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sobre Aller
Montañas y nieve en la Montaña Central
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Si vienes a Aller por el puerto de San Isidro y nieva, piénsatelo dos veces. La A‑66 se llena de camiones y los coches patinan con facilidad. Mejor entrar por Mieres o por Caso, donde la carretera suele dar menos guerra.
En verano la cosa cambia. El asfalto aguanta y en el mirador de Coto Bello suele haber sitio para aparcar, aunque el último tramo es de cemento y da la sensación de subir a una cantera. En parte lo era: aquí se sacó carbón durante décadas y ese pasado todavía marca el paisaje.
Lo que queda del carbón
La montaña está llena de cicatrices. Desde el mirador se ven las terrazas negras donde antes trabajaban los mineros y donde ahora crecen brezos y pinos jóvenes. Hay paneles que explican la geología del lugar y recuerdan episodios de la minería local. No es un museo: es un mirador con información básica.
La ruta circular ronda los tres kilómetros y bordea el antiguo cortado. Se hace rápido. Solo tiene una subida algo más seria. Si llueve, el barro se pega a las botas.
En verano suelen organizar una fiesta ligada a la memoria minera, con escenario y música. Más homenaje que recreación histórica. Aquí no han montado un parque temático del carbón.
Iglesias que no son catedrales
San Vicente de Serrapio merece la parada. Está a pocos minutos de la carretera que baja hacia Laviana, en un valle pequeño donde el coche entra justo.
La portada es medieval y dentro guardan un ara romana dedicada a Júpiter que apareció en un arroyo cercano. Piedra oscura, musgo y pizarra negra. Todo bastante sobrio.
No siempre está abierta. Si la puerta está cerrada, lo habitual es preguntar en alguna casa cercana.
La torre de Soto queda un poco más arriba. Es un cubo defensivo muy antiguo con vistas a la cuenca. Lo que se ve hoy es sobre todo la base, pero sigue siendo una rareza en Asturias por su planta. Subes por una escalera de madera y desde arriba aparece la autovía entrando en el túnel. Medieval y siglo XXI en la misma foto.
Comer sin demasiadas vueltas
La fabada aquí es correcta, sin más misterio. En muchos sitios usan alubia de la zona y compango de carnicerías del valle.
En agosto suele montarse una feria con quesos, pan y productos de la zona. También aparece el bollo de Xurbio, bastante seco si no lo acompañas con sidra.
Cuando aprieta el frío funciona mejor el pote de berzas: patata, chorizo, costilla y poco más. Comida de cuchara sin adornos.
Si ves chosco de Tineo en la carta, pídelo. Es un embutido ahumado que aguanta bien el viaje y suele salir bien incluso en cocinas normales.
Cuándo ir y por qué
A principios de septiembre suele celebrarse la romería de Miravalles. La gente sube andando desde Soto hasta el santuario. Si llueve, el camino se vuelve un barrizal y los coches acaban aparcando donde pueden.
En verano, Cabañaquinta suele llenarse un fin de semana con un encuentro de gaiteros bastante conocido en la zona. La rotonda de entrada tiene una escultura de gaita grande que muchos usan como punto de reunión.
En invierno todo gira alrededor de la nieve en San Isidro. Si no nieva, la estación está medio parada y hay poco movimiento.
Para venir fuera de temporada, mejor la senda de las Hoces del Pino. Son unos cinco kilómetros de desfiladero, sin cobertura en muchos tramos y con cascadas que casi no salen en las guías. El aparcamiento es pequeño y se llena rápido. Con humedad las piedras resbalan bastante.
Consejo directo: deja el coche en los aparcamientos de los pueblos grandes del concejo y muévete desde ahí. Las carreteras secundarias son estrechas y, cuando se cruzan dos coches, alguien acaba dando marcha atrás cuesta arriba. Aquí pasa a menudo.