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sobre Llanera
Centro neurálgico de Asturias
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En el mapa de Asturias, Llanera aparece como un punto casi centrado. No es solo una coincidencia geográfica: durante siglos, este territorio funcionó como zona de transición entre el Oviedo episcopal y las tierras controladas por distintos linajes nobles. Hoy sigue siendo un lugar de paso entre Oviedo, Avilés y Gijón, pero también un concejo donde se ha mantenido una vida rural bastante visible. Aquí los palacios del siglo XVII conviven con explotaciones ganaderas, polígonos industriales y una red de caminos antiguos que, en parte, sigue el trazado de rutas mucho más viejas.
Obispos, linajes y control del territorio
Parte de la historia de Llanera aparece ya en documentos del siglo XII relacionados con la catedral de Oviedo y sus propiedades en el entorno. Durante siglos el cabildo ovetense tuvo un peso considerable en la administración del territorio, delegando funciones en representantes locales. Entre los linajes que aparecen con frecuencia en la documentación medieval y moderna están los Valdés.
La llamada Torre de los Valdés, en El Pico, suele situarse a finales del siglo XIV. No responde a la imagen de castillo que muchos imaginan: es una torre defensiva, de muros gruesos y vanos escasos, pensada más para vigilar y proteger que para residir con comodidad. El acceso elevado —algo habitual en este tipo de construcciones— permitía retirar la escalera en caso de conflicto. Desde su entorno se controlaba una vía interior que comunicaba Oviedo con el occidente asturiano, un corredor natural que siguió utilizándose durante siglos y por el que también terminarían pasando peregrinos rumbo a Santiago.
Palacios y arquitectura religiosa
El Palacio de Villanueva, en San Cucao, representa bien el poder civil que fue consolidándose a partir de la Edad Moderna. Se levantó en el siglo XVII vinculado a la familia Bernaldo de Quirós y responde a un modelo bastante reconocible en la arquitectura señorial asturiana: fachada ordenada, escudo heráldico visible y una escalera principal pensada para subrayar la posición social de la familia. Hoy el edificio tiene uso público. Más allá de eso, interesa como testimonio de cómo estas casas solariegas organizaron la vida económica de su entorno durante siglos.
Más discreta es la iglesia de Santiago de Arlos, cuya fábrica románica suele fecharse en el siglo XII, aunque con reformas posteriores. El ábside conserva elementos característicos, como los canecillos tallados bajo el alero, y la portada meridional mantiene arquivoltas de medio punto bastante sencillas. No es un templo monumental; su interés está en ver cómo el románico se adaptó a un ámbito rural con materiales locales y soluciones constructivas prácticas.
Un paisaje que guarda memoria
En Llanera la historia no siempre aparece en grandes edificios. A veces está en piezas pequeñas. En San Cucao, por ejemplo, la iglesia parroquial conserva lo que se conoce como el arca de los padrones, un cofre de madera donde durante siglos se guardaron censos y documentos de la comunidad parroquial. Parte del archivo conserva libros que se remontan varios siglos atrás.
En Cayés se conocen restos de hornos vinculados a la producción de cal. Son estructuras sencillas excavadas en el terreno que recuerdan una actividad muy extendida antes de la industrialización, cuando la cal era un material básico para la construcción y para algunos usos agrícolas.
El paisaje actual refleja esa superposición de épocas. Las quintanas tradicionales —casa, cuadra y huerto en torno a un pequeño patio— siguen apareciendo a lo largo de los caminos locales. En las zonas más llanas, cerca del Nora, dominan los prados de siega. No es un paisaje monumental, sino uno que se entiende observando cómo se distribuyen las casas, los cierres de piedra y las parcelas.
Un recorrido sencillo por el concejo
Para hacerse una idea del concejo basta con enlazar algunos de sus núcleos históricos, como San Cucao y Villanueva, siguiendo carreteras locales y caminos agrícolas. El recorrido no tiene grandes desniveles y atraviesa un territorio de pequeñas vegas y suaves colinas donde todavía se combinan huertas, prados y caserías dispersas.
El Camino de Santiago que cruza Llanera —parte del itinerario interior hacia Oviedo— atraviesa varias parroquias del concejo. Muchos peregrinos continúan sin detenerse demasiado, pero en los alrededores del trazado quedan iglesias rurales, torres antiguas y pequeños puentes que ayudan a entender por qué esta ruta acabó consolidándose por este valle.
Cómo llegar y cuándo ir
Llanera está muy cerca de Oviedo y bien conectada por carretera con el resto del área central de Asturias. En transporte público se puede llegar a algunos núcleos principales, aunque para moverse entre parroquias lo más práctico suele ser el coche.
La primavera cambia bastante el aspecto del valle del Nora, cuando florecen muchos de los frutales de la zona. Durante el verano varias parroquias celebran sus fiestas patronales, que atraen sobre todo a gente de los concejos cercanos.
En la cocina local siguen apareciendo productos muy ligados al mundo rural: embutidos curados, platos de cuchara hechos con compango y carne de ternera criada en explotaciones cercanas. Son recetas sencillas, de casa, que todavía se preparan siguiendo costumbres bastante antiguas.
Llanera no es un lugar de grandes monumentos ni de paisajes espectaculares. Tiene más interés cuando se observa como parte del interior asturiano: un territorio donde se mezclan agricultura, industria cercana y una red de aldeas que todavía conserva la estructura tradicional del campo. Aquí la historia aparece dispersa, a escala pequeña, integrada en la vida diaria.