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sobre Es Mercadal
Centro geográfico de Menorca a los pies del Monte Toro; famoso por su gastronomía y repostería tradicional
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Es jueves por la mañana y el pueblo huele a queso fresco y a pan recién hecho. No es una forma de hablar. Si te acercas a la plaza del Mercadal cualquier jueves verás furgonetas descargando cajas de producto local mientras media plaza aún está desperezándose. El mercado lleva celebrándose aquí desde hace siglos, y forma parte de la rutina del pueblo igual que el partido del domingo o el café de media mañana.
Ese ambiente explica bastante bien cómo es el turismo en Es Mercadal: menos postal y más vida normal de pueblo.
El pueblo que no intenta impresionar
Es Mercadal no entra por los ojos como otros sitios de Menorca. Lo digo con cariño. No tiene la imagen de postal de Binibeca ni el frente marítimo de Fornells. En realidad es más bien un cruce de caminos en el centro de la isla, con casas blancas bajas, calles tranquilas y una iglesia bastante sobria en la plaza.
Pero funciona.
Hay ese tipo de bar donde siempre hay alguien que conoce a alguien de tu familia, una pastelería que huele a manteca desde media calle y tiendas de comida donde todavía ves embutidos colgados y quesos curándose con calma. El ritmo es de pueblo que vive todo el año, no de escenario montado para turistas.
La clave es venir con la expectativa correcta. Aquí no hay calles llenas de tiendas de recuerdos ni escaparates pensados para la foto. Lo que encuentras es gente haciendo la compra, conversaciones largas en la plaza y productos locales que no vienen envueltos en marketing.
Y sí, si te gustan las ensaimadas o la repostería menorquina, este es uno de esos sitios donde la gente hace cola antes de que abran. Como cuando en tu barrio todo el mundo sabe qué panadería tiene las mejores croquetas.
Subir al Monte Toro (sin convertirlo en una hazaña)
El Monte Toro es la referencia constante cuando estás en Es Mercadal. Mires donde mires, el monte está ahí arriba vigilando el centro de la isla.
Son algo más de 350 metros de altura, que suena a poca cosa hasta que empiezas a subir caminando. Desde el pueblo hay unos cuantos kilómetros de carretera que se pueden hacer andando si te apetece estirar las piernas, aunque mucha gente sube en coche o en bici.
Arriba hay un santuario y un mirador desde el que se entiende muy bien cómo es Menorca. Ves el norte más áspero, el sur con playas claras y, en días despejados, prácticamente media isla desplegada.
Eso sí: suele soplar viento incluso en verano. Ese detalle conviene tenerlo en cuenta antes de subir en manga corta pensando que arriba hará el mismo calor que en la plaza del pueblo.
Fornells y la famosa caldereta
A unos minutos en coche está Fornells, que administrativamente pertenece a Es Mercadal y que en verano cambia mucho de ritmo.
Durante el año es un pueblo pequeño alrededor del puerto. En julio y agosto la cosa se anima bastante más. Barcas, gente paseando por el muelle y muchas mesas ocupadas a la hora de comer.
La caldereta de langosta es el plato más conocido. Durante años se ha repetido mucho la historia de que el rey Juan Carlos I solía venir a comerla aquí, y esa anécdota se sigue mencionando como si fuese una especie de sello de calidad.
La caldereta está buena, claro, pero conviene saber que no es un plato barato y que suele ser abundante. Mucha gente la comparte, que al final es como más sentido tiene.
Mi momento favorito de Fornells no es la comida, sino el paseo previo: caminar junto al puerto, ver cómo entran y salen las barcas y sentarte un rato en un banco sin hacer nada. Ese tipo de plan sencillo que en una ciudad cuesta más encontrar.
Las noches de jueves en verano
En verano el jueves vuelve a ser protagonista, pero por la noche.
Durante julio y agosto suele organizarse un mercado nocturno en el centro del pueblo. Calles llenas de puestos de artesanía, queso, dulces locales y las típicas abarcas menorquinas hechas a mano.
No es una feria ruidosa ni un evento gigantesco. Más bien parece cuando en tu pueblo montan algo en la plaza y todo el mundo baja a dar una vuelta después de cenar. Niños corriendo, gente mirando puestos sin prisa y músicos tocando por alguna esquina.
Aunque venga gente de otras partes de la isla, el ambiente sigue siendo bastante local. Mucha conversación, muchas caras conocidas y ese ritmo lento que agradeces después de un día de playa.
Cómo no complicarte la visita
Un par de cosas prácticas.
Las calles del centro son estrechas. Si vienes con coche grande, lo más cómodo suele ser aparcar en los alrededores y entrar caminando. El pueblo es pequeño y en pocos minutos estás en la plaza.
Cuando entres en una pastelería o una tienda de comida local, pregunta qué han hecho ese día. Muchas veces las cantidades son limitadas y lo que hay cambia según la jornada.
Y un último detalle: evita comparar Menorca con Ibiza diciendo aquello de “lo mismo pero más tranquilo”. Aquí esa frase no suele hacer mucha gracia. Menorca va a su propio ritmo, y Es Mercadal es uno de los lugares donde mejor se nota.
Es Mercadal no es el típico sitio al que llegas y sacas veinte fotos seguidas. Es más bien un lugar que entiendes poco a poco: el mercado del jueves, el monte vigilando desde arriba, el centro de la isla latiendo a su ritmo.
Sales sin sensación de espectáculo, pero con el recuerdo de un pueblo que sigue funcionando como siempre. Y en una isla tan visitada como Menorca, eso tiene bastante valor.