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sobre Villaviciosa
Capital manzanera de España
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Villaviciosa es como ese bar que pone “sidrería” en el escaparate pero luego te sorprende con algo que no esperabas. Mucha gente llega pensando en sidra y manzanas, claro, pero al final te quedas por otras cosas: una ría llena de aves, iglesias medievales desperdigadas por aldeas diminutas y la sensación de que aquí la vida va a otro ritmo. Incluso la historia del desembarco de Carlos V en Tazones aparece en cualquier conversación, aunque cada vecino la cuenta a su manera.
La ría que se come antes que ver
Llegué un sábado cerca del mediodía, con la típica resaca suave de haber pasado la noche en Gijón y ganas de algo contundente. En el centro me senté en una sidrería cualquiera y cayó una fabada de esas que te obligan a aflojar el cinturón un punto: faba grande, chorizo que sabe a chorizo de verdad y compango del que deja poso.
Mientras mojaba pan, el camarero me comentó que por el concejo hay una cantidad exagerada de iglesias románicas. No es una forma de hablar: están repartidas por parroquias y aldeas, muchas en medio de prados o junto a casas que parecen llevar allí siglos. Si te interesa ese tema, hay rutas que las enlazan. Con coche se pueden ver varias en una mañana sin demasiado esfuerzo; andando ya se convierte en excursión seria.
Y luego está la ría de Villaviciosa, que aparece y desaparece según la marea. Es una reserva natural bastante conocida por la gente que observa aves. Si no sabes distinguir un ánade de una garza (mi caso), da igual: el paseo sigue mereciendo la pena.
Valdediós: una iglesia pequeña que aguanta el paso del tiempo
A pocos minutos del casco urbano está el conjunto de Valdediós. Aquí hay dos edificios que suelen confundirse: el monasterio más grande y, al lado, una iglesia prerrománica muy pequeña conocida como San Salvador de Valdediós.
Es del siglo IX y se nota. Muros gruesos, ventanas estrechas y esa sensación de estar en un lugar que ha visto pasar muchos siglos sin hacer demasiado ruido. Dentro huele a piedra húmeda y a cera. Cuando coincides con alguna visita guiada te cuentan las historias de los reyes asturianos que impulsaron estas construcciones y cómo funcionaba el monasterio.
A mí me pasó algo curioso: lo mejor fue cuando la iglesia quedó vacía un momento. Silencio total, apenas luz entrando por las ventanas. Ese tipo de sitio donde te imaginas perfectamente a los monjes saliendo al huerto o al manzanal de al lado.
Tazones: pequeño, muy visitado y con historia imperial
A unos diez minutos hacia la costa está Tazones. El pueblo es pequeño y bastante conocido, así que en verano o fines de semana se llena rápido. Casas blancas, calles estrechas que bajan hacia el puerto y muchos móviles apuntando al mismo sitio.
Aquí es donde, según la tradición histórica, desembarcó Carlos V cuando llegó por primera vez a la península en el siglo XVI. En el puerto todavía se recuerda el episodio y siempre hay alguien dispuesto a contarlo con algún detalle añadido.
Mi truco para visitarlo sin agobios es sencillo: aparcar en la parte alta y bajar andando. Das una vuelta por el puerto, te asomas a la lonja si coincide actividad y te sientas a comer algo mirando al mar. Después, antes de que empiece el atasco de gente subiendo y bajando, vuelves al coche.
Manzanas, sidra y otras excusas para volver
Villaviciosa vive muy ligada a la manzana. Alrededor del concejo hay muchas pomaradas y buena parte de la sidra asturiana sale de aquí. Eso se nota en el ambiente y también en las fiestas que giran alrededor de la sidra y de la propia manzana.
A lo largo del año suelen organizarse celebraciones relacionadas con la cosecha o con la sidra natural, momentos en los que el centro se llena de puestos, música y gente probando culines. No hace falta que coincidas justo con una fiesta: en cualquier época del año es fácil entender hasta qué punto la manzana forma parte de la vida diaria del lugar.
Si vienes en primavera, además, hay días en que los manzanos están en flor y las pomaradas parecen casi blancas desde la carretera.
Consejo de amigo
No intentes verlo todo en un día como si esto fuera una lista de tareas. Villaviciosa funciona mejor a ritmo tranquilo.
Un paseo por el casco, algo de sidra o un plato de cuchara, una escapada a Valdediós y otro rato en la ría mirando cómo sube o baja la marea. Si te queda tiempo, te acercas a Tazones y listo.
Es uno de esos sitios donde no pasa nada espectacular… y precisamente por eso acabas pensando que deberías volver con más calma. Y probablemente con hueco en el maletero para unas botellas de sidra.