Artículo completo
sobre Boal
Tierra de miel y emigrantes
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el occidente asturiano, entre valles verdes y aldeas de piedra, Boal va a otro ritmo. Con unos 1.500 vecinos y paisajes de monte y pradera, es un concejo para caminar sin prisa, fijarte en los hórreos, escuchar el río y acabar charlando con cualquiera en la plaza.
Qué ver en Boal
- Casa Museo de los Fernández-Villaamil: en un palacio del siglo XVI; reúne piezas etnográficas y arte sacro que ayudan a poner contexto a la vida rural de la zona.
- Iglesia parroquial de San Andrés y ermitas repartidas por el concejo (San Roque, Santiago…): arquitectura sencilla, de las que se descubren sin plan.
- Aldeas tradicionales: Doiras, Serandinas o Castrillón conservan hórreos, paneras, molinos y casas de piedra que siguen en uso.
- Castañedos: en otoño ganan protagonismo, pero en cualquier época dan sombra y un ambiente de bosque de verdad.
Qué hacer
- Caminar por senderos locales que enlazan aldeas y riberas. La ruta de los molinos junto al río Boal es una buena manera de ver cómo se aprovechaba el agua.
- Micología en temporada, con conocimiento o acompañado: aquí el monte es generoso, pero conviene ir con respeto.
- Comer cocina de pueblo: producto de la tierra, embutidos, quesos, caza cuando toca y castañas en temporada.
Si solo tienes 2 horas
- Pasea por el entorno del núcleo de Boal y fíjate en los hórreos y la piedra de las casas.
- Acércate a la Casa Museo de los Fernández-Villaamil (si te cuadra abierta) y completa con una vuelta corta por algún camino cercano al río.
Errores típicos
- Calcular mal los tiempos: en el mapa todo parece cerca, pero las carreteras son de montaña.
- Ir con el pago justo: no en todas partes se paga con tarjeta.
- Estrenar calzado o ir con suela lisa: el firme puede estar húmedo e irregular.