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sobre Noreña
Capital chacinera de Asturias
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El turismo en Noreña empieza por la nariz. No es una metáfora: vas en el coche, todavía buscando el cartel del concejo, y ya notas ese olor a chorizo que se cuela por la ventanilla. Es el tipo de olor que te hace pensar en bocadillos contundentes y en sobremesas largas de domingo. Aquí el cerdo no es solo industria, es identidad. Tanto que en una rotonda del pueblo hay un monumento al gochu. Una estatua de un cerdo como si fuera un personaje histórico. Y, visto lo visto, casi lo es.
El pueblo que se comió el mapa
Noreña es pequeño, de esos que en el mapa aparecen como una mancha mínima entre concejos más grandes, pero con una densidad de gente que sorprende. Algo más de cinco mil vecinos y la sensación de que muchos se conocen entre ellos. Y si no se conocen, al menos se saludan.
Es ese tipo de sitio donde haces una pregunta en una tienda y acabas enterándote de media historia del pueblo. No con mala intención, más bien al revés: aquí la conversación todavía forma parte del día a día.
Cuando llegas al centro lo primero que suele llamar la atención es la Torre del Reloj. No es una torre monumental ni especialmente ornamentada, pero tiene esa presencia tranquila de los edificios que llevan mucho tiempo ahí. Dentro está la oficina de turismo, que probablemente sea de las más pequeñas que vas a ver. Entras, preguntas, y en cinco minutos ya tienes claro por dónde empezar a caminar.
La iglesia que fue creciendo con los siglos
La iglesia de Santa María es de esos edificios que se levantaron poco a poco. La base arranca en el siglo XVI, aunque con el paso de los siglos se fueron añadiendo partes y reformas. El resultado es un templo que no intenta impresionar, pero que tiene esa sensación de haber visto pasar generaciones enteras: bautizos, bodas, funerales… la vida del pueblo.
Muy cerca está el Palacio del Rebollín, una casa señorial que recuerda que Noreña tuvo épocas de bastante movimiento económico. No se visita por dentro (al menos cuando yo fui estaba cerrado), así que lo normal es rodearlo un poco y seguir camino.
El indiano y el quiosco
A principios del siglo XX regresaron a Asturias varios indianos con dinero ganado en América. En Noreña uno de los nombres que suele aparecer es el de Pedro Alonso, al que le atribuyen cosas como la traída de agua al pueblo o escuelas nuevas para la época.
Su nombre aparece en una plaza donde también hay un quiosco de música clásico: estructura metálica y aire decimonónico. Hoy no suena mucha música desde allí; funciona más como punto visual para sentarse alrededor.
La fiesta del pueblo que huele a sangre y cebolla
Si caes por aquí en primavera puede coincidirte con la fiesta del Picadillo y el Sabadiego. Es una celebración muy ligada a la tradición chacinera del concejo.
El sabadiego es un embutido hecho con sangre, magro y cebolla. Suena contundente —y lo es— pero cuando está bien hecho tiene algo adictivo; sabes cuando pruebas uno bueno porque al tercer bocado ya te parece normal comerlo.
También existe la Orden del Sabadiego: gente con capa organizando parte del festejo mientras promocionan su producto estrella (y beben sidra). Es folclórico pero auténtico; nadie finge estar allí solo para turistas.
¿Merece parar?
Depende completamente. Si buscas calles medievales o miradores espectaculares este no será tu sitio. Noreña tiene bloques bajos junto a casas antiguas; plazas donde charlan vecinos; comercios familiares vendiendo embutidos artesanales…
Pero tiene algo honesto. Quizás sea esa mezcla entre pasado indiano presente cada día gracias al chorizo recién hecho…
Mi consejo: Ven sin prisa alguna mañana. Aparca cerca del centro da vueltas por sus calles principales entra si puedes ver cómo huele dentro desde fuera… Luego compra sabadiego directamente donde lo hacen ellos mismos…
Después siéntate frente al quiosco vacío mordiendo tu bocata… Ahí entenderás todo mejor: No necesitas grandes monumentos cuando tienes historias reales contadas entre bocados…