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sobre Siero
Corazón festivo de Asturias
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Los martes en Pola de Siero huele a ganado y a sidra. No es una metáfora. Lo notas al bajar del coche. Ese día entiendes rápido cómo es el turismo en Siero. Aquí no gira en torno a miradores ni a cascos históricos. Gira alrededor de la vida diaria.
El mercado de ganado mueve medio concejo. Camiones, remolques y corrillos por todas partes. Pasan vaqueros con botas manchadas de barro. También gente curiosa que ha venido a mirar. Todo se mezcla.
Martes de feria y otras religiones
El truco es llegar temprano. Cuando el día ya está avanzado, muchos tratos están hechos. Entonces la conversación se traslada a los bares.
El ambiente recuerda a una verbena, pero a plena mañana. Hay quien viene directo de la cuadra. Otros llegan con ropa de oficina. Comparten mesa igual.
Si visitas el mercado y no entras a tomar una sidra, te pierdes media escena. Mucha charla importante ocurre dentro. De pie, con el vaso en la mano.
El resto de la semana Pola respira más tranquila. Aun así sigue siendo el centro de la comarca. Es ese tipo de lugar donde acabas resolviendo recados: farmacia, banco, ferretería, cine… todo cae aquí.
Lugones tiene más población, pero La Pola funciona como capital comarcal. La zona peatonal siempre tiene movimiento; sabes que estás en un sitio vivo porque ves gente haciendo cosas normales.
Llanura, ganado y un palio que no es palacio
Siero es bastante llano para ser Asturias, lo cual ya dice mucho. Los ciclistas lo agradecen: pueden rodar sin encadenar cuestas cada cinco minutos.
Pero no todo es pradera perfecta para postales verdes. Al norte el terreno empieza a levantarse. Desde el Pico Fariu, si el día acompaña (y eso no siempre pasa), se ve buena parte de la costa central.
Entre medias aparecen pueblos pequeños: Argüelles, Meres, Aramil. Son nombres que escuchas mucho por aquí; son los sitios donde vive la gente que mantiene esto.
Algunas casas grandes siguen en pie como testigos silenciosos del pasado agrario más boyante. Otras muestran tejados caídos y jardines salvajes. El Palacio de Meres se conserva bien desde fuera; a veces el portón está abierto y se ve el patio interior vacío y silencioso. No esperes paneles ni explicaciones ni tienda de souvenirs; aquí las cosas son o no son.
Románico y caleya: lo que no está en la foto
La iglesia de San Esteban de Aramil es románica y está justo junto a la carretera. La mayoría pasa por delante sin detenerse; parece otro elemento del paisaje.
La portada tiene un arco curioso; los canecillos parecen figuras sacadas de otro tiempo. El interior suele estar cerrado con candado.
Con algo de suerte alguien del pueblo aparece con la llave. Dentro huele a piedra húmeda y cera vieja; la luz entra suave por el rosetón y te das cuenta del silencio absoluto.
Los castros del concejo requieren un poco más de ganas y fe. El del Picu Castiello obliga a subir caminando por un sendero que puede estar embarrado si ha llovido (que suele).
El de Les Muries está señalizado, aunque el cartel ya acusa los años. No hay recreaciones ni centros de interpretación brillantes; solo montículos cubiertos de hierba y unas vistas honestas sobre los valles.
Si te paras un rato sin esperar espectáculo, la cabeza hace el resto: imaginas cómo sería vivir aquí antes de las carreteras actuales.
Rutas que se hacen sin pensarlo mucho
Entre Pola y Lieres hay un camino sencillo; son unos siete kilómetros por pista ancha. Mucha gente lo hace caminando o en bici porque está ahí; no porque sea una ruta famosa.
Los domingos suele haber bastante movimiento: familias, corredores solitarios, perros que aparecen de la nada persiguiendo nada.
El Camino de Santiago que viene por Gijón también cruza el concejo. Muchos peregrinos paran a dormir en La Pola porque les cuadra la etapa; se les reconoce fácil por esa cara entre cansancio y propósito, con la mochila apoyada en cualquier banco mientras consultan el móvil.
De la fabada al bollo
En Siero se come como en buena parte del centro de Asturias: sin adornos ni florituras. La fabada manda cuando toca festín dominguero o comida importante.
Cada casa defiende su receta: cambia el punto del compango o las horas exactas al fuego lento. Pero nadie discute el resultado final: contundente y reconfortante como un buen abrazo invernal.
Los bollos preñaos son ese alimento práctico que aparece en romerías y fiestas locales: pan con chorizo dentro calentito. Se comen templados y casi siempre de pie mientras miras alrededor; son comida funcional para seguir con el día festivo sin parar demasiado tiempo sentado…
La carne gobernada también es habitual en menús diarios entre semana: ternera guisada lentamente hasta deshacerse junto al pimiento morrón dentro una salsa espesa que pide pan para remojarla hasta dejar limpio plato…
Y luego está obviamente… ¡la sidra! El concejo tiene muchos llagares repartidos discretamente entre sus parroquias rurales… A veces organizan espichas abiertas donde bebes sidra recién sacada directamente desde toneles enormes mientras picoteas algo sencillo alrededor…
Nada decorados impostados para turistas aquí tampoco… Solo toneles reales usados cada temporada junto conversación alta entre gente conocida desde toda vida compartiendo espacio común temporalmente…
Consejo práctico final
Si puedes elegir día para venir prueba acercarte cualquier martes por mañana temprano todavía… Da vuelta completa alrededor mercado ganadero observando tranquilamente sin prisa… Es retrato fiel bastante exacto sobre qué mueve realmente este territorio profundamente agrario todavía hoy…
Después simplemente pasea tranquilamente calles principales dentro misma villa llamada “La Pola”… En menos diez minutos caminando sales completamente núcleo urbano comenzando inmediatamente carreteritas secundarias rurales estrechas flanqueadas setos verdes altísimos…
Prueba tirar dirección pequeña parroquia Aramil siguiendo curso río Nora aguas arriba… Cambio paisaje llega rápido inmediato apenas abandonas última rotonda… Casitas dispersarse espaciándose apareciendo valle tranquilo fondo donde sonido agua corriente mezcla constantemente cencerros vacas pastando lejos…
Ahí comprendes otra parte esencial verdadera sobre qué significa realmente vivir dentro concejo llamado SIERO… No solo bullicio ferial martinero sino también campo silencioso trabajado sosteniéndolo todo desde atrás permanentemente…