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sobre San Martín del Rey Aurelio
Historia minera viva
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San Martín del Rey Aurelio tiene algo de esos sitios que, desde la carretera, parecen una cosa… y cuando paras el coche descubres otra. Me pasó en El Entrego: olor a café de máquina y a pan recién hecho a primera hora, gente entrando y saliendo de las panaderías, y de repente un pozo de mina convertido en mirador. Es como cuando te sirven fabada en un plato moderno de esos minimalistas: el contenido es el de siempre, pero el contexto te descoloca un poco.
El valle que fue cortijo de reyes y despacho de carbón
San Martín del Rey Aurelio es ese tipo de lugar que en el mapa parece una mancha industrial más del Nalón y luego resulta que lleva siglos acumulando historia. El nombre viene del rey Aurelio, que gobernó Asturias en el siglo VIII y, según la tradición, murió y fue enterrado aquí. En la iglesia de San Martín se conserva un sepulcro que se asocia con él, aunque no es de esos sitios convertidos en atracción monumental: entras, miras alrededor y la vida del pueblo sigue a lo suyo.
Lo interesante es entender que este valle ha ido cambiando de oficio muchas veces. Primero ganadería y pequeños núcleos rurales, luego presencia romana en la zona —se habla de rutas que conectaban con el interior por el puerto de Tarna—, más tarde territorio ligado a la corona asturiana… y finalmente la minería, que fue la que moldeó el paisaje que ves hoy.
Si levantas la vista lo entiendes rápido: monte bajo, casas de ladrillo, alguna chimenea industrial, otra vez monte. Como si alguien hubiera ido superponiendo capas de época sin borrar la anterior.
Cinco rutas para quien se cansa del cartel de "no pises la hierba"
Hace años el ayuntamiento señalizó varias rutas que enlazan pequeñas iglesias y capillas repartidas por el concejo. No es la típica ruta monumental con catedrales; aquí hablamos de templos pequeños, algunos muy antiguos y otros reconstruidos mil veces.
La de San Roque, en Blimea, suele mencionarse porque en la zona aparecieron enterramientos medievales. Luego están lugares como la ermita de Santo Toribio en Cocañín, discreta hasta el punto de que desde lejos parece casi una caseta, o la capilla del Cristo de la Paz, cuya historia está ligada a la actividad minera de la zona y a reconstrucciones posteriores.
Lo bueno de estas rutas es lo que hay entre medias. Caminos tranquilos, huertas, gente que pasa con la bolsa del pan y te saluda aunque no te conozca. Eso sí: calzado cómodo. Algunas cuestas tienen ese estilo muy Nalón, que empieza suave y cuando te das cuenta ya estás resoplando.
Callos con nabo y otros inventos para sobrevivir al invierno
La cocina aquí tiene bastante lógica si piensas en el clima y en la vida minera: platos contundentes y de cuchara. Los navos callos (callos con nabo) suenan raros la primera vez que lo lees, pero después de una caminata entran solos.
También son muy típicas las casadielles, dulces fritos o al horno con nuez, anís y azúcar. De esos que desaparecen del plato mientras la conversación sigue.
En Blimea se celebra todos los años una fiesta gastronómica dedicada a los pimientos rellenos, bastante conocida en la cuenca. Suele ser en invierno, cuando el pueblo se llena de gente y el olor a pimiento y guiso se nota nada más bajar del coche.
Aquí lo normal es comer donde come la gente del valle. Preguntas y alguien te señala un comedor o una casa de comidas sin demasiadas vueltas. El menú depende del día: potaje, estofado, fabada… lo que toque en la olla.
Cómo visitar un pueblo que no ha leído el manual del turismo
Llegar es sencillo siguiendo el valle del Nalón desde Oviedo o desde la zona de Langreo. La carretera va pegada al río y enlaza varios pueblos mineros hasta que aparece El Entrego, que funciona como uno de los núcleos principales del concejo.
Para empezar la visita, una buena referencia es la zona del pozo Santiago, donde hay miradores y paneles que explican cómo funcionaban las explotaciones mineras. Desde ahí puedes moverte a pie por el casco urbano o coger el coche para acercarte a otros pueblos del concejo como Sotrondio o Blimea.
Aquí no conviene viajar con mentalidad de horarios turísticos. Algunas iglesias abren cuando hay alguien que tenga la llave, el dolmen de Campa L’Españal está en el monte sin más infraestructura, y si quieres ver ciertos edificios históricos a veces toca preguntar antes en el ayuntamiento o en la parroquia.
¿Mejor momento para venir? Cualquier día en que el valle te regale una tregua de lluvia. En verano hay ambiente porque vuelve mucha gente que tiene familia aquí. En invierno, si coincide alguna fiesta gastronómica o celebración local, el pueblo se anima bastante.
Mi consejo de amigo: ven sin prisa. Tómate un café en El Entrego, sube a ver el dolmen si te apetece caminar un poco y luego baja a comer algo caliente en el valle. San Martín del Rey Aurelio no es un sitio que te deslumbre a primera vista. Es más bien de esos lugares que, cuando llevas un rato, empiezas a entender.