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sobre Vegadeo
Puerta de Galicia
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Vegadeo es como ese vecino que vive en la frontera entre dos comunidades y se aprovecha de lo mejor de cada lado: paga los impuestos en Asturias pero cruza el puente para comprar el pan en Galicia porque “está más rico”. Y la verdad es que aquí nadie se complica demasiado con eso. La frontera es más bien una línea en el mapa; en la vida real el río Eo funciona casi como una calle ancha que conecta a unos con otros.
Donde el río se hace mar (y el mar se hace río)
Llegas a Vegadeo y lo primero que te choca es el olor. No es el olor a mar de playa, ni el olor a campo de interior. Es una mezcla rara: agua salada con hierba húmeda, como si alguien hubiera salpicado un prado con agua de mar. La ría del Eo tiene esa mezcla constante de dulce y salado que cambia según la marea.
Una buena forma de entender el lugar es sentarse un rato en el muelle y mirar alrededor. Hay pequeñas embarcaciones, aves buscando comida en los bordes de la ría y, a pocos metros, prados con ganado. Esa combinación —barcas, marismas y vacas pastando— es bastante normal aquí. Al principio choca un poco, luego te das cuenta de que en esta ría todo convive sin demasiado drama.
Además, el Eo es conocido por el salmón. No siempre se ve actividad relacionada con la pesca cuando pasas por el pueblo, pero el río tiene fama entre los aficionados desde hace décadas.
El pueblo que montó su propia feria
Si pasas por Vegadeo a comienzos de otoño te puedes encontrar con el pueblo lleno de remolques, ganado y gente que viene de media comarca. La feria de Silvallana lleva celebrándose desde hace generaciones y sigue teniendo ese aire de mercado grande donde se mezclan vecinos, ganaderos y curiosos.
Hay exposición de maquinaria, animales y puestos de todo tipo. No es una feria pensada para turistas, y quizá por eso resulta más interesante: vas viendo cómo la gente se encuentra, habla de precios, comenta el año que llevan las explotaciones.
En el recinto hay también una escultura de una vaca bastante grande que se ha convertido en el punto de foto rápido. Nada solemne: más bien una pieza simpática que todo el mundo reconoce.
Tres rutas para entender el entorno
Si te apetece caminar un poco, alrededor de Vegadeo hay varios recorridos sencillos.
El Mazo de Meredo es de los más curiosos. Es un mazo hidráulico tradicional que funciona con la fuerza del agua. Cuando está en marcha impresiona: el golpe constante del martillo metálico suena en todo el valle. Te quedas un rato mirándolo como quien observa una máquina antigua que sigue haciendo exactamente lo que hacía hace siglos.
La Senda de los Doce Puentes mezcla naturaleza con intervenciones artísticas repartidas por el camino. Algunas esculturas llaman la atención y otras te dejan pensando si eso era realmente la idea del artista o si simplemente han colocado algo allí y ya está. Pero el paseo es agradable y pasa entre vegetación y pequeños cursos de agua.
Y si quieres algo más largo, hay rutas que suben hacia las zonas altas del concejo. No son montaña extrema, pero algunas cuestas se hacen notar. Aquí conviene ir con calma y agua en la mochila; el terreno parece suave desde abajo, pero siempre hay algún repecho que te pone en tu sitio.
La frontera que nadie se toma demasiado en serio
Vegadeo vive pegado a Galicia y eso se nota en la vida diaria. Hay gente que cruza el puente varias veces al día para trabajar, comprar o quedar con amigos. A un lado escuchas asturiano; al otro, gallego. Y muchas veces, una mezcla de los dos.
Históricamente la zona también tuvo movimiento. Durante la Guerra de la Independencia se suele contar que en el entorno de la ría hubo actividad de herrerías y talleres que fabricaban material para la resistencia contra los franceses. No es raro: ríos, bosques y pequeños núcleos dispersos eran un buen lugar para pasar desapercibido.
Dónde comer sin que te den gato por liebre
No te voy a vender Vegadeo como capital gastronómica. Es un pueblo pequeño y la oferta va en esa línea. Pero hay cosas que aquí tienen sentido.
El salmón del Eo, cuando lo hay en temporada, se suele preparar sin demasiadas florituras. A la plancha o poco más. Es uno de esos productos que no necesita disfraz.
También se ven vieiras y marisco que llega de la costa cercana. Mi truco es sencillo: fíjate dónde se sienta la gente del lugar. Si ves mesas con pescadores o gente que viene de trabajar, suele ser buena señal.
Y luego están los quesos de la zona. No hay una gran tienda especializada en el centro, pero en mercados o ferias aparecen productores de alrededor. Si tienes ocasión de probar varios, hazlo: los de mezcla y los de cabra suelen tener bastante carácter.
Mi consejo de amigo
Vegadeo no es un sitio para quedarse una semana entera mirando monumentos. Es más bien una parada tranquila en el Occidente de Asturias.
Yo lo haría así: paseo por la ría, un rato sentado cerca del agua para ver cómo cambia con la marea, comida sin prisas y luego cruzar el puente hacia el lado gallego para seguir la tarde. Todo está tan cerca que casi parece el mismo pueblo dividido por un río.
Y si te coincide la feria de ganado, lleva calzado que no te importe manchar. Entre barro, animales y trajín de gente, lo raro sería salir con las botas limpias.