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sobre Ribadedeva
Capital de la arquitectura indiana
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¿Sabes cuando miras el mapa y ves un trozo de costa tan corto que piensas “esto se ve en un momento”? Con Ribadedeva pasa justo eso… y luego llegas y te das cuenta de que la cosa tiene más capas de las que parecía.
El municipio es pequeño y está pegado a Cantabria. Literalmente. El río Deva marca la frontera y, en pocos kilómetros, saltas de prados tranquilos a playas abiertas al Cantábrico. No hay un gran monumento que concentre todo. Aquí la gracia está en ir enlazando sitios: una playa, un mirador, un pueblo tranquilo y vuelta al coche por una carretera estrecha.
Las playas de La Franca y San Pedro
La playa de La Franca suele ser la primera parada. Cuando baja la marea se abre mucho y aparecen rocas y canales de arena donde la gente se entretiene curioseando. Es de esas playas donde acabas caminando más de lo que pensabas.
Con el mar movido la escena cambia bastante. El espacio se reduce y el oleaje se nota. En verano también se nota otra cosa: el coche. Aparcar cerca puede requerir un poco de paciencia si llegas a media mañana.
Muy cerca está San Pedro, más recogida y normalmente más tranquila. No tiene grandes infraestructuras ni paseo marítimo. Es más bien una playa discreta, con alguna barca y ese ambiente de sitio al que la gente llega sabiendo a lo que viene.
Los bufones de Santiuste
En los acantilados de esta zona aparecen los bufones de Santiuste. Son agujeros naturales en la roca por donde el mar sale disparado cuando empuja con fuerza desde abajo.
Ahora bien, conviene ajustar expectativas. No siempre están en plena acción. A veces ves chorros de agua claros y otras veces apenas se oye el mar respirando por las grietas.
Lo importante aquí es la distancia. El borde del acantilado puede ser resbaladizo y el viento cambia rápido. Merece la pena mirar con calma, pero sin acercarse demasiado.
Colombres y las casas indianas
El centro de Ribadedeva es Colombres. No esperes un casco medieval ni algo muy compacto. Lo que llama la atención son las casas indianas repartidas por el pueblo.
Muchas se construyeron entre finales del XIX y principios del XX por vecinos que habían hecho fortuna en América. Son viviendas grandes, con jardines y detalles que no encajan del todo con el paisaje rural asturiano. Precisamente por eso llaman tanto la atención cuando vas caminando por las calles.
La iglesia de Santa María suele ser uno de los puntos donde la gente se detiene un momento. Después lo mejor es simplemente callejear un rato. Aquí el ritmo es bastante tranquilo.
Miradores y paseos entre prados y costa
Desde algunos puntos altos cerca de La Franca se entiende bien el lugar. A un lado el Cantábrico. Al otro, colinas que ya pertenecen a Cantabria. Y en medio el Deva buscando el mar.
También hay caminos sencillos que enlazan praderas con tramos de costa. No son rutas complicadas, pero cuando ha llovido el terreno puede estar muy húmedo y el viento se nota bastante en los acantilados. Un calzado cerrado suele evitar sustos.
Comer y tomarse la visita con calma
La cocina de la zona sigue la lógica del Cantábrico: pescado, marisco cuando lo hay, embutidos de la zona y quesos asturianos. Nada especialmente moderno ni rebuscado. Más bien platos sencillos donde el producto manda.
Si vas con poco tiempo, una buena jugada es acercarte primero a La Franca, caminar un rato por la playa y después subir a Colombres para ver las casas indianas. En pocas horas te haces una idea bastante clara del municipio.
Y un detalle que conviene recordar: Ribadedeva no funciona como un solo pueblo, sino como varias piezas repartidas. Conducir un poco entre una y otra forma parte del plan.
También merece la pena mirar las mareas antes de ir a la costa. Algunas playas cambian bastante entre pleamar y bajamar, hasta el punto de parecer lugares distintos en el mismo día.
Cómo llegar
La forma más directa suele ser por la A‑8, tomando la salida hacia Colombres. También se puede llegar por la N‑634, que cruza esta parte del norte con calma.
Una vez dentro del municipio conviene conducir sin prisa. Las carreteras locales son estrechas y en verano se llenan rápido. Aparcar cerca de las playas a veces requiere dar un par de vueltas, pero forma parte del ritmo del lugar.