo queda muy cerca del Parque Natural del Moncayo. Muchos caminos que salen del pueblo se meten enseguida en zonas de bosque. Robles, hayas y pinos aparecen a medida que se gana altura.
En otoño el monte cambia bastante. Las hojas cubren los senderos y el color del bosque se vuelve más oscuro y rojizo. En primavera, en cambio, el verde es muy intenso y el agua baja con más fuerza por barrancos y fuentes.
Algunos caminos continúan hacia zonas más altas del parque e incluso hacia la cumbre, aunque esas rutas ya requieren más tiempo y algo de preparación. Conviene informarse antes del estado del monte, sobre todo si ha nevado o ha llovido varios días.
Fiestas y momentos del año
La vida del pueblo cambia en ciertas fechas. Tradicionalmente en febrero se celebra San Blas, el patrón. Es una de esas fiestas pequeñas donde participa casi todo el mundo que vive aquí.
En verano llegan más familias y gente con casa en el pueblo. Las calles se llenan más por la noche y se organizan actos durante varios días. También es habitual una romería hacia la zona de la ermita del Moncayo cuando llega septiembre, un recorrido que mezcla caminata y tradición.
Cómo llegar y cuándo venir
Añón de Moncayo queda a unos noventa kilómetros de Zaragoza. Lo habitual es pasar por Tarazona y desde allí seguir por una carretera más estrecha que se adentra en el valle. Los últimos kilómetros tienen curvas y, si hay niebla o cae la noche, conviene tomárselo con calma.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar por la zona. En verano el calor aprieta en las horas centrales del día, aunque las tardes refrescan antes que en el llano. En invierno el ambiente es más silencioso; a veces la nieve se queda en las partes altas del Moncayo y el pueblo amanece con escarcha en los tejados.