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sobre Valdés
La Villa Blanca de la Costa Verde
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A orillas del Cantábrico, el concejo de Valdés enseña una costa recortada, de acantilados serios y calas que aparecen de golpe entre prados. Sus casi 11.500 habitantes se reparten entre parroquias y pueblos donde mandan el mar y los valles verdes. La capital, Luarca, concentra bien ese pulso marinero: puerto, cuestas, miradores y vida cotidiana sin prisas.
Valdés se disfruta a ritmo lento: un paseo por el muelle, un mirador cuando cae la tarde, una caminata corta entre verde y sal. Y, si acompaña, baño (o al menos remojar los pies) en una playa resguardada.
Qué ver en Valdés
En Luarca, el casco histórico y el puerto pesquero piden una vuelta tranquila. El puente del Beso es uno de los puntos más fotografiados, y la ermita de la Virgen Blanca, en La Atalaya, abre una panorámica amplia de la villa y la línea de costa. Cerca, el cementerio de Luarca, asomado al mar, deja esa mezcla de calma y horizonte que se recuerda.
En arquitectura religiosa, la iglesia de Santa Eulalia reúne elementos antiguos y reformas posteriores. También hay patrimonio civil como el Palacio de los Marqueses de Gamoneda.
En la franja costera, la playa del Silencio es la imagen más conocida: una cala encajada entre paredones, con acceso a pie en bajada (y la vuelta se nota). Otras opciones: Cueva, Otur o Barayo (Reserva Natural compartida con Navia), cada una con ambiente distinto.
Para horizonte y viento, Cabo Busto y Cabo Vidío: dos balcones naturales al Cantábrico.
Qué hacer
El Camino de Santiago de la Costa cruza el concejo y encadena tramos agradecidos junto al mar. También hay senderos que conectan playas y cabos; conviene mirar el parte y llevar calzado que agarre, porque la humedad aquí es parte del paisaje.
En la mesa manda el producto del mar: pescado y marisco, y también cocina asturiana de cuchara cuando refresca, con sidra natural.
La observación de aves marinas encuentra buen escenario en los acantilados, especialmente en pasos migratorios.
Fiestas y tradiciones
A finales de agosto, Luarca celebra San Timoteo. La Semana Santa también cuenta con procesiones ligadas al entorno marinero. En verano, muchas parroquias celebran fiestas patronales: buena ocasión para ver el concejo en modo local.
Información práctica
Desde Oviedo se llega por la A-63 y después la AS-12, o por la N-634 si vienes costeando.
El clima atlántico manda: incluso en verano, una capa ligera y algo para la lluvia suelen tener sentido.
Las mareas condicionan el acceso y la comodidad en algunas playas; consultar tablas de mareas ayuda a evitar sustos.
Si solo tienes 2 horas
- Luarca a pie: puerto, casco antiguo y subida (con calma) a La Atalaya para las vistas.
- Remate con el cementerio de Luarca si te apetece un mirador silencioso sobre el mar.
- Si sobra tiempo y no hay bruma cerrada: acércate a un cabo cercano (Busto o Vidío) para ver la costa en grande.
Errores típicos
- Bajar a una cala sin pensar en la vuelta: algunas bajadas son fáciles, la subida no tanto.
- Ir a la playa del Silencio en horas punta de verano: se llena y se pierde parte de la gracia.
- Olvidar las mareas: cambia mucho el espacio útil de algunas playas y el acceso por rocas.
- Asomarse a acantilados con suelo húmedo o con rachas de viento: aquí resbalar es más fácil de lo que parece.
- Confiar en aparcar “al lado” en calas famosas en verano: mejor contar con caminar un poco y no bloquear accesos.