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sobre Riosa
El coloso del ciclismo: L'Angliru
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Riosa es de esos sitios que, vistos en el mapa, parecen pequeños… hasta que te metes con el coche por sus carreteras. Entonces entiendes la broma: curvas, aldeas separadas por laderas y montes que te obligan a conducir despacio. No es un lugar que se “vea” rápido. Es más bien de ir encajando piezas poco a poco.
El turismo en Riosa tiene mucho que ver con eso: entender que el concejo está disperso. No hay un casco compacto donde aparcar y empezar a caminar. Aquí los pueblos aparecen tras una curva, una cuesta o un pequeño valle. Y al final ese ritmo lento forma parte del plan.
Desde Oviedo se llega sin demasiada historia: autovía hasta la zona de Mieres y después carretera comarcal hacia el valle de Riosa. En menos de una hora estás dentro del concejo. Otra cosa es moverte por él. Las carreteras son estrechas y con pendientes que a veces recuerdan más a una subida de puerto que a un acceso a un pueblo.
San Esteban y el centro del concejo
San Esteban es la capital del concejo y el punto lógico para empezar. No esperes un centro histórico de esos que llenan páginas de guías. Es más bien un núcleo pequeño donde están los servicios básicos y una iglesia que lleva siglos marcando el ritmo del lugar.
Sirve sobre todo para situarse: ver cómo es el valle, orientarte un poco y entender que la vida aquí se reparte por parroquias y aldeas. A partir de ahí empiezan a aparecer pequeñas capillas y ermitas en distintos puntos del concejo. Algunas siguen ligadas a fiestas locales que los vecinos mantienen cada año.
Aldeas, hórreos y vida rural
Si sales de la carretera principal y te metes por los desvíos que llevan a las aldeas, aparece la parte más interesante de Riosa. Casas dispersas, hórreos y paneras que todavía se usan, cuadras pegadas a la vivienda… todo muy ligado a la actividad ganadera.
Es el típico paisaje asturiano donde el verde parece no acabarse nunca. Prados con vacas, huertos pequeños y, alrededor, bosques donde mandan castaños y robles. En las zonas más altas aparecen hayedos, sobre todo en laderas más frescas.
Pasear por estas aldeas tiene algo curioso: muchas veces no pasa nadie. Solo algún tractor, un vecino trabajando en el prado o el sonido de los cencerros a lo lejos.
El Angliru siempre está ahí
Aunque no seas ciclista, hay un nombre que aparece constantemente cuando se habla de Riosa: el Angliru.
El famoso puerto de montaña está dentro del concejo y eso ha puesto a Riosa en el mapa del ciclismo. Si conduces por la zona verás bicicletas casi cualquier fin de semana, especialmente cuando el tiempo acompaña. Las rampas son tan duras como cuentan, incluso vistas desde el coche impresionan.
También hay miradores y puntos desde los que se ve parte de la subida o las montañas que la rodean. En días despejados el paisaje se abre bastante; con niebla —algo bastante habitual— todo queda mucho más cerrado.
Caminar por Riosa
Hay caminos y senderos que conectan aldeas, prados y zonas de monte. No suelen ser rutas largas y llanas: aquí casi todo implica subir o bajar en algún momento.
Lo bueno es que en poca distancia cambian bastante los paisajes. Puedes salir de una aldea, cruzar prados abiertos y terminar metido en un bosque en cuestión de minutos. Eso sí, conviene llevar calzado con agarre porque la hierba mojada y el barro aparecen en cuanto el tiempo se tuerce.
En otoño mucha gente se acerca también por el tema de las setas. Es algo bastante arraigado en Asturias, aunque siempre conviene tener claro qué se recoge y respetar las fincas ganaderas.
Cosas a tener en cuenta antes de ir
Riosa no funciona como un destino de paseo urbano. Aquí el tiempo se va conduciendo entre parroquias, parando en miradores improvisados o caminando tramos cortos.
Un par de detalles que conviene tener claros:
- Las distancias en el mapa engañan: pocos kilómetros pueden convertirse en bastantes minutos de curvas.
- El tiempo cambia rápido en la montaña; la niebla puede tapar las vistas en cuestión de minutos.
- En algunas carreteras es normal encontrarse ganado o maquinaria agrícola.
Mi forma de recorrerlo sería sencilla: llegar sin prisa, moverse por un par de aldeas, asomarse hacia las montañas del Angliru y caminar un rato por algún sendero cercano.
Riosa no es un sitio que te abrume con monumentos o grandes atracciones. Más bien funciona como esos lugares donde todo está repartido y hay que ir encajándolo poco a poco: paisaje, vida rural y carreteras que te obligan a levantar el pie del acelerador.