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sobre Manacor
Segunda ciudad de Mallorca y capital industrial de la perla y el mueble; cuna de Rafa Nadal y centro comercial del este
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Hay ciudades que parecen pensadas para una postal. Manacor no. Y eso, curiosamente, es parte de su gracia. Cuando hablas de turismo en Manacor, en realidad hablas de una ciudad que vive a su ritmo. Aquí el lunes a las siete huele a sobrasada y café de máquina. No a crema solar.
Es la segunda ciudad de Mallorca. También es donde se fabrican millones de perlas cada año. Y donde, si preguntas por Rafael Nadal, muchos te señalan la academia antes que la casa donde creció.
La ciudad que no se parece a la postal
Manacor es como ese primo que se fue a trabajar pronto. No sale mucho en las fotos familiares, pero siempre está haciendo cosas.
Mientras los autobuses llenos de turistas van hacia la costa, aquí la gente compra en el mercado con cesta de mimbre. La escena podría ser de hace décadas. Y sigue funcionando.
La primera vez que vine esperaba otro pueblo blanco. Ya sabes, persianas verdes y macetas. En cambio encontré una ciudad activa. Calles estrechas. Tres torres medievales. Coches aparcados donde caben, o donde creen que caben.
También están las fábricas de perlas. Llevan más de un siglo con el mismo oficio. El proceso sigue sorprendiendo cuando lo ves. Capas, paciencia y mucha técnica. Luego pasas por la tienda y recuerdas que las joyas nunca han sido baratas.
Cuando las cuevas son más que una excusa para salir del hotel
Las Coves del Drach están en Porto Cristo. Administrativamente es Manacor, aunque el ambiente cambia bastante.
Son cuevas famosas. De esas que salen en todas las guías. Y aun así funcionan. El lago interior es enorme. Cuando bajan las luces y suena la música desde una barca, el lugar impresiona.
Mi truco es sencillo. Llega pronto. A primera hora aún hay silencio y olor a roca húmeda. Más tarde llegan los grupos grandes.
Después puedes quedarte por Porto Cristo. El puerto tiene movimiento tranquilo. Barcas que entran, redes secándose, gente paseando sin prisa. Muy distinto al ritmo de Palma.
Pedalear entre pinos y campos
La Vía Verde entre Manacor y Artà sigue el antiguo trazado del tren. Son casi treinta kilómetros llanos. Tan llanos que parece que alguien los planchó.
Pedaleas entre almendros, pinos y algún túnel corto. De vez en cuando aparece un pueblo pequeño. También perros que miran a los ciclistas con curiosidad.
Es una ruta amable. De esas que haces sin mirar mucho el reloj.
El mercado donde mandan las abuelas
El lunes cambia todo. El mercado ocupa buena parte del centro.
Hay puestos de fruta, queso y embutido. Nada muy sofisticado. Tampoco hace falta. Los tomates no son perfectos y el queso huele fuerte.
Las abuelas discuten precios con una concentración admirable. Las conversaciones pasan del catalán al castellano sin aviso.
Si compras pan y sobrasada, busca un banco cerca de la plaza del Rector Rubí. Desde allí ves la torre de la iglesia. Tiene algo de minarete reconvertido. Siempre me ha parecido curioso.
Cuándo ir y por qué el verano no molesta tanto
El verano es intenso en la costa. En Manacor se vive de otra forma.
En Porto Cristo suelen celebrarse fiestas ligadas al mar. Barcas adornadas, música y vecinos en el muelle.
En la ciudad aparecen verbenas de barrio. Mesas largas, frit que huele desde la esquina y gente hablando hasta tarde. Hace calor, claro. Pero también hay calas cerca. Algunas siguen bastante tranquilas incluso en agosto.
Lo que nadie te cuenta
Manacor no entra por los ojos como otros pueblos de Mallorca. No busca hacerlo.
Es una ciudad real. Comercio, talleres, colegios, tráfico. Vida cotidiana.
Cuando llevas varios días de playas espectaculares, ese contraste se agradece. Te recuerda que la isla no es solo vacaciones.
Los domingos el ritmo baja mucho. Muchas persianas cerradas. Algunos bares abiertos. Gente leyendo el periódico sin prisa.
Si me preguntas cómo verlo, lo tengo claro. Ven un lunes. Pasea por el mercado. Luego escápate a la Vía Verde o a las cuevas. Termina el día en Porto Cristo, mirando el puerto.
No es la Mallorca de las postales. Pero se parece bastante a la Mallorca que vive aquí todo el año.