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sobre Salas
Joya del Camino Primitivo
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Hablar de turismo en Salas obliga a empezar por el Camino Primitivo. La ruta entra en la villa cruzando el puente medieval sobre el Nonaya y sigue por la calle Real, un eje que durante siglos ha canalizado la llegada de peregrinos. Quien baja del puerto de El Pedrón encuentra aquí el último núcleo grande antes del largo tramo de monte que lleva hasta Tineo. La trama del pueblo se entiende bien desde esa función: calles estrechas que convergen hacia la plaza, casas con escudos familiares y una iglesia con aspecto casi defensivo.
La estrategia del valle
Salas ocupa un punto delicado del occidente asturiano. Aquí el valle se estrecha antes de abrirse hacia la vega de Cornellana, y durante mucho tiempo quien controlaba este paso controlaba los caminos que conectaban Galicia con el interior de Asturias.
Por eso el castillo se levanta sobre un promontorio de roca caliza que domina el caserío. La fortaleza que vemos hoy es en lo esencial del siglo XIV, aunque la documentación menciona una construcción anterior ya en época altomedieval. Los Fernández de Valdés, señores de la zona, la transformaron en residencia nobiliaria. La torre del homenaje —alta y muy visible desde cualquier punto del valle— marca todavía la silueta de la villa. Desde arriba se entiende bien cómo creció el pueblo: calles que se curvan siguiendo la ladera y se agrupan alrededor del castillo.
A pocos metros está la Colegiata de Santa María la Mayor. El edificio actual corresponde en gran parte al siglo XVI, pero conserva elementos anteriores, como una pila bautismal románica. En el interior hay un retablo renacentista y varios enterramientos vinculados a linajes locales. La torre-campanario, adosada al templo, cumplía más funciones que la litúrgica: reloj público, punto de vigilancia y, en caso necesario, refugio. En villas con cierta importancia estratégica no era algo raro.
El monasterio que cambió el valle
A unos seis kilómetros del núcleo principal, en Cornellana, se encuentra el monasterio de San Salvador. La infanta Cristina, hija del rey Bermudo II de León, lo fundó en 1024 para establecer una comunidad benedictina. El lugar no se eligió al azar: la confluencia del Narcea y el Nonaya ha sido desde antiguo un cruce natural de caminos y tierras fértiles.
Durante la Edad Media el monasterio llegó a controlar un amplio territorio, con iglesias dependientes, granjas, molinos y pastos. En el siglo XII pasó a la órbita de Cluny, lo que reforzó su influencia en toda la zona. Hoy se conservan la iglesia románica, el claustro y varias dependencias monásticas. La portada occidental, con arquivoltas esculpidas, suele mencionarse entre los ejemplos más cuidados del románico asturiano.
Cornellana vivió durante siglos en torno al monasterio y al río. El Narcea es conocido por su tradición salmonera, y la pesca ha marcado la vida local. Cerca del cauce se encuentra también el llamado tejo de Salas, un ejemplar muy antiguo —de gran porte y perímetro considerable— que suele citarse entre los árboles singulares del concejo. No es descabellado pensar que ya estuviera aquí cuando el monasterio comenzó a organizar el valle.
Los carajitos y otras historias
A comienzos del siglo XX, un profesor nacido en Salas ideó un dulce sencillo a base de almendra, clara de huevo y azúcar. Lo horneó hasta que la masa quedó crujiente y empezó a servirlo con el café. Con el tiempo aquellos bocados acabaron conociéndose como carajitos y hoy forman parte de la identidad del concejo. Se siguen elaborando de manera artesanal en distintos obradores de la villa.
La cocina local responde bastante bien al paisaje que la rodea. El río aporta truchas y salmones; los montes cercanos, caza y setas en temporada; y las huertas del valle completan la despensa con productos de temporada. En otoño suele celebrarse una feria de ambientación medieval que llena las calles de puestos y recreaciones históricas con mayor o menor rigor, pero con bastante presencia de productos de la zona.
Caminar por donde se ha caminado siempre
El Camino Primitivo atraviesa el concejo de este a oeste. Entre el puerto de El Pedrón y la entrada en Tineo hay alrededor de veinticinco kilómetros de recorrido que alternan pistas forestales, viejos caminos de herradura y algunos tramos de asfalto.
Uno de los puntos más exigentes es la subida hacia el Alto del Fresneo después de Cornellana, con bastante desnivel en pocos kilómetros. A cambio, hay secciones más tranquilas, como los tramos que siguen el valle del Nonaya entre bosque y prados.
Quien prefiera pasear sin hacer una etapa completa puede moverse por los alrededores de la villa. Desde los caminos que suben hacia el castillo se obtiene una buena vista del conjunto urbano y de su disposición medieval. También hay rutas que se acercan al tejo y otras que llevan hasta Malleza, conocida por sus casas de indianos levantadas con dinero de la emigración a América.
Cómo llegar y cuándo
Salas se encuentra a menos de una hora en coche de Oviedo por la A‑63. También se puede llegar por carretera desde la costa o desde Galicia siguiendo los ejes principales del occidente asturiano. Hay conexiones regulares de autobús con varias ciudades de la región, aunque los horarios conviene revisarlos con antelación.
El casco histórico se recorre con facilidad a pie. A la entrada del pueblo hay zonas donde dejar el coche y desde ahí se tarda pocos minutos en llegar al centro. El castillo, la colegiata y el monasterio suelen tener horarios de visita variables según la época del año, así que lo prudente es comprobarlos antes de acercarse.
Y si pasas por Salas, es fácil reconocer los carajitos: suelen verse en los escaparates de las pastelerías, guardados en latas metálicas. Llevan más de un siglo haciéndose prácticamente igual. Aquí siguen formando parte de la rutina diaria, no solo de los recuerdos de viaje.