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sobre Cangas de Onís
Primera capital del Reino de Asturias
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Hablar de turismo en Cangas de Onís obliga a empezar por su papel en los orígenes del reino asturiano. El puente medieval que cruza el Sella —conocido popularmente como “puente romano”— en realidad es una obra del siglo XIV levantada sobre pasos anteriores. Su función era sencilla: controlar el cruce del río en un punto clave del valle. La cruz de la Victoria que cuelga del arco central es una réplica del símbolo conservado en la catedral de Oviedo, pero recuerda que este lugar fue la primera capital del reino asturiano durante unas décadas del siglo VIII.
El lugar donde empezó todo
La batalla de Covadonga suele contarse como el inicio de la Reconquista, aunque los historiadores tienden a describirla como un enfrentamiento local en un territorio montañoso difícil de controlar. Aun así, el episodio permitió consolidar un pequeño núcleo de poder en estas montañas.
Cangas de Onís tenía sentido como centro político en ese contexto. El valle del Sella facilitaba la comunicación hacia la costa y el interior, mientras que los macizos de los Picos de Europa ofrecían protección natural. Aquí estableció Pelayo su corte y aquí fueron enterrados varios de los primeros reyes asturianos antes de que sus restos se trasladaran, con el tiempo, al monasterio de San Pedro de Villanueva y al santuario de Covadonga.
La capitalidad terminó en 774, cuando el rey Silo trasladó la corte a Oviedo. Desde entonces Cangas volvió a su escala habitual: una villa de paso ligada al río, al ganado y a los caminos entre la montaña y la costa.
La montaña como oficio
El término municipal de Cangas de Onís ocupa una parte considerable del Parque Nacional de los Picos de Europa. No es solo un dato geográfico: explica la relación constante entre la villa y la alta montaña.
Los pastores siguen utilizando los puertos de verano, donde el ganado pasa meses enteros en pastos de altura. De esa actividad salen quesos como el Gamoneu o el de los Beyos, que tradicionalmente se curan en cuevas naturales aprovechando la humedad de la roca. La sidra forma parte de ese mismo paisaje cultural, presente en las casas y en las tabernas desde hace generaciones.
Algunas celebraciones locales tienen que ver precisamente con ese calendario ganadero. La Fiesta del Pastor, que se celebra en Vega de Enol el 25 de julio, reúne cada año a quienes trabajan en los puertos. La bendición de animales por San Antonio, en junio, responde a una lógica similar: marcar momentos del ciclo del campo.
Covadonga: cueva y santuario
A unos doce kilómetros de Cangas está Covadonga, donde la historia, la tradición religiosa y el paisaje se mezclan de una forma difícil de separar.
La Cueva de la Virgen, abierta en la pared de roca sobre una cascada, señala el lugar asociado a la resistencia de Pelayo. El conjunto del santuario fue desarrollándose con el tiempo: primero la colegiata barroca, iniciada a finales del siglo XVII, y más tarde la basílica de Santa María la Real, terminada en 1901 con su característica piedra rosada.
Desde allí parte la carretera que sube a los Lagos de Covadonga, el Enol y el Ercina. El ascenso gana bastante altura en pocos kilómetros y atraviesa pastos de montaña donde todavía se ven cabañas de pastores. En los meses de verano y en algunos periodos festivos el acceso en coche suele estar regulado para evitar saturación.
El valle del Sella
El Sella atraviesa Cangas de Onís antes de dirigirse hacia Arriondas y, finalmente, al Cantábrico en Ribadesella. Durante siglos fue un corredor natural entre la montaña y la costa, lo que explica la presencia de varios puentes históricos en el valle.
Hoy el río se asocia sobre todo al Descenso Internacional del Sella, una prueba de piragüismo que se celebra cada verano entre Arriondas y Ribadesella y que transforma el valle durante un fin de semana.
Para quien camina por la zona, uno de los recorridos más conocidos es la ruta del Cares, en el macizo central de los Picos. El sendero sigue el antiguo canal construido a comienzos del siglo XX para una central hidroeléctrica. Son unos doce kilómetros entre paredes de caliza que discurren casi siempre colgados sobre el desfiladero. No tiene grandes desniveles, pero la longitud y la exposición hacen que convenga ir con calma y prever bien la jornada.
Cómo moverse y cuándo ir
Cangas de Onís está aproximadamente a una hora de Oviedo por carretera. En temporada alta el tráfico suele concentrarse en los accesos a Covadonga y en algunos tramos del valle del Sella, especialmente los fines de semana.
El núcleo histórico se recorre andando sin dificultad. El puente medieval, la capilla de Santa Cruz —levantada sobre un dolmen prehistórico— y la plaza del Ayuntamiento ayudan a entender cómo creció la villa alrededor del cruce del río.
El mercado semanal suele instalarse los martes en la avenida de Covadonga. Para productos locales conviene fijarse en las tiendas de alimentación del propio pueblo: allí es donde suelen aparecer los quesos de la zona. La sidra, como en buena parte de Asturias, se escancia de pie y se bebe de un trago corto; más que un gesto folclórico, es simplemente la manera habitual de tomarla aquí.