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sobre Santo Adriano
Paso del Oso
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Hay valles por los que pasas en coche y, casi sin darte cuenta, levantas el pie del acelerador. No porque haya un radar, sino porque el paisaje te obliga a ir más despacio. El turismo en Santo Adriano empieza así: una carretera que se mete en el valle del Trubia y un entorno que parece ir a otro ritmo. Desde Oviedo se llega siguiendo la AS‑228. En poco rato el paisaje cambia y el río empieza a mandar.
Santo Adriano es pequeño. Muy pequeño. Aquí no vienes buscando plazas monumentales ni edificios que llenen una postal. Lo que hay es otra cosa: prados, monte cercano y pueblos que parecen colocados donde tocaba, sin demasiada ceremonia.
La iglesia de Santo Adriano de Tuñón es lo que más se menciona cuando alguien habla del concejo. Forma parte de ese románico temprano asturiano que aparece en muchos manuales. El edificio suele verse cerrado fuera de momentos concretos, así que conviene comprobar antes si coincide con alguna apertura o visita. Aun así, el entorno ya explica bastante: piedra antigua, el río cerca y bastante silencio alrededor.
El desfiladero de las Xanas: el paseo más conocido
Si hay un sitio que concentra a la mayoría de gente que llega hasta aquí es el desfiladero de las Xanas. El sendero está excavado en la roca caliza y avanza pegado a la pared, con el valle abriéndose debajo.
No es una caminata complicada, pero tampoco es un paseo urbano. Cuando ha llovido la humedad se nota en la piedra y algunos tramos estrechos piden pisar con cabeza. Llevar calzado con buen agarre ayuda bastante. Y sí, pasa lo de siempre: empiezas pensando que será un paseo rápido y al final te entretienes mirando las paredes del desfiladero, el río al fondo o cualquier detalle del camino.
El río Trubia y los paseos sin plan
El río Trubia atraviesa buena parte del concejo. A su alrededor aparecen prados húmedos y pequeñas manchas de bosque. No es raro ver a gente caminando sin ruta marcada, simplemente siguiendo caminos locales o pistas.
Son de esos paseos que no necesitan mucha preparación. Aparcas, caminas un rato y te sientas cerca del agua si apetece. A veces eso es todo.
Quien lleve caña de pescar encontrará tramos donde el río tiene buena pinta. Eso sí, aquí la pesca está regulada y las normas cambian según la temporada y la zona. Antes de intentarlo conviene revisar qué está permitido en ese momento.
Otoño, setas y vida tranquila
Cuando llega el otoño el monte alrededor del valle empieza a moverse un poco más. Aparecen buscadores de setas, normalmente gente que ya conoce bien la zona. No verás grandes concentraciones ni nada parecido. Suele ser algo discreto.
También es época de castañas. En muchos pueblos del concejo se asan en casa, entre vecinos o familia. No hay grandes montajes; más bien brasas, conversación y humo saliendo por alguna ventana.
Cómo moverse por el concejo
La carretera que recorre el valle es sencilla de seguir, pero no invita a correr. Hay curvas, maquinaria agrícola de vez en cuando y tramos donde el firme acusa el tiempo y la lluvia. Conducir tranquilo aquí no es mala idea.
Aparcar en los pueblos pequeños suele ser cuestión de buscar un hueco junto a la carretera o en alguna zona abierta. Nada especialmente complicado, aunque en fines de semana con buen tiempo el entorno del desfiladero de las Xanas se anima bastante.
Cuándo acercarse
Primavera y otoño suelen enseñar el valle en su mejor momento: verde intenso, agua corriendo con fuerza y temperaturas suaves para caminar.
En verano también se puede venir, aunque el desfiladero guarda el calor más de lo que parece. Si el día aprieta, empezar temprano ayuda.
Una parada breve que encaja bien en la ruta del Trubia
Santo Adriano no es un sitio para llenar una agenda entera. Es más bien una parada dentro del valle del Trubia, de esas que encajan bien entre paseo y paseo.
Si vas justo de tiempo, Tuñón sirve como punto de partida. Caminas un rato por el entorno del río, miras la iglesia y sigues camino. Y si el día viene largo, entonces sí: te metes en las Xanas y dejas que el valle marque el ritmo.
No hace falta mucho más. Aquí el plan suele ser sencillo: caminar un poco, mirar alrededor y dejar que el silencio haga el resto.