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sobre Santa Eulalia de Oscos
Cuna del turismo rural
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En el occidente de Asturias, donde la niebla entra y sale de los valles y las aldeas se cosen con caminos viejos, está Santa Eulalia de Oscos (unos 450 habitantes). A unos 550 metros de altitud y cerca de la frontera natural con Galicia, el concejo se reparte en casas y caseríos entre praderas, soutos y manchas de bosque. Aquí manda el ritmo rural: poco ruido, distancias largas y un paisaje que cambia a cada curva.
Qué ver en Santa Eulalia de Oscos
El núcleo principal gira alrededor de la iglesia parroquial de Santa Eulalia, sobria y sin alardes, de las que se miran mejor con un rato de calma.
Lo más agradecido es la arquitectura popular. En aldeas como Pumares, Villamartín y Curriellos aparecen casas de piedra con corredores de madera, patines y muros de mampostería. Los hórreos y paneras siguen marcando el paisaje, casi siempre donde estuvieron siempre.
Repartidos por ríos y regatos quedan molinos hidráulicos: algunos restaurados, otros medio escondidos. Pasear cerca del agua ayuda a entender de qué iba la vida aquí: aprovechamiento, paciencia y trabajo a escala humana.
Qué hacer
Hay senderos que enlazan aldeas por pistas y caminos antiguos, con puentes de piedra y claros desde los que se abren los valles. La Ruta de los Oscos recorre este territorio compartido con Villanueva y San Martín, y sirve para orientarse.
En otoño, el concejo atrae a quien busca setas: conviene recolectar con conocimiento y respeto.
La cocina local es la de montaña: productos de la matanza, ternera, castañas y repostería casera, pensada para días de caminata y tiempo fresco.
Mejor época
- Primavera y otoño: luz suave, verde a tope y temperaturas cómodas para caminar.
- Invierno: días cortos y humedad; si vas, cuenta con frío y caminos más lentos.
- Verano: se agradece el fresco, pero conviene madrugar para pasear sin prisas y con mejor cielo.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a pie por el núcleo de Santa Eulalia, fijándote en hórreos, corredores y la piedra de las casas.
- Acércate a Pumares, Villamartín o Curriellos y camina un tramo por los caminos entre prados y bosque.
- Asómate a un molino en algún regato cercano y vuelve con calma: aquí las distancias engañan.