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sobre Tapia de Casariego
La meca del surf asturiano
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Deja el coche en las calles anchas del pueblo, cerca del puerto o de la playa. En julio y agosto se ocupan pronto, pero no es un infierno como en otras villas marineras. Todo está a cinco minutos andando. Si vienes solo por el día, con eso basta.
La playa y el surf
Aquí el surf no es una moda reciente. Llegó en los sesenta con un australiano que vio olas serias y se quedó. La anécdota la cuentan todos. Ahora verás tablas atadas a coches y furgonetas todo el año.
La playa Grande es la principal. Arena fina, abierta al norte, con duchas y socorristas en temporada alta. Cuando hay mar, las olas rompen con fuerza. Los surfistas entran al agua al amanecer. En verano se llena de clases para principiantes; en invierno solo quedan los locales.
A un lado está el paseo del puerto. Al otro, las rocas de San Blas y el faro blanco. Es la foto que todo el mundo hace.
Un puerto que huele a pescado
Esto no es un decorado. Por la mañana entran barcos y descargan en la lonja: bonito, pulpo, merluza… lo que haya cogido esa noche. Se puede ver desde la barrera metálica sin molestar.
El resto del día hay movimiento constante: gente remendando redes, furgonetas cargando cajas, vecinos que bajan a mirar cómo está el mar. A mediodía las terrazas junto al muelle se llenan de raciones de pescado fresco a la plancha.
Caminos sobre el acantilado
Desde el final de la playa sale un sendero costero hacia Castropol. Va entre prados y eucaliptos, siempre con vistas al Cantábrico. No tiene desnivel fuerte, pero si ha llovido se pone embarrado; lleva calzado que no resbale.
En días despejados se ve la línea de costa de Galicia al fondo. Hay calitas entre las rocas donde algunos se bañan cuando no hay oleaje, aunque bajar requiere cuidado.
También hay rutas tierra adentro hacia castros como los de El Figo o La Reigada. Son pistas forestales con cuestas; si hace calor se nota.
El casco: indianos y maíz
El centro urbano son unas pocas calles en pendiente con casas grandes de indianos y edificios públicos del siglo XIX. No da para más de media hora de paseo tranquilo.
Cerca está el palacio de Cancio-Donlebún donde vivió Gonzalo Méndez de Cancio, gobernador de Florida a finales del siglo XVI (no XVII). Trajo las primeras semillas de maíz a Asturias desde América; luego su cultivo cambió buena parte del campo asturiano durante siglos. Ese maíz sigue presente aquí: tortos escandaos o pan moreno son habituales en mesas locales.
Cuándo viene gente
En verano Tapia recibe familias y surfistas durante semanas seguidas; también suele haber algún festival musical que anima las noches. El resto del año vuelve a su ritmo normal: fiestas patronales pequeñas (San Blás en febrero), procesiones marineras… cosas más para vecinos que para visitantes ocasionales. Tapia puede verse bien en un día completo sin agobios: paseo por puerto-playa-acantilados-comer algo fresco mirando al agua… Si buscas tiendas o marcha nocturna intensiva mejor vas hacia otros sitios costeros mayores como Ribadeo o Navia porque aquí lo fuerte sigue siendo mirar hacia fuera donde rompen esas olas grises contra rocas negras mientras comes tu ración sencilla sentado fuera bajo nubes bajitas pasando rápido sobre tu cabeza sin avisar mucho antes empezar otra vez gotear otra vez parar otra vez salir sol débil apenas calienta ya tarde temprano anochecer siempre igual aquí siempre igual bueno si te gusta claro sí claro gusta mucho sí claro gustamos nosotros también claro sí claro