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sobre Carreño
Tradición marinera y conservera
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Candás a las diez de la mañana huele a pan recién hecho mezclado con salitre. Es ese olor que te avisa de que estás en un sitio que vive del mar antes de que veas el puerto. Y cuando lo ves, entiendes rápido de qué va el turismo en Carreño: casas mirando al Cantábrico, un muelle donde todavía se mueve pescado y un par de calles que bajan hacia la playa como si todo el pueblo estuviera empujando hacia el agua.
No es un decorado ni un pueblo que viva solo del visitante. Aquí la vida sigue su ritmo y tú simplemente te cuelas un rato.
El pueblo que no quería ser Oviedo
Carreño es uno de esos concejos que mucha gente atraviesa camino de otro sitio. La A‑8 pasa cerca y más de uno ni se entera de lo que hay entre Gijón y Avilés. Pero si te desvías hacia Candás cambia la cosa.
La capital municipal tiene esa mezcla curiosa de villa marinera y crecimiento algo improvisado. Hay bloques de los años 70 plantados frente al mar y, entre medias, casas bajas que recuerdan al pueblo de pescadores de siempre. No queda tan homogéneo como en las fotos antiguas, pero tiene bastante más vida de la que parece desde la carretera.
Con algo más de diez mil habitantes repartidos por el concejo, mucha gente se concentra en Candás o en las parroquias más cercanas a Gijón. Si te alejas un poco aparecen núcleos como Perlora, Guimarán o Logrezana donde el ritmo baja bastante. Son de esos sitios donde aún ves huertas pegadas a la casa y caminos que parecen no haber cambiado demasiado en décadas.
Cuando el pescado manda en la mesa
Aquí el pescado no es un reclamo turístico: es lo que se ha comido siempre.
En verano Candás suele organizar una fiesta muy conocida alrededor de la sardina. Durante unos días el puerto se llena de parrillas, humo y gente comiendo de pie con pan en la mano. No tiene grandes artificios, más bien parece una reunión enorme de barrio que se ha ido haciendo famosa con los años.
La cocina local va por ahí: producto sencillo y poco adorno. Sardinas, chopa hecha a la plancha, calamares cuando toca. Y luego está el clásico bollo preñao, que viene a ser pan con chorizo dentro. Algo rápido que te comes caminando mientras das una vuelta por el puerto.
La sidra, claro, aparece en cualquier mesa. Estás en la comarca de la sidra y eso se nota.
Paseos fáciles entre costa y campo
Si te apetece caminar un poco sin complicarte, en el concejo hay varias rutas sencillas.
Por la zona de Perlora hay un paseo conocido como Senda del Agua, que sigue el trazado de una antigua conducción. Es corto y bastante llano, de esos que haces después de comer para bajar la comida sin acabar sudando.
También se habla mucho de la ruta vinculada a las antiguas fábricas de salazón. Sirve para entender algo que a veces olvidamos: antes de las neveras industriales, conservar pescado era casi una cuestión de supervivencia. Toda esa industria dejó huella en la costa de Candás.
Y sí, el Camino de Santiago del Norte cruza el concejo. Lo hace de forma bastante discreta. Muchos peregrinos llegan desde Gijón y siguen hacia Avilés sin detenerse demasiado, así que Carreño queda un poco como ese tramo tranquilo entre dos paradas más grandes.
Un apellido que acabó dando nombre al concejo
El nombre de Carreño viene de un linaje antiguo que aparece en documentos medievales. Hay referencias a miembros de la familia participando en campañas de la Corona castellana y a un escudo con aspas que todavía se asocia al apellido.
No es raro encontrar menciones históricas repartidas por Asturias, porque el apellido tuvo bastante peso en la región durante siglos. De ahí que acabara ligado al territorio.
También se suele contar que Leopoldo Alas “Clarín” pasó temporadas por la zona, buscando mar y algo de tranquilidad lejos de Oviedo. No es difícil imaginar por qué: Candás está lo bastante cerca de la ciudad como para escaparte un par de días, pero el ambiente cambia bastante.
Xagó, la playa larga del concejo
Si hay un lugar que muchos gijoneses conocen bien es la playa de Xagó. Está a pocos minutos en coche pero el paisaje ya es distinto: un arenal largo, abierto, con dunas y bastante viento muchos días.
La arena es clara y la playa tiene bastante espacio, así que incluso en verano suele respirarse mejor que en los arenales urbanos. Cuando sopla el nordeste aparecen surfistas y gente con cometas. En invierno el panorama cambia: paseantes, perros corriendo y el mar pegando fuerte.
Si bajas con marea baja puedes caminar bastante tramo de costa sin cruzarte con demasiada gente. Es uno de esos paseos que arreglan una tarde.
Consejo de amigo
Yo vendría a Carreño sin grandes planes. Aparca en Candás, baja al puerto, mira cómo entra el mar entre las casas y tómate algo con calma.
Después puedes acercarte a Xagó o perderte por alguna parroquia del interior: Logrezana, Llaviana, Prendes… pueblos donde a veces parece que todo sigue a otro ritmo. No hay grandes monumentos ni un checklist de cosas que tachar.
Carreño funciona mejor así: como una escapada tranquila entre mar, sidra y un paseo largo. De los sitios que no presumen mucho, pero cuando te vas te das cuenta de que has estado a gusto.