Artículo completo
sobre Alaró
Pueblo a los pies de la Tramuntana famoso por su castillo roquero y su tradición zapatera; ideal para el senderismo
Ocultar artículo Leer artículo completo
Turismo en Alaró suele empezar mirando hacia la montaña. El pueblo está en el borde sur de la Serra de Tramuntana, donde el relieve empieza a levantarse desde el llano del Raiguer. Esa posición explica muchas cosas: el castillo en lo alto, los caminos empedrados que suben desde el casco urbano y también una historia local marcada por decisiones bastante prácticas.
Hay un episodio que los vecinos repiten a menudo. A comienzos del siglo XX el pueblo ya tenía electricidad propia, generada gracias a la explotación de lignito en las laderas cercanas. En una Mallorca todavía muy rural, aquello cambió la vida diaria: talleres que podían trabajar de noche, molinos funcionando más horas y un pequeño núcleo minero que transformó la economía local durante décadas.
La montaña que compraron los vecinos
El Castell d’Alaró ocupa una de las cimas más visibles de esta parte de la isla. La fortificación tiene origen islámico —probablemente del siglo X— y después pasó a manos cristianas tras la conquista de Jaime I. De aquella estructura defensiva quedan sobre todo muros y la silueta de la torre principal, muy erosionada por el tiempo.
La historia más citada no tiene que ver con batallas sino con propiedad. A comienzos del siglo XIX, cuando el Estado puso en venta la montaña, los vecinos reunieron dinero entre varias familias para adquirirla. El episodio suele recordarse como un gesto colectivo poco habitual en aquella época. Con el tiempo la titularidad volvió a cambiar, pero el relato sigue formando parte de la memoria local.
Subir hasta la cima requiere tiempo. El camino tradicional arranca desde la base de la montaña y gana altura con tramos empedrados antiguos. El desnivel es constante. En días húmedos algunas piedras resbalan. Arriba se encuentra la pequeña ermita de la Mare de Déu del Refugi y un mirador natural desde el que se entiende bien la posición estratégica del lugar.
Dos barrios separados por el torrente
El casco antiguo de Alaró está dividido por un pequeño torrente. A un lado queda Los Damunt; al otro, Los Davall. La separación es corta en distancia, pero durante mucho tiempo marcó la vida social del pueblo.
Cada zona tenía sus propias celebraciones y cierta rivalidad cotidiana. Los mayores todavía recuerdan procesiones distintas y bandas de música que apenas coincidían. Con los años las fiestas se reorganizaron, aunque los nombres de los barrios siguen muy presentes en la conversación diaria.
La iglesia parroquial, dedicada a Sant Bartomeu, ocupa la parte alta del núcleo antiguo. El edificio actual se levantó en gran parte durante la época moderna sobre estructuras anteriores. A su alrededor las calles son más estrechas y las casas conservan rasgos de arquitectura tradicional mallorquina: portales amplios, patios interiores y muros de piedra gruesa.
Hacia la parte baja el trazado urbano se abre. Muchas viviendas son posteriores, vinculadas al crecimiento que trajo la minería a finales del siglo XIX y principios del XX.
Cuando el lignito sustituyó al olivo
Durante siglos la economía de Alaró giró alrededor del olivar. Todavía quedan bancales de piedra seca en las laderas cercanas, testimonio de aquel paisaje agrícola.
La situación cambió cuando se empezaron a explotar yacimientos de lignito en la zona. A finales del siglo XIX la minería atrajo trabajadores de otros puntos de España y generó un pequeño barrio ligado a la actividad industrial. Hubo escuela, espacios de reunión y una vida obrera bastante activa para un municipio de interior mallorquín.
Las minas cerraron en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, aquel periodo dejó huellas visibles en el urbanismo y en la memoria colectiva del pueblo.
Una subida que sigue marcando el ritmo del lugar
El camino hacia el castillo sigue siendo la excursión más habitual desde el casco urbano. No es un paseo corto. Conviene contar con varias horas entre la subida, el tiempo en la cima y el descenso.
El sendero pasa entre antiguos bancales de olivo y tramos de encinar. A medida que se gana altura el pueblo queda atrás y se abre la vista hacia el Raiguer, la franja de pueblos que conecta el interior de Mallorca con la sierra.
Cómo situarse al llegar
Alaró está a poca distancia de Palma por carretera y funciona como puerta de entrada a esta parte de la Tramuntana. El centro se recorre andando sin dificultad. Las calles principales convergen en la plaza del Ayuntamiento y desde allí se entiende bien la división histórica entre Los Damunt y Los Davall.
Si interesa la arquitectura popular, merece la pena fijarse en los portales de piedra y en los patios interiores de muchas casas antiguas. Son soluciones adaptadas al clima y al trabajo agrícola que dominó el lugar durante siglos. Aquí la historia no aparece en grandes monumentos, sino en detalles pequeños que siguen formando parte del día a día del pueblo.