Artículo completo
sobre Ricla
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Ricla empieza por entender dónde está: en pleno valle del Jalón, en la comarca de Valdejalón, entre la ribera fértil del río y las primeras lomas de la Sierra de Algairén. La huerta llega prácticamente hasta las últimas casas y, cuando se entra al pueblo desde la autovía, lo primero que aparece es la torre de la iglesia sobresaliendo sobre un caserío de ladrillo y teja. Con algo más de tres mil habitantes, Ricla funciona como cabecera cotidiana de su entorno agrícola.
El tiempo que quedó en el ladrillo
El uso del ladrillo no es un capricho estético. En buena parte del valle del Jalón la tradición constructiva mudéjar marcó la arquitectura durante siglos, y Ricla conserva bastante de ese lenguaje. La torre de la iglesia de Santa María Magdalena sigue esa lógica: ladrillo, decoración geométrica sobria y una silueta que se reconoce desde lejos.
La presencia morisca fue importante aquí durante la Edad Media y comienzos de la Moderna. Las cifras cambian según el documento que se consulte, pero las fuentes hablan de una comunidad musulmana numerosa conviviendo con población cristiana. Tras la expulsión de los moriscos a comienzos del siglo XVII, el pueblo perdió muchos vecinos y buena parte del caserío pasó a manos de nuevos pobladores. Muchas de esas casas se mantuvieron porque eran útiles tal como estaban construidas.
Otro edificio que suele llamar la atención es la llamada Casa de los Escudos. Se trata de un palacio aragonés del siglo XVI con fachada heráldica, testimonio de las familias nobiliarias que controlaron el señorío en distintos momentos. Algunos de esos blasones están bastante erosionados por el viento del valle, pero todavía se distinguen las armas de linajes vinculados a la historia del lugar.
La plaza como centro de la vida diaria
La Plaza de España actúa como punto de referencia. No es una plaza monumental, pero concentra el ayuntamiento, varios edificios tradicionales y la vista directa hacia la torre de la iglesia. A ciertas horas se convierte en un pequeño observatorio de la vida del pueblo: gente que pasa a hacer recados, conversaciones largas en los bancos y coches que entran y salen de las calles estrechas del casco antiguo.
Ricla también ha dado algunos nombres conocidos dentro de la cultura popular aragonesa. Entre ellos suele recordarse al torero conocido como el Gitanillo de Ricla y al jotero Mariano Arregui, figura destacada del canto de jota en el siglo XX. Son referencias que aparecen con frecuencia cuando se habla del pueblo entre vecinos.
La huerta del Jalón
Uno de los rasgos más claros de Ricla es la proximidad entre el casco urbano y el regadío. Basta cruzar algunas calles periféricas para encontrarse con huertas, acequias y parcelas cultivadas. El río Jalón ha marcado durante siglos la economía local, con cultivos que aprovechan estas tierras fértiles.
El olivo ocupa también bastante terreno en el término municipal, dentro de la tradición olivarera de la comarca. Junto a él aparecen cereales, huerta y ganadería, que siguen teniendo peso en la vida económica del municipio.
Fiestas a lo largo del año
El calendario festivo se reparte en varias fechas tradicionales. San Blas se celebra a comienzos de febrero, en pleno invierno. En mayo llegan las fiestas dedicadas a San Teopompo y San Sinesio, patronos del municipio, y en julio se honra a la Virgen del Carmen.
Las fiestas patronales principales suelen celebrarse a principios de septiembre y concentran la mayor parte de los actos populares. Como en muchos pueblos del valle, el programa combina celebraciones religiosas, encuentros vecinales y actividades que se repiten año tras año.
Cómo orientarse al llegar
Ricla se encuentra a unos cincuenta kilómetros de Zaragoza, en el eje del valle del Jalón. Desde la autovía se distingue bien la torre de la iglesia, que sirve de referencia para localizar el casco urbano.
El centro puede recorrerse caminando sin dificultad. En un paseo tranquilo se llega a la plaza, a la iglesia y a varias calles donde todavía se ven casas tradicionales de ladrillo. Si se continúa hacia las afueras aparecen rápidamente los caminos agrícolas y, hacia el sur, las primeras pendientes que conducen a la Sierra de Algairén.
Desde esos caminos elevados se aprecia bien el contraste que define a Ricla: la franja verde del regadío siguiendo el curso del Jalón y, alrededor, el paisaje más seco de olivares y monte bajo característico de esta parte de Aragón.