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sobre Allande
Tierra de tejos y palacios
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Hay concejos que se entienden rápido. Paras, das una vuelta por la plaza, comes algo y listo. El turismo en Allande va por otro lado. Aquí todo está más separado: pueblos pequeños, carreteras que suben y bajan sin prisa, montes que te obligan a mirar el mapa dos veces antes de salir del coche.
Está en el occidente de Asturias y se nota. Menos gente, más silencio y esa sensación de territorio amplio donde cada aldea parece vivir a su ritmo.
Pola de Allande, el punto de partida
Casi todo empieza en Pola de Allande. No es grande, pero concentra lo poco que necesitas para orientarte. La calle Mayor sube despacio hasta la iglesia de San Andrés, un edificio del siglo XVI que aparece de golpe cuando la calle se abre un poco.
Alrededor quedan casas de piedra, corredores de madera y esos soportales que en los días de lluvia se agradecen. No es un casco histórico monumental. Más bien parece un pueblo que ha seguido usando sus calles sin preocuparse demasiado por si salen bien en las fotos.
Si haces algo, que sea salir de la calle principal y meterte por las calles laterales. Ahí aparecen patios cerrados, hórreos pegados a las casas y algún carro viejo apoyado contra un muro.
Casas indianas y huellas del pasado
Allande no es un lugar de grandes monumentos. Lo interesante está más repartido.
En Pola se ve alguna casa indiana de las que levantaron quienes volvieron de América con dinero. También la Casa Palacio de Cienfuegos, que recuerda que este territorio tuvo bastante peso en otros tiempos.
Pero muchas veces lo que más cuenta del pasado son detalles pequeños: hórreos alineados junto a un camino, cuadras pegadas a la vivienda o portones enormes que hoy ya casi no se usan.
Berducedo y el paso del Camino Primitivo
Si te mueves un poco por el concejo acabarás pasando por Berducedo. Es una de las paradas habituales del Camino Primitivo cuando entra en Asturias desde Galicia.
El ambiente cambia un poco respecto a otras aldeas. Suelen verse peregrinos descansando, mochilas apoyadas contra las paredes y botas secándose al aire. Aun así, sigue siendo un pueblo pequeño, con casas dispersas y bastante vida rural alrededor.
Más allá del asfalto principal aparecen establos, huertos y cobertizos donde todavía se guarda el ganado.
Caminar por los montes de Allande
Gran parte del turismo en Allande tiene que ver con caminar. No porque haya una ruta famosa que atraiga a todo el mundo, sino porque el territorio lo pide.
Hay senderos que cruzan robledales y castañares bastante densos. En algunos tramos el bosque se cierra tanto que apenas entra luz. En otoño el suelo se llena de hojas y el paisaje cambia por completo.
También es zona donde mucha gente sale a buscar setas cuando llega la temporada. Conviene saber lo que se hace. Aquí no es raro que alguien del lugar te recuerde que no todo lo que parece comestible lo es.
Brañas y cordales abiertos
Cuando el bosque se abre aparecen las brañas. Son praderas altas que durante siglos se usaron para el ganado en verano.
En las zonas más elevadas, cerca de cordales como los del Pando o la Mapiá, el paisaje cambia bastante. Menos árboles y más montaña abierta, con vistas largas sobre valles llenos de aldeas pequeñas.
En días despejados se ve un buen trozo del occidente asturiano. En días de niebla, en cambio, la sensación es la contraria: todo desaparece a pocos metros. Conviene ir con cabeza porque el tiempo cambia rápido.
Comer y moverse por el concejo
La cocina aquí es la que esperas en una zona de interior asturiano. Platos de cuchara, guisos de caza cuando toca temporada y raciones generosas que te dejan sin mucha prisa por levantarte de la mesa.
No hace falta buscar sitios sofisticados. Los locales más sencillos suelen manejar bien esas recetas de siempre. Fabada, estofados, algo de huerta y sidra para acompañar.
Eso sí, hay que asumir cómo funciona el territorio. Las distancias dentro del concejo son largas y el transporte público es escaso. Si quieres ver algo más que Pola, lo normal es moverse en coche y tomárselo con calma.
El clima también marca el ritmo. Un día claro puede torcerse en cuestión de horas cuando entran nubes por los puertos cercanos. Llevar una chaqueta impermeable en el coche no es mala idea, incluso en verano.
Al final Allande funciona mejor cuando no intentas verlo todo. Un paseo por Pola, una carretera secundaria hacia alguna aldea, un rato caminando por el monte. Con eso ya te haces una idea bastante clara de cómo es este rincón del occidente asturiano.