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sobre Trasmoz
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Llegas a Trasmoz pensando que será otro pueblo pequeño del Moncayo, de esos que recorres en un paseo. Y sí, el paseo es corto. Pero luego te cuentan lo de la excomunión, lo de las brujas y lo de Bécquer, y la cosa se pone interesante. Es como cuando te enteras de que el vecino de toda la vida tiene un pasado inesperado: de repente, le miras con otros ojos.
Este no es un sitio para tachar de una lista de “pueblos bonitos”. Es más bien el tipo de lugar al que vienes con ganas de oír historias. Tiene menos de cien habitantes, calles que suben con decisión y un castillo en lo alto que parece vigilar el cotarro desde hace siglos.
El castillo: las vistas merecen el repecho
La silueta del castillo domina Trasmoz. Está ahí arriba, plantado en un cerro, recordándote que vas a tener que caminar. La subida no es una excursión, es un camino de tierra con pendiente. De los que te hacen pensar en cómo debía ser llegar aquí con armadura.
Quedan muros y torres, suficientes para imaginar el resto. Pero lo que realmente pagas con el esfuerzo son las vistas. Desde arriba se ve todo el valle y la mole del Moncayo al fondo. En un día despejado, te puedes quedar un rato solo por eso.
La iglesia sobria y el centro donde explican los líos
En mitad del pueblo está la iglesia de la Virgen de la Huerta. Es austera, sin grandes florituras. Si buscas catedrales, este no es tu sitio. Dentro hay retablos y una paz propia de los pueblos pequeños.
Lo curioso está a unos pasos: el Centro de la Brujería. Es una sala no muy grande donde intentan poner orden en todo el jaleo histórico de maldiciones, excomuniones y aquelarres. También le dedican un rincón a Bécquer, que fue bastante responsable de que estos rumores llegaran a papel impreso.
No te llevará más de media hora, pero ayuda a entender por qué a Trasmoz se le sigue asociando con esto. Sales a la calle y las casas de mampostería y los balcones antiguos parecen tener otro matiz.
Senderos con el Moncayo siempre presente
Si te apetece estirar las piernas, alrededor del pueblo hay caminos entre robles y matorral. No son rutas épicas, son paseos tranquilos donde lo que manda es el silencio y la presencia constante del Moncayo en el horizonte.
Hay uno señalizado como Sendero de las Brujas, que une algunos puntos relacionados con las leyendas. Tiene su gracia si vienes buscando esa temática. Eso sí, mira bien el mapa antes de salir; en verano, el sol en esta zona no perdona.
Fiestas, fama y ese pasado que no se olvida
Trasmoz tiene una peculiaridad legal-histórica: es el único pueblo en España mencionado como excomulgado oficialmente. Ese dato, mezclado con rumores centenarios, ha creado una identidad bastante particular.
Han sabido sacarle partido. A lo largo del año organizan cosas relacionadas con esas leyendas: mercadillos temáticos, representaciones nocturnas… Incluso sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Huerta tienen ese aire diferenciador.
Cuando hay evento, se nota. Llega gente, hay ambiente en las calles empinadas y se revive todo ese folklore. El resto del año vuelve la calma, esa tranquilidad solo rota por el viento bajando del Moncayo y por los visitantes que siguen llegando para preguntar por las brujas