Artículo completo
sobre Felanitx
Importante centro vinícola y agrícola con un gran patrimonio religioso y defensivo; cuna de artistas y arquitectos
Ocultar artículo Leer artículo completo
El domingo, cuando las campanas de Sant Miquel dan las diez, la plaza de la Constitución huele a sobrassada recién hecha y a pan que aún no se ha enfriado. Bajo los porches de piedra, los tenderos levantan persianas de madera verde y los primeros clientes comentan, café en mano, si este año lloverá durante la Festa de Sant Agustí. Nadie ha abierto un folleto turístico. Felanitx se entiende mejor a esa hora, cuando el pueblo arranca el día y alguien menciona la vendimia.
El pueblo que se hizo con la piedra que tenía
La ladera de Sant Salvador domina el valle desde el siglo XIV, cuando la peste negra llevó a levantar una ermita como acto de devoción y protección. Con el tiempo, Felanitx ocupó el espacio entre el mar y el interior agrícola. Las casas siguen la lógica del terreno: volúmenes bajos, teja árabe, calles que se adaptan a cada pendiente. En el centro queda la iglesia de Sant Miquel. Es grande para un pueblo de este tamaño, y existe una historia repetida por los vecinos: para mantener la altura prevista por los arquitectos se rebajó el suelo en lugar de elevar más los muros.
Del periodo islámico quedan pocos restos visibles. Aun así, la forma de algunas calles recuerda el trazado de la antigua medina: giros bruscos, tramos estrechos, portones sencillos. En obras domésticas a veces aparecen fragmentos antiguos en el subsuelo, algo que suele comentarse en el mercado dominical. Tras la conquista catalana de 1229, la tierra se dividió entre nuevos señores. Ese reparto marcó el paisaje: viñas en el llano, almendros en suelos más pobres y, en puntos estratégicos, castillos sobre roca. Santueri es el que corresponde a este territorio.
Viña, cerdo y un pimiento que tiene feria propia
Durante el siglo XIX la viña dio prosperidad a Felanitx. Cuando la filoxera arrasó los viñedos franceses, Mallorca exportó vino hacia Burdeos y otros puertos. El dinero de esos años todavía se reconoce en algunas casas grandes del casco urbano, levantadas junto a antiguas dependencias agrícolas.
La bonanza duró poco. A finales del siglo XIX la filoxera llegó también a la isla. La economía volvió entonces a una base más conocida: huerta, cereal y la matanza del cerdo en invierno. Las bodegas excavadas en la roca —los cupados— siguen presentes en algunas casas y fincas. Allí se guardaban toneles de variedades locales como callet o manto negro.
Las fiestas también pasan por la cocina. En Sant Agustí es habitual el cerdo asado preparado en hornos de leña y repartido entre los vecinos. En diciembre llega otro protagonista: el pebre bord, un pimiento rojo que se deja secar en fachadas y tejados antes de molerlo. La feria dedicada a esta especia llena la plaza de puestos y guisos tradicionales donde el pimentón tiene un papel claro.
Subir para entender el territorio
La subida a Sant Salvador empieza en el núcleo urbano y gana altura con rapidez. El santuario actual es del siglo XVIII, aunque el lugar se usaba mucho antes como punto de vigilancia. Desde arriba se entiende bien la relación entre Felanitx y su entorno: los campos de cultivo hacia el interior y, hacia el este, la línea del mar.
En la cumbre hay una gran imagen de Cristo Rey visible desde buena parte del valle. La panorámica alcanza Portocolom, uno de los puertos naturales más amplios de Mallorca. También se distingue el castillo de Santueri, instalado sobre un escarpe calizo. Fue una fortificación difícil de tomar y tuvo importancia durante siglos.
Quien prefiera caminar puede enlazar varios caminos tradicionales alrededor de la montaña. Algunos tramos siguen antiguos senderos de herradura entre almendros y matorral mediterráneo.
Hacia la costa el paisaje cambia. Los caminos atraviesan antiguas parcelas de viñedo delimitadas por muros de piedra seca. Cerca aparece la vía verde que ocupa el trazado del antiguo tren entre Manacor y Felanitx. Hoy la usan ciclistas y gente que sale a correr. Más al este está Cala Sa Nau, una pequeña entrada de mar abierta entre pinos y roca clara.
Portocolom mantiene parte de las casas de pescadores del siglo XIX alrededor del puerto. Un faro marca la entrada marítima. Desde allí la costa continúa hacia varias calas pequeñas donde el agua suele ser muy transparente.
Cómo moverse sin complicaciones
El casco urbano de Felanitx se recorre andando sin dificultad. En una hora se atraviesan las calles principales y la plaza donde se instala el mercado dominical.
Si se llega en coche, en los bordes del centro suele haber espacios donde aparcar y continuar a pie. El transporte público conecta el pueblo con Manacor, donde pasa la línea ferroviaria que enlaza con Palma.
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más tranquilos para recorrer la zona. En verano llegan las fiestas mayores y el ambiente cambia: más gente en las calles y actividades que ocupan plazas y patios. En los meses más calmados el ritmo vuelve a lo cotidiano del pueblo agrícola que siempre ha sido.