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sobre Villayón
El concejo de las cascadas
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En el occidente de Asturias, entre valles y media montaña, Villayón es de esas Asturias rurales tranquilas y muy dispersas. Con alrededor de 1.200 habitantes repartidos en aldeas, aquí el viaje tiene mucho de carreteras estrechas, praderías, castañares y caseríos donde la arquitectura tradicional sigue teniendo sentido: hórreos, paneras y alguna casona con escudo que recuerda tiempos más boyantes.
Qué ver en Villayón
El interés está en el conjunto y en los detalles. En el núcleo principal, la iglesia parroquial de San Martín sirve de referencia y punto de vida local. Por el resto del concejo aparecen capillas y pequeñas ermitas, y, sobre todo, muchos ejemplos de arquitectura popular: hórreos elevados sobre pegollos, tejados de losa o teja y corredoras de madera que aún asoman en algunas casas.
En lo natural mandan los bosques atlánticos (castaños, robles; en zonas más frescas, hayas) y los regatos que cortan las laderas. El paisaje cambia mucho con la estación: verde intenso en primavera y verano, y tonos más cálidos en otoño.
Qué hacer
Lo más agradecido es caminar por pistas y sendas entre aldeas, sin prisas, parando a mirar cierres de piedra, hórreos y panorámicas de valle. También se presta a observar aves rapaces y a salir con la cámara cuando cambia la luz. En la mesa, cocina de montaña: fabas, pote, quesos artesanos de la zona, embutidos y ternera; en otoño, si hay temporada, setas en muchos platos.
Mejor época
Primavera y principios de otoño suelen dar los paisajes más vistosos y temperaturas cómodas. En verano hay más ambiente por las fiestas de los pueblos; si buscas silencio, mejor entre semana.
Si solo tienes 2 horas (qué ver)
- Vuelta a pie por el núcleo principal para fijarte en hórreos, paneras y casas con corredora.
- Subida breve en coche a una aldea cercana para entender el paisaje de caserío disperso: prado, bosque y valle.
- Parada corta para comprar o probar producto local antes de volver.
Errores típicos
- Querer “verlo todo” en un día: lo mejor aquí es elegir dos o tres paradas y caminar un poco.
- Ir con prisas y sin calzado adecuado: muchos tramos son caminos rurales con humedad.
- Confiar en que siempre habrá cobertura o servicios cerca: conviene llevar agua y algo de margen.