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sobre Onís
Tierra del queso Gamonéu
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Hay pueblos que funcionan como una parada breve y otros que te obligan a bajar el ritmo sin pedir permiso. Onís, en el oriente de Asturias, es de los segundos. Llegas pensando que vas a echar un vistazo rápido —un par de fotos y seguir— y acabas conduciendo despacio entre prados, mirando las montañas y pensando que aquí la vida va a otra velocidad.
Este concejo se mueve alrededor de los valles del río Güeña y del Mián. Si conoces un poco la zona entre Cangas de Onís y los Picos de Europa, te haces una idea: prados cerrados con alambre o piedra, manchas de robles y castaños, y carreteras que serpentean lo justo para recordarte que estás en la montaña. No es un paisaje preparado para impresionar; es más bien el tipo de sitio donde todo sigue en su sitio porque nadie tuvo prisa por cambiarlo.
Qué ver en Onís sin complicarse
Las aldeas de Bobia de Arriba y Bobia de Abajo suelen ser de las más conocidas del concejo. Subir hasta allí ya merece el viaje: la carretera gana altura poco a poco y el paisaje se abre hacia las montañas. Arriba hay casas dispersas, hórreos y prados que parecen colgados en la ladera. Nada monumental, pero sí esa sensación de pueblo que sigue funcionando como siempre.
En el núcleo de Onís (también llamado Benia de Onís) está la iglesia de Santa Eulalia. Es una iglesia pequeña, bastante sencilla, de esas que pasan desapercibidas si vas buscando grandes monumentos. Pero encaja bien con el ambiente del concejo: piedra, proporciones modestas y prados alrededor.
Lo interesante aquí no es ir tachando lugares en una lista. Es caminar un rato por las aldeas, fijarte en los cierres de las fincas, en los hórreos todavía en uso, o en cómo las casas se adaptan a la pendiente.
Caminar entre aldeas y prados
En Onís no hace falta planear una ruta épica para pasar la mañana. Muchos de los caminos que conectan pueblos sirven para dar un paseo tranquilo. Son pistas rurales o senderos que atraviesan prados y pequeñas zonas de bosque.
Eso sí: si ha llovido —y estamos en Asturias, así que pasa a menudo— el barro aparece rápido. Calzado decente y asunto resuelto.
Entre Bobia, Sotuéllez o Les Cabanes hay varios caminos que la gente de aquí ha usado siempre para moverse entre pueblos. Algunos están señalizados y otros simplemente se reconocen porque siguen ahí desde hace años. Preguntar a un vecino suele ser más útil que mirar el móvil.
Si madrugas un poco, no es raro ver corzos en los prados más tranquilos. Y cerca del río Güeña, con algo de suerte, puede aparecer alguna nutria o aves moviéndose entre la vegetación. A veces no se ve nada, claro. También forma parte del juego.
Comer como se ha comido siempre
La cocina de esta zona gira alrededor de lo que da el campo. Mucha carne de vacuno criada en las propias fincas, guisos que se hacen despacio y quesos de la comarca. No es una gastronomía complicada, pero sí contundente, de las que te dejan con ganas de alargar la sobremesa.
Después de una comida así, lo normal es dar un paseo corto o sentarse un rato al sol si el día acompaña.
Cosas que conviene saber antes de ir
Onís no es un sitio de atracciones ni de agenda llena. Aquí vienes más bien a desconectar un poco y ver cómo funciona un concejo rural que sigue viviendo del campo.
Las distancias engañan. En el mapa todo parece cerca, pero entre pueblos hay curvas, cambios de altura y carreteras estrechas donde conviene ir sin prisa. Si vienes desde Cangas de Onís, en pocos kilómetros ya estás metido en ese tipo de carretera donde lo mejor es olvidarse del reloj.
En cuanto a la época del año, primavera y comienzos de otoño suelen ser momentos muy agradables para caminar: temperaturas suaves y prados verdes. En verano los días son largos y el ambiente tranquilo, aunque en algunas zonas el calor aprieta más de lo que uno espera en Asturias.
Y si el invierno viene con nieve —algo que ocurre en las zonas más altas— algunos accesos pueden complicarse. Antes de subir a ciertas aldeas conviene mirar el tiempo.
Cómo llegar a Onís
Lo habitual es entrar por Cangas de Onís. Desde la A‑8 se baja hacia el interior y, una vez allí, varias carreteras comarcales llevan hasta el concejo.
Son carreteras de montaña, pero en general están bien para circular. Lo importante es no fiarse demasiado de los atajos del navegador: a veces te mete por pistas o desvíos que no son la mejor idea si no conoces el terreno.
Para moverse entre aldeas, lo más práctico sigue siendo el coche. Caminar entre pueblos es posible, pero requiere tiempo y ganas de tomárselo con calma.
Onís no intenta llamar la atención. Es más bien ese tipo de sitio al que llegas casi por casualidad y donde todo tiene un aire bastante normal: prados, ganado, carreteras tranquilas y vecinos que siguen con su día. Y quizá precisamente por eso acaba resultando interesante. No porque tenga grandes monumentos, sino porque todavía se parece bastante a lo que siempre fue.