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sobre Urrea de Gaén
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La primera vez que oí hablar de Urrea de Gaén fue en una conversación de carretera, de esas que surgen cuando alguien menciona un pueblo pequeño y otro responde: “sí, hombre, el que está entre campos en el Bajo Martín”. Y más o menos así es. Urrea aparece de repente entre cultivos, sin escenografía turística alrededor, con algo más de cuatrocientos vecinos y ritmo de pueblo agrícola.
La calle Mayor cruza el casco urbano y deja ver cómo se construía aquí hace décadas. Casas de piedra, portones de madera gruesa, rejas trabajadas a mano. Nada especialmente monumental, pero todo bastante reconocible para quien haya pasado tiempo por pueblos del valle del Ebro.
La iglesia de San Miguel Arcángel marca el centro. No es enorme ni especialmente decorada, pero su torre sirve de referencia. Estés donde estés en el casco urbano, levantas la vista y ahí está. La fachada muestra añadidos de distintas épocas; algunas reformas suelen situarse en torno al siglo XVIII.
Caminar por el pueblo lleva poco tiempo. Las calles son cortas y el trazado es sencillo. Aun así aparecen detalles que cuentan bastante del lugar: portadas grandes pensadas para carros, balcones estrechos, antiguos lavaderos y alguna fuente que todavía se usa. Más que un conjunto monumental, es un pueblo que sigue funcionando.
Al salir hacia los caminos de alrededor cambia el paisaje. Campos de cereal bastante amplios, con olivos y almendros intercalados. El terreno es llano y abierto. Cuando sopla aire, que aquí pasa a menudo, se oye antes el movimiento del trigo que cualquier coche.
Desde Urrea salen caminos agrícolas que conectan con otros núcleos cercanos del Bajo Martín. Son pistas de tierra, de las que usan los agricultores. Si te gusta caminar o ir en bici sin demasiada complicación, sirven para dar una vuelta tranquila y ver cómo es el campo en esta parte de Teruel.
La vida del pueblo sigue bastante ligada a lo que se cultiva alrededor. Trigo, cebada, olivo, algo de almendro. También hay huertos en las afueras. En temporada de trabajo agrícola se ve movimiento de maquinaria entrando y saliendo del pueblo desde primera hora.
El aceite tiene peso aquí. La cooperativa local lleva años produciéndolo con aceituna de los alrededores, algo bastante común en la comarca. En muchas casas todavía se guardan utensilios antiguos del campo o fotografías de campañas de hace décadas.
Las fiestas patronales suelen celebrarse hacia finales de septiembre. Durante esos días la plaza y las calles se llenan más de lo habitual. Hay procesiones, música tradicional y verbenas por la noche. Es el momento en que vuelven muchos vecinos que viven fuera.
Urrea de Gaén no es un sitio al que vengas buscando grandes monumentos. Se entiende mejor como una parada breve para mirar alrededor y ver cómo funciona un pueblo agrícola del Bajo Martín hoy. Si te interesa ese tipo de lugares, aquí lo tienes sin adornos. Y eso, a veces, se agradece.