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sobre Caso
Corazón del Parque de Redes
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A mediodía, en el aparcamiento de El Campu, el aire todavía guarda la humedad de la mañana. Huele a hierba recién cortada y a madera mojada. Las fachadas reflejan una luz gris clara que en Asturias suele quedarse todo el día. Así empieza muchas veces Caso: sin ruido, con un pueblo que funciona más como puerta de entrada que como destino cerrado.
Aquí no hay calles pensadas para pasear durante horas. El Campu —la capital del concejo— es pequeño. Alguna tienda, edificios bajos, coches aparcados junto a prados abiertos. En pocos minutos entiendes que la vida del concejo ocurre fuera, en los valles y en las montañas que lo rodean.
El Campu, punto de partida
Desde el centro salen varias carreteras y caminos que se internan en el Parque Natural de Redes. En días despejados la luz cae sobre los prados con un verde casi brillante; cuando está nublado todo se vuelve más mate, más silencioso.
Conviene venir con el día por delante. Las distancias aquí engañan. Un tramo corto en el mapa puede alargarse entre curvas, ganado en la carretera o niebla baja.
Brañagallones y las brañas de montaña
Uno de los lugares que más se mencionan cuando se habla de Caso es Brañagallones. La braña aparece de golpe tras el valle, rodeada por montañas redondeadas y prados abiertos donde suele verse ganado pastando.
Las cabañas, muchas con cubierta vegetal, llevan allí generaciones. No parecen colocadas para una foto; están donde siempre estuvieron, apoyadas contra el viento y la humedad de la sierra.
El acceso requiere caminar. El sendero es claro, pero el terreno suele estar húmedo incluso en verano. Buen calzado ayuda bastante. La subida se hace mejor tomándose tiempo, porque el paisaje cambia a cada curva del valle.
Aldeas como Bezanes
En pueblos como Bezanes la sensación es distinta. Casas agrupadas, cuadras con madera oscura, huertos pequeños pegados a los muros. El sonido más constante suele ser el de algún cencerro lejano.
No hay grandes edificios ni plazas monumentales. Lo que se ve es la arquitectura que necesitaba la gente que vivía del ganado y de los prados. Muros gruesos, portillas de hierro, fuentes donde todavía se llena agua.
Si pasas temprano por la mañana, sobre todo en días frescos, el humo de alguna chimenea baja despacio por las calles.
El puerto de Tarna
La carretera que sube al puerto de Tarna atraviesa uno de los paisajes más abiertos del concejo. A medida que se gana altura, los bosques se apartan y aparecen laderas amplias cubiertas de pasto.
Cuando el cielo está limpio se ven cordales que separan Asturias de León. En invierno la escena cambia: nieve, hielo y viento. Si el día amanece con niebla cerrada, conviene esperar o bajar con atención. Aquí el tiempo cambia rápido.
Caminar por Caso
Gran parte del concejo se recorre a pie. Senderos que suben hacia brañas, pistas ganaderas, caminos que cruzan hayedos y robledales donde la luz entra filtrada entre las hojas.
La Ruta del Alba suele aparecer en muchas guías del valle del Nalón, aunque el concejo tiene más recorridos de los que parecen en un primer vistazo. Antes de salir conviene mirar bien desniveles y accesos. El barro es habitual y las tormentas de tarde no son raras en verano.
A cambio, hay tramos donde solo se escucha el agua de un arroyo o el viento moviendo los helechos.
Queso Casín y calendario del concejo
El queso Casín, con denominación de origen, forma parte de la identidad de Caso. Es compacto y de sabor fuerte, de esos que llenan la boca desde el primer trozo. Tradicionalmente se hacía en las casas, ligado a la ganadería del valle.
Durante el año hay celebraciones relacionadas con el pastoreo y con el propio queso. En esos días el pueblo cambia: más gente en la calle, puestos, conversaciones largas alrededor de las mesas.
Si buscas silencio, es mejor evitar esas fechas y venir entre semana. Finales de primavera y comienzos de otoño suelen ser los momentos más tranquilos. Los prados están verdes, los caminos siguen abiertos y la montaña todavía no se ha cerrado con el frío.
Caso es grande en territorio y pequeño en urbanismo. Las aldeas están dispersas y algunos servicios no abren todos los días. Conviene llegar con cierta previsión.
Aun así, basta sentarse un rato junto a una fuente o mirar cómo cae la tarde sobre los prados para entender el ritmo del lugar. Aquí el tiempo no corre. Simplemente pasa.