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sobre San Martín de Oscos
Reserva de la Biosfera
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A primera hora, cuando todavía no se oye ningún coche, las calles de San Martín de Oscos tienen ese silencio húmedo de los pueblos de interior. Las hojas crujen bajo los pies y, a lo lejos, algún gallo rompe la quietud. La luz entra poco a poco entre las cubiertas de pizarra y los muros de piedra oscura. El aire suele oler a tierra mojada, sobre todo después de una noche de lluvia, algo bastante habitual en esta parte del occidente asturiano.
San Martín de Oscos —uno de los tres concejos que forman la comarca de Los Oscos— se reparte entre valles suaves y laderas cubiertas de robles y castaños. El río Agüeira baja encajado entre prados y bosques, marcando el ritmo de un territorio donde la actividad agrícola y ganadera sigue muy presente. La diferencia con la costa asturiana, mucho más transitada, se nota enseguida: aquí los pueblos son pequeños, las carreteras estrechas y las distancias se miden más por curvas que por kilómetros.
Mirar sin apuro: qué descubrir en San Martín de Oscos
En este concejo no hay un único punto que concentre todo. Las aldeas aparecen dispersas por el valle, muchas en pequeñas laderas donde las casas parecen apoyarse unas en otras para ganar espacio. Muros de piedra gruesa, corredores de madera oscurecida por los años y tejados de pizarra que cambian de tono según la luz del día.
Los hórreos y paneras siguen formando parte del paisaje cotidiano. Algunos tienen las losas de pizarra gastadas por décadas de lluvia; otros conservan tallas sencillas en la madera o cierres que muestran cómo se protegía el grano de la humedad y de los animales. Si te fijas un poco, verás también huertas pequeñas junto a las casas y cercados donde todavía se crían ovejas o cabras.
Entre una aldea y otra el paisaje cambia rápido: prados abiertos, manchas de bosque y regueros que cruzan los caminos. Después de varios días de lluvia —algo frecuente en otoño— el agua aparece por todas partes: fuentes, cunetas que gotean y pequeños arroyos que cruzan los senderos.
Caminos que unen historias
La mejor manera de entender San Martín de Oscos es caminar. Muchos de los caminos que hoy se usan para pasear fueron durante décadas las conexiones entre aldeas: senderos de tierra, tramos empedrados y pasos estrechos entre prados.
Algunas rutas están señalizadas, aunque la señalización no siempre es abundante. Llevar un mapa descargado o un GPS sencillo ayuda bastante, sobre todo si decides enlazar varios caminos. Las distancias parecen cortas sobre el papel, pero las subidas constantes hacen que el paseo se alargue.
El terreno suele estar húmedo gran parte del año, así que el calzado con buena suela marca la diferencia. En otoño el bosque se llena de setas —es fácil ver gente con cesta en los bordes del camino—, pero conviene recordar que muchos prados y montes tienen dueño. Si una finca está cerrada, lo prudente es no entrar.
A la hora de comer, la zona mantiene una cocina muy ligada a lo que se produce cerca: quesos de la comarca, embutidos caseros, huevos de casa o pan recién hecho. En pueblos tan pequeños los horarios pueden ser variables, así que no está de más preguntar antes o reservar si se piensa comer con calma.
Lo que conviene saber antes de visitar
Sobre el mapa parece que todo está cerca, y en cierto modo lo está. Pero las carreteras de Los Oscos son estrechas y con muchas curvas, de esas en las que el paisaje se abre de repente después de un giro cerrado. Conviene conducir sin prisa y contar con que los trayectos llevan más tiempo del que indica el GPS.
La cobertura móvil suele fallar en algunos valles. Descargar los mapas antes de llegar evita depender del teléfono cuando el valle se cierra y desaparece la señal.
Si puedes elegir momento, las primeras horas de la mañana o el final de la tarde cambian bastante la percepción del lugar. La luz baja resalta el gris de la pizarra y el verde oscuro de los prados. A mediodía, en cambio, todo queda más plano.
Dos horas para entenderlo
Con un par de horas se puede recorrer el núcleo principal y acercarse a alguna aldea cercana. Basta caminar sin rumbo fijo por las calles tranquilas, fijarse en las fachadas de piedra y asomarse a los caminos que bajan hacia el valle del Agüeira.
El río se escucha antes de verse. Cuando el sendero se acerca al agua, el paisaje se vuelve más fresco y sombrío, con alisos y helechos creciendo junto a la orilla. Es uno de esos lugares donde uno se queda un rato sin hacer nada, simplemente escuchando el agua bajar entre las piedras.
Errores habituales
Uno bastante común es aparcar donde parece haber hueco sin pensar que ese paso puede ser la entrada a una finca o el giro que necesita un tractor. En pueblos pequeños cada espacio tiene su función, así que conviene dejar el coche en zonas despejadas y caminar un poco.
Otro error es subestimar el clima. La niebla puede entrar rápido por los valles y la lluvia cambia el terreno en cuestión de minutos. Un chubasquero ligero y calzado con buen agarre suelen ser más útiles aquí que cualquier plan demasiado apretado.
San Martín de Oscos no se entiende a golpe de parada rápida. Se va revelando poco a poco: en un camino entre prados, en el sonido del río al fondo del valle, en esa forma tranquila que tiene el lugar de dejar pasar las horas.