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sobre Ribadesella
Meta del Sella y arte rupestre
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El primer sábado de agosto, el del Descenso del Sella, Ribadesella huele a neopreno quemado y cerveza derramada. Hay cientos de kayaks en la playa. Si vienes ese día, no busques tranquilidad.
Fuera de esa fecha, el pueblo respira. Tiene algo más de cinco mil vecinos, calles que suben y bajan sin orden y un río que parte la villa antes de llegar al mar. La fundaron en el siglo XIII y el casco viejo aguanta, con casas de indianos y una iglesia que reconstruyeron en el XX después de la guerra.
Aparcar sin perder la mañana
El casco histórico es Bien de Interés Cultural. Eso se traduce en calles estrechas. Lo práctico es llegar pronto o dejar el coche por la avenida de Covadonga y bajar andando.
El centro es peatonal y empedrado. No está pensado para maletas con ruedas. Todo tiene pendiente: bajas hacia el río o subes hacia los miradores. En verano suele haber un autobús a la playa, pero la frecuencia no siempre es la que esperas.
Lo que compensa ver
La Cueva de Tito Bustillo es lo más serio que hay aquí. Arte rupestre con más de treinta mil años y visitas muy controladas. No se puede fotografiar y los grupos son pequeños; reserva con tiempo si quieres entrar.
El paseo de Santa Marina es largo y abierto al mar. La playa es correcta: arena oscura, oleaje variable. Hay un bufón que suena cuando la marea empuja el agua por la roca. A los críos les hace gracia.
La Torre de la Atalaya sirve para una foto rápida. Las vistas son similares a las del mirador de la ermita de Guía, que está un poco más arriba.
Comer aquí
El pixín a la sidra está en casi todas las cartas: rape guisado con manzana y nata. Está bien hecho, pero no es un descubrimiento. La sidra se escancia como en toda Asturias: botella arriba, vaso abajo. Es fácil encontrar queso fuerte de Cuerres. Los dulces ligados a los indianos siguen en los escaparates: mucho azúcar y almendra.
Cuándo venir
Primavera suele funcionar: menos gente, temperaturas suaves y el río lleva agua suficiente para piragua. Agosto es otra cosa: playa llena, tráfico denso y el Descenso convirtiendo todo en fiesta grande. En invierno el ritmo baja mucho; algunos locales cierran temprano y entra viento del mar.
Una vuelta por el pueblo
Empieza en la plaza de María Cristina. Baja por Palacio hasta el llamado puente romano (es medieval). Cruza el Sella y sigue hacia el puerto; verás las barcas amarradas. Antes de volver, sube al mirador de la Guía: unos pocos escalones para ver toda la bahía. Si te interesan los dinosaurios, acércate a Vega por una senda sencilla donde hay huellas marcadas con paneles en la roca. Son marcas grandes; no esperes algo espectacular.
Ribadesella se recorre rápido: paseo, cueva si has reservado, algo frente al mar. Evita ese sábado clave salvo que vengas buscando jaleo específicamente ese día